Este año se inició la restauración frente del edificio histórico más significativo de nuestra ciudad, como es la Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo, a partir de la iniciativa de su párroco Ruben Avellaneda y el apoyo de la comunidad sanducera, en el marco de un proyecto presentado ante la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación y que, en la intervención de fachada y torres, ejecuta el Estudio Collet Lacoste. En diálogo con nuestro medio, el director de esta firma, con amplia experiencia en la restauración de edificios históricos, Arq. Francisco Collet Lacoste, habló de esta tarea “apasionante”, en este caso en “una construcción simbólica de la ciudad de Paysandú y toda su gente”, y que es Patrimonio Histórico Nacional.
“La restauración no es fruto del esfuerzo técnico sino que todas las restauraciones tienen un corazón, un motor, un palpitar”, y en este caso “se tiene que reconocer esta comunidad sanducera inspirada por el párroco, que impulsa la restauración”, a través de donaciones, comenzó destacando Collet.
“La restauración tiene un fin, un sentido”, y precisamente la Basílica se trata de una construcción con “un valor significativo muy importante, en primer lugar para la gente de Paysandú y, en segundo lugar para todo el Uruguay porque es un patrimonio”, significó, entendiendo que además de la riqueza de su arquitectura, “transmite el valor de una sociedad”, entre otras tantas cosas.
“Uno cuando va a restaurar es simplemente un instrumento técnico de mantener eso que se hizo en el pasado”, aclaró.
Refiriéndose específicamente al proceso, comentó que “nos encontramos con revoques que ya tienen 120 años, que habían caducado”. “Las columnas que primero parecía que tenían alguna fisura”, en realidad luego varias debieron ser “descarnadas totalmente hasta el ladrillo”, encontrándose incluso con puntales de madera de la época, observó.
“Antes de revocar hay que sacar lo flojo, tratar con materiales adecuados a los que ya hay, es decir, es todo un proceso, por eso a veces la restauración demora”, relató. Es fundamental no sólo utilizar el producto adecuado, para lo cual se emplearon “todas arenas de las areneras de Paysandú”, sino que “a su vez hicimos muchas pruebas de revoque hasta llegar a un tono que aprobó la Comisión de Patrimonio. Generamos un revoque de la misma naturaleza, sin agregados químicos, como los que se hicieron” en su reconstrucción, luego que fuera severamente dañada durante la defensa heroica de fines de 1864, destacó. Estos se analizaron en las facultades de Ingeniería y Arquitectura, y a la vez, la empresa cuenta con el asesoramiento de la Arq. Laura Aldao, especialista en revoques. “Cada obra tiene su revoque especial, se prueba en el lugar hasta llegar al tono y la textura”, ilustró.
La esencia de esa tarea de “mantener esa riqueza de formas y de estilos” del pasado en el presente, permite impulsarnos “hacia el futuro”, consideró. En “una sociedad sin raíces –si retiramos la Basílica–, podemos sobrevivir pero no podemos desarrollarnos culturalmente con la fuerza que hoy lo puede hacer Paysandú y lo va a hacer en el futuro”, reflexionó.
¡QUÉ GRANDIOSIDAD!
Durante la entrevista, admitió su asombro y admiración ante la majestuidad de esta construcción, destacando en ese sentido “las proporciones y dimensiones del atrio, que está inspirado lógicamente en el arte griego”. E insistió que, en realidad, “no nos damos cuenta de la dimensión hasta que armamos los andamios” y constataron que “uno de los operarios tiene la altura del capitel”, graficó.
“¡Qué grandiosidad!”, exclamó más adelante, a la vez de realzar la visión del arquitecto Bernardo Poncini, que proyectó esta construcción en 1860. Su belleza, incluso, es admirada por “muchos turistas que estando en obra he visto ingresar. Toda persona que visita Paysandú entra a la Basílica”, aseguró, confesando que para su sorpresa hasta “me he encontrado con amigos”.
EL VALOR DE LOS ARTESANOS, QUIENES “HACEN POSIBLE LAS COSAS”
Toda restauración deja sus enseñanzas, pero en este caso “son únicas”, aseguró, aludiendo a lo que significa “palpar esa superficie” y, de ese modo “tomar contacto con esos que no figuran en la historia de Paysandú, pero que son los héroes, para mí, que hacen posibles las cosas, los artesanos, los que construyeron los andamios, los que estuvieron trabajando de sol a sol para que esto luzca como lo vemos ahora”, enfatizó.
“Y ahora, estamos haciendo que se restaure ese lucimiento” para que “vuelva a estar presente con todas sus fuerzas”, agregó.
Precisamente, este tipo de labor permite también “rescatar los antiguos oficios”, cuyos conocimientos se transmiten “de boca a boca”, valoró, entendiendo, a la vez, que en este proceso hay que estar “siempre abiertos a seguir aprendiendo porque uno no sabe todo”.
UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA
“La restauración es apasionante”, reflexionó, y “esta es una experiencia para nosotros maravillosa”, en la que “nos integramos a los sanduceros cien por ciento consustanciados con lo que ellos quieren”, afirmó. Además, es “muy linda la relación con la gente de Paysandú que hace los controles”, hablando de la vinculación que se ha establecido por ejemplo con el supervisor de obra, el Ing. Estanislao Gossi, y el prevencionista Ismael Quiroga, ambos sanduceros. También el proceso es seguido de cerca, con inspecciones y evaluaciones, tanto por la Comisión Nacional de Patrimonio como la Comisión Departamental.
“Se trabaja en equipo”, aseguró también e insistió en que “el trabajo de restauración es para una comunidad, una sociedad, y eso requiere muchísimo respeto por parte del personal. Tratar todo con cuidado que no se rompa, proteger las superficies de lo que hay”, como en este caso “esculturas que fueron traídas de Argentina en su momento”, o el propio piso de mármol que “es una obra de arte” y que “nosotros lo protegimos con un material de madera, de manera que ningún andamio lo dañara”, puntualizó.
Esta obra ha dejado “muchísimas enseñanzas técnicas porque un atrio de estas dimensiones para mí es único”, pero también por la interacción con la comunidad, valoró. “Para llegar a una buena restauración tiene que haber una interacción en todos los planos, a todos los niveles”, resaltó.
OBRAS EN UN 60%
Las obras han avanzado en un 60%, estimó el entrevistado. Entre los trabajos en el atrio anterior y exterior (columnas, frontal y fachada), en los meses de julio y agosto se aplicó revoque fino de base en el interior y exterior del atrio, el velado a tono también en el interior y exterior del atrio, con revoquino confeccionado artesanalmente por la empresa, se restauraron capiteles y molduras, y se colocó protección antipaloma. Las refacciones en el atrio comprenden “la mitad de la obra comparándola con el metraje de las torres”, observó. En lo que refiere a la labor en estas últimas, en ambas se intervendrá en las cuatro caras “con un tratamiento especial de las cúpulas” para mejorar la impermeabilidad y asegurar su durabilidad, teniendo en cuenta su gran exposición al sol y al viento. “Ya llevamos en la torre norte la mitad del trabajo. Sorpresivamente en algunas partes el revoque se cayó y tenemos que retirar prácticamente una dimensión de 3 metros por 2 metros de altura”, describió. Es por ello que “en la restauración uno no sabe cuando termina con el trabajo”, insistió.
Igualmente se trata de “una construcción de 120 años”, por lo que ha tenido “una durabilidad impresionante”, celebró, y aseguró que “estos revoques que hicimos van a durar otros 100 años más en la medida que es un revoque idéntico al otro”.
EL ORGULLO POR UNA TAREA QUE TRASCIENDE
“El éxito de este trabajo está en la gente que lo ejecuta”, reconoció, reivindicando la importancia de la tarea artesanal, el mezclar los productos en su proporción justa y apegados a un protocolo que permite “recuperar esa misma artesanía que había antes”. En su visión, “el secreto del artesano es el trabajo bien hecho”, que asegura la durabilidad. “Las obras de antes eran buenas porque eran materiales dignos” pero, sobre todo, quienes las ejecutaban “estaban orgullosos de lo que estaban haciendo”, destacó. Ese mismo sentir es el de “los operarios formados en restauración”, quienes “están orgullosos de su trabajo, lo hacen bien porque uno los formó para ser un buen artesano y una buena persona”, subrayó. En su opinión en este oficio es fundamental “la base humana”, con valores como la ética, la exigencia, la confianza, la constancia, la puntualidad, la motivación. El entusiasmo por el proyecto se logra al pensar que uno “está haciendo algo que va a trascender”, consideró.
HAY QUE RESTAURAR LO QUE VALE PARA LA GENTE
Al término de la entrevista, Collet reflexionó que en escencia –y como se habla en los grandes congresos–, “hay que restaurar lo que vale para la gente, no lo que uno quiere restaurar. Por eso la Basílica, al ser una construcción simbólica de la ciudad de Paysandú y toda su gente es algo que vale la pena restaurar, porque trasciende los tiempos, es parte de la historia de Paysandú y está en el colectivo”.



