El lunes 29 de julio, la deuda nacional de los Estados Unidos, como quien no quiere la cosa, cruzó “inesperadamente” los 35 billones de dólares. Si las cosas estarán livianas, que la novedad apenas ocupó unos mínimos dentro de las propias páginas de información económica. Tal cual, los candidatos están atendiendo otras urgencias, que no advirtieron el indicador o prefirieron no darse por enterados.
Entre otras cosas, cambió la percepción de lo que significan ciertas cosas. Por ejemplo, se ha vuelto casi una cuestión anecdótica, menor, informar acerca de alzas de escalones de un billón de dólares. Alguien, con sorna oportuna, escribió que ya las cosas no son lo que parecían ser o queríamos creer que podían llegar alguna vez a serlo.
Por ejemplo, hagamos un breve racconto para que nos ilustre. Esta es la progresión de los registros: la deuda ya estaba en los 32 billones de dólares a fecha 15 de junio de 2023. Para sostener el intervalo de “a billón de dólares”, subió hasta los 33 billones de dólares tan sólo 92 días después. A 105 días después, volvía a superar otro intervalo y la novedad naturalizada fue que la deuda había llegado a los 34 billones de dólares. Sin embargo, doscientos trece días después se agotaba un nuevo intervalo de un billón de dólares y la noticia que pasaba desapercibida fue que la deuda alcanzaba los 35 billones de dólares. después de eso, alcanzamos el hito del lunes en nuestra “cinta de correr hacia el olvido”. Quizás por ello, cuando leemos el anuncio de la Oficina de Presupuesto del Congreso que proyectaba que este indicador habría de escalar hasta los 56 billones de dólares en un plazo de 10 años. Tampoco fue una noticia que se destacara en sí misma, pero allí estaba.
Lidiando con la elección
Los demócratas acaban de ensayar una maniobra extremadamente difícil; a poco que su convención nacional se preparaba para una gran fiesta de lanzamiento para la continuidad de Joe Biden, la realidad de la biología les recordó a todos las restricciones que a veces son caprichos de la naturaleza. Bueno, de caprichos menos que más: Biden cumplirá 82 el próximo 20 de noviembre. La carrera política es realmente importante: abogado, afiliado al Partido Demócrata, de 1973 a 2009 senador por Delaware. Tuvo la iniciativa en leyes trascendentes, de alto impacto social. En 1994, la Ley de Violencia contra la Mujer. En 2008, Ley de Protección de Nuestros Niños. En 1986 y 2007, primeras leyes sobre el cambio climático y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Importante rol en la aprobación del Obamacare, que dio el derecho a la atención médica a millones de estadounidenses. De sus cuatro años como presidente, destacó por su plan de rescate de 2021, en especial fondos de alivio económico durante la pandemia de COVID-19. En ese mismo año, impulso un proyecto bipartidista que dotó de recursos muy importantes para la infraestructura civil, y especialmente, al sistema de transporte público.
Pero el desgaste físico y su avanzada edad le jugaron una mala pasada. También, no hay que dejar de anotar, las proyecciones electorales para los Estados claves, o también llamados bisagras, eran malas. Los swings states son aquellos cuyos electorados están en pugna, que a priori no tienen una marcada adhesión y, por tanto, son cambiantes y requieren de campañas más intensas. Pensilvania, hoy es gobernada por el demócrata Josh Shapiro, pero las proyecciones electorales hasta hace tres semanas estaban 47,8 a 43, a favor de Trump. Michigan, donde Biden ganó la última vez por una ventaja mínima, daría su victoria a Trump, también por una mínima diferencia.
Georgia, donde Biden ganó en 2020 por una ventaja de 0,2%, hoy estaría cediéndole la ventaja a Trump (última encuesta, 46,2 vs. 42,2). Arizona y Nevada, siempre cambiantes, junto a Wisconsin, dan pequeñas ventajas a Trump.
De aquí al próximo 5 de noviembre, cuando vayan a las urnas masivamente, el final está abierto. En pocas semanas la democracia americana ha cargado sobre sus espaldas los cambios dramáticos de la fórmula demócrata, y de parte de la candidatura republicana, los fallos judiciales adversos, contundentes contra Donald Trump, y un confuso incidente que ha sido noticiado como un intento de asesinato pero que las fuerzas de seguridad no lo caracterizaron con la misma contundencia. Más bien, dudas.
Kamala, a por todas…
Las últimas dos semanas han sido especiales para Kamala Harris. De aplicada vicepresidenta a relevo precipitada de su figura referente, y ella misma, haberse puesto al frente de la campaña. Por un lado, la campaña financiera le va permitiendo conseguir fondos para que no quede acción sin hacerse. El otro dato positivo: todas las encuestas han reposicionado la candidatura demócrata, y va ganando terreno. Quizás la convicción de que este viraje era tan difícil como imprescindible, ordenó el ánimo de los demócratas que atravesaron el desafío con entereza y pocos roces. Hoy se presenta como un partido unificado, compacto y motivado. Los republicanos están en una situación más difícil. La disciplina y previsibilidad de Harris no está en el carácter de Trump.
Ya los insultos de Trump a Harris (lunática socialista, comunista y marxista) ya no causan efecto, pero tampoco hasta ahora DT ha mostrado otro recurso. De su lado, Kamala tiene a su favor para las próximas semanas la presentación de su vice en la fórmula presidencial. Es una decisión difícil, que además requiere de una prudente estrategia de inmersión. No sólo hay una cuestión de complementariedad de fórmula, sino de disposición a la colaboración asimétrica. No es una sociedad de iguales, sino de un liderazgo estratégico y de última palabra, junto a quien habrá de tejer y zurcir en la construcción de las mayorías parlamentarias y los bloqueos, nuevas alianzas y, en última instancia y no menor, un sereno y desapasionado consejero de la presidenta.
Para Kamala es vital mantener un aura receptiva, para mantener el contenido viral en coincidencia con las tendencias que siembran las redes sociales, piezas breves, claras e inmediatas, recordando que cada escenario requiere de un lenguaje y metalenguaje específico, así como una producción multiplataforma.
Los republicanos parece que se acostumbraron al vacío de campaña que finiquitó con el relevo. Los estrategas del comando de Trump parece que han tomado conciencia de su quietismo y por eso el viernes último, a la noche, reclamaron que se respete la fecha acordada con Biden, antes de su retiro, pero que el propio DT había dado por “caída”. Trump dice que el acuerdo con Biden agendó ese segundo debate para el 4 de setiembre, pero Michael Tyler, del equipo de Harris, le recordó que Harris asistirá al foro del día 10/9, vaya o no vaya Trump. Hasta el momento de cerrar esta columna, los portavoces de Trump guardaban silencio.

