Amarillo con pecas rojo sangre

En su tramo final este mes de mayo ha estado marcado por algunos siniestros de tránsito significativos, así como otros episodios, que deberían llamarnos a una profunda reflexión sobre cómo se están haciendo las cosas en nuestro país en materia de controles de tránsito. Por ser el más cercano debemos aludir al hecho acontecido el pasado jueves en nuestra ciudad, cuando un adolescente (17 años) protagonizó un siniestro grave en el cruce de la avenida Dr. Roldán y República de Ecuador. Seguramente identifique el lector de qué hecho se trata. El conductor circulaba “probando” velocidad mientras era filmado desde la vera, tal vez con la intención de compartir el registro en sus redes sociales –cosa que hizo otra persona– o meramente para tener un recuerdo de la tontería que cometía. Empleaba una motocicleta Baccio, sin matrícula, y al alcanzar la referida intersección, sin siquiera intentar frenar, embistió violentamente la motocicleta Zanella ZR, matrícula ICV 5341, que era conducía un hombre que circulaba por Roldán al sur y pretendía doblar hacia el Este. En el video, publicado en Facebook por un usuario anónimo, se aprecia la violencia del impacto y cómo la moto del adolescente se dio vuelta por los aires y car a unos 20 metros de la esquina. El motociclista, que recibió el impacto sin comerla ni beberla, quedó inconsciente durante algunos minutos tras el choque, tendido sobre la esquina.
Durante el fin de semana otro episodio protagonizado por conductores que hacían similar estupidez en la vía pública terminó con el homicidio de dos personas, un hombre de 66 años y una mujer de 57, que mientras paseaban en su auto Chevrolet Corsa, fueron chocados por otro auto, un BMW, en Bulevar Batlle y Ordóñez esquina Neyra, en Montevideo. La Policía constató que el auto BMW circulaba hacia el sur corriendo picadas, junto a otro de la misma marca y dos Volkswagen Vento. Cuando la pareja quiso cruzar el bulevar por la calle Neyra, fue chocada por el BMW que circulaba a alta velocidad, falleciendo ambo en el lugar, pasadas las nueve de la noche del domingo. El impacto fue tal que el Corsa quedó desintegrado. No tiene nada que ver con el siniestro, pero el conductor realizaba tareas de voluntariado en el Museo Aeronáutico, en el avión recuperado por Historias de Pluna, cuya historia contáramos tiempo atrás en el suplemento Quinto Día.

El mismo domingo el ómnibus de la empresa Copsa Este, que realiza frecuencias entre Montevideo y la costa Este del país, sufrió un despiste cuando el conductor tuvo que evitar una serie de pallets de madera que se encontraban tirados encima de la ruta. Terminó siendo poco más que una anécdota con lesionados leves, pero fácilmente pudo haber sido una tragedia ocasionada por alguien que no amarró adecuadamente elementos que transportaba y quedaron en la ruta.

Tres situaciones irresponsables. Pero apenas una muestra comparada con las decenas de acciones irresponsables que a cada momento vemos en el tránsito quienes hacemos uso de las calles. Y ojo, que nadie está libre de cometer una imprudencia y a veces un error puede tener el mismo resultado trágico que una acción deliberada. Solo que no es una u otra, sino que las irresponsabilidades se suman a los errores normales y habituales que pueden acontecer, porque al fin y al cabo somos humanos.
En los últimos día también trascendió en las redes un video en el que se aprecia a tres inspectores de Tránsito, de la Intendencia de Montevideo, sancionando a un feriante que se había detenido momentáneamente a descargar mercadería para comercializar y generar su sustento. Cosas análogas hemos visto en Paysandú y han sido motivo de quejas de parte de usuarios de la vía pública. Se entiende que es su trabajo ordenar el tránsito, prevenir, fiscalizar y eventualmente aplicar las sanciones previstas. Es solo que a veces da la impresión que hay cierta tendencia a “pescar dentro de la pecera”, y buscar con excesivo celo sancionar infracciones que a la postre no tendrán las consecuencias de los hechos mencionados y no están en los lugares donde se cometen las infracciones realmente graves, las que pueden provocar accidentes o devenir en resultados fatales. Claro, es comprensible que no se puede tener inspectores de tránsito en cada esquina, pero parece que los precisáramos para entender que al circular por las calles, caminos y rutas tenemos que comportarnos de determinada manera, ni más ni menos que de la manera que está prevista en la normativa. Ser previsibles, que el otro conductor pueda interpretar las maniobras que se realizan y no encontrarse con sorpresas —un bache, un semáforo roto o pallets en la ruta son sorpresas desagradables, por ejemplo—.

Uruguay cumplió este año su décima participación en el Mayo Amarillo, un movimiento que se inició en Brasil en 2013, al impulso de diferentes instituciones y organizaciones, públicas y civiles, y tiene el propósito de promover la seguridad vial a través de diferentes acciones de concientización. Este año el lema del movimiento apuntó a la empatía de los conductores al circular. A diez años de funcionamiento ya es tiempo de exigir resultados y, lamentablemente, no parece estarlos dando, cuando justamente en este mismo mes vemos atroces siniestros como los mencionados. Por supuesto, no podemos saber en qué medida las cosas serían diferentes, tal vez más graves, en caso que no se hubiesen realizado las acciones cumplidas. En todo caso parece que no ha sido suficiente y que hay que hacer algo más.