Permanecer en el tiempo lleva implícito un ejercicio de la memoria. Documentar los hechos y tener las declaraciones de los involucrados de primera mano a lo largo de los últimos 114 años es un privilegio de pocos. Es lo que EL TELEGRAFO presenta cada viernes con el suplemento 110 años contados. Allí es posible que el lector se remonte al 1.º de julio de 1910, continúe hasta el día de hoy y compare. Tener la libertad de leer y recordar cada hecho, e incluso revisar las gestiones de los distintos administradores, permite evaluar si las necesidades de la población han sido cubiertas.
Y hablando de sanidad, la situación de la salud ocupó por unas horas el eje de la polémica en este período electoral. La candidata a la vicepresidencia por el Frente Amplio, Carolina Cosse, dijo a FM Futurock de Buenos Aires: “Si vos vas a atenderte a la salud pública es probable, lamentablemente, en cualquier parte del Uruguay que no haya remedios. No estoy hablando de remedios sofisticados, que no te encuentres con remedios, que tengas dificultades, lo cual en Montevideo implica ir de un lugar a otro; en el Interior implica recorrer un departamento”.
Esta reflexión trajo a las redes sociales la respuesta del expresidente de ASSE, Leonardo Cipriani, quien señaló: “récord en inversión, récord en unidades compradas y en entrega de medicamentos, mayor número de recetas por consulta” durante su gestión. Cipriani comparó las cifras entre 2019 y 2023 e invitó a corroborar estos datos con el organismo y la Asociación de Laboratorios Nacionales.
Hace unos días, el suplemento recordaba que el 11 de enero de 2014, EL TELEGRAFO publicaba sobre la “Falta de medicamentos para enfermos diabéticos y oncológicos en el Hospital de Paysandú”, enmarcado en situaciones que los propios pacientes oncológicos reclamaban al acercarse a dar su testimonio. En reiteradas oportunidades, es decir, en varios viajes al hospital, los usuarios recibían la respuesta de que “no hay en existencia” y que pronto llegaría. Los faltantes se registraban desde meses anteriores ante la demora de la entrega de medicamentos imprescindibles por parte de los laboratorios –tal vez, sofisticados– para los pacientes diabéticos y oncológicos.
Entonces, los usuarios se retiraban con algunos remedios, pero otros –igualmente necesarios para estos pacientes– demoraban en llegar.
En agosto de 2017, por ejemplo, una auditoría de ASSE encontró un faltante de 2.453 medicamentos en la farmacia del Hospital de Salto, lo que desencadenó una serie de controles sobre el ingreso, depósito y expendio de los medicamentos que se entregaban –con cámaras de seguridad incluidas– en el centro de atención.
En ese contexto, se argumentaba la posibilidad de errores en el registro de la presentación o en la cantidad anotada. Como sea, el vocablo “faltante” no presenta mayores inconvenientes para su comprensión.
También en 2017, una encuesta de la empresa Cifra a los usuarios de distintos prestadores consultaba sobre los controles que debe ejercer ASSE en cuanto a las “metas asistenciales” de los equipos de salud. Dichas “metas” se referían a indicadores relacionados con el cumplimiento de controles en niños hasta 5 años, embarazadas, mujeres pesquisadas en violencia doméstica, adolescentes y personas mayores controlados por sus médicos de referencia. El prestador público se encargaba de la administración de recursos humanos, materiales y capacitaciones para lograr estos objetivos. Aquel resultado señalaba que el 65% de los encuestados respondía que el Estado controla poco. El 13% opinaba que no hay control, y solo el 9% se manifestaba conforme.
En 2017, el Sindicato Médico denunciaba la falta de especialistas, el trasiego de médicos del sector público al privado debido a la diferencia salarial y la falta de voluntad política para encontrar una solución. Los profesionales de la salud, en general, citaban hace siete años el ejemplo del hospital de Durazno, que definían como “un centro fantasma” ante la falta de médicos, ambulancias y la renuncia de pediatras, cirujanos y ginecólogos. También en aquel año, ASSE reconocía que la situación de Durazno no era diferente de otras unidades ejecutoras del interior del país.
Incluso los niños, quienes hoy conforman la base de emocionados discursos electorales, eran atendidos por médicos de adultos, quienes, además, atendían las urgencias y emergencias.
Ese año también sirvió para conocer la realidad de Treinta y Tres, que tenía “grandes problemas” en psiquiatría de adultos. O en Florida, cuyo hospital era considerado “una caldera del diablo” porque tampoco tenía solucionada la problemática en Pediatría, que llevaba más de un año sin resolverse. En Rivera, ante una situación de similares características, el director del hospital había renunciado porque resolvía la contratación de médicos con fondos destinados a otros rubros.
El gobierno de entonces anunciaba una segunda reforma de la salud, pero el Sindicato Médico consideraba que antes de eso, el gobierno debía definir los mecanismos para evaluar el Sistema Nacional Integrado de Salud, que ese año cumplía una década. Es decir, tiempo suficiente para un monitoreo y resolución de debilidades y conflictos.
Los profesionales agremiados proponían incluso la conformación de una Agencia de Evaluación de Calidad e Indicadores a fin de evaluar la calidad asistencial y aseguraban que faltaba voluntad política y mayor capacidad de análisis para comprender que el país atravesaba una “Medicina de pobres para pobres”.
En cuanto a los medicamentos, también es posible recurrir a la memoria y recordar que en el Hospital Saint Bois, en 2017, se suministró una dosis para adultos de Mulsiferol a más de 200 niños, y como resultado, en 2021 dos familias demandaron a ASSE por casi 3 millones de dólares.
Dos niñas padecían cálculos de calcio en sus riñones, y ese “estado de salud desfavorable se proyectará durante toda su vida”, con problemas de crecimiento, neurológicos y renales, decía la demanda. Todos los casos mencionados, a modo de ejemplo, corresponden a dos años de distintos períodos de una misma administración.
Solo para recordarles a quienes tienen una amplia visibilidad debido a los lugares que ocupan en las fórmulas presidenciales, que cuando viajan o hacen declaraciones en el exterior, deben llevar consigo “la memoria”. Porque la sensación de “déjà vu” suele ser muy grande en la población.

