Escribe Ernesto Kreimerman: La difícil hora de los demócratas en EE. UU.
En las filas partidarias costó bastante digerir ese mal trago, y aún cuesta. Una nueva generación de aspirantes a conducir el Partido Demócrata llega con ideas nuevas, más jugadas, que buscan profundizar el estado de derecho, buscando instalar elementos claros de una suerte de características propias del estado de bienestar, aunque no le llamen así ahora.
Lo cierto es que en medio de esa desazón, estos liderazgos emergentes parecen ser una inyección de vitalidad, aunque el ala conservadora no los vea con igual expectativa, sino más bien como una amenaza.
Está extendida la idea de que la organización partidaria se ha sumergido en una crisis dura, la mayor de los últimos cincuenta años. Ha perdido peso al haber perdido presencia en las ramas ejecutiva, legislativa y también judicial a nivel del gobierno federal. En particular, la recuperación de peso a nivel del poder judicial es particularmente lenta para su rescate dada las normas que le regulan.
Los niveles de popularidad de los demócratas, según el informe Third Way, están en mínimos históricos. Al colectivo que se nuclean en torno a Third Way se les suele ubicar alineados en ideas y planteos de centroizquierda.
Sin embargo, y ya desde informes presentados a partir del año 2022 por la empresa Gallup, cada vez más estadounidenses se identifican como republicanos y no como demócratas, cortándose una tendencia que era firme desde 1991. Figuras destacadas del Partido Demócrata, como el gobernador Gavin Newsom de California, califican la marca demócrata como “tóxica”.
Entre las consultoras de opinión pública, se advierte que el apoyo demócrata se ha desvanecido entre los votantes que carecen de educación universitaria, que representan aproximadamente el 64 por ciento del electorado.
Hay votantes que han emigrado desde estados azules trasladándose a los rojos. Cuando el cielo se te cae sobre tus hombros, más cosas saldrán mal. Por ejemplo, si se proyecta la evolución más probable asumiendo las tendencias demográficas actuales, los estados azules perderán hasta una docena de votos electorales después del censo de 2030.
Todo este escenario actual ya debilitado, hay otras condiciones que permiten a los estrategas demócratas ser algo más optimistas acerca del futuro. Esas otras condiciones que estarían llevando a los estrategas demócratas a ser algo más optimistas. Y hay otras situaciones que impulsan a los estrategas demócratas a ser algo más optimistas. Las últimas noticias son muy alentadoras para los demócratas que tienen una oportunidad. La incompetencia de la administración Trump, y el sufrimiento humano que resulta de ella, se volverá cada vez más evidente. El desencanto con el presidente Trump y su partido ya se está extendiendo pero le falta aún algo de maduración. Pero ¿pueden los demócratas estar en condiciones de aprovechar la oportunidad?
Rahm Emanuel, un experimentado político, un exrepresentante demócrata en el Congreso y desde hace un tiempo alcalde de Chicago, va avanzando en la maduración de estos cruces. Rahm se inició como jefe de gabinete del presidente Barack Obama, y hoy es uno de los que hace aportes para reubicar al Partido. Lo resumió así: “Si estás fuera de la corriente principal de la cultura, el público nunca confiará en ti lo suficiente como para escuchar tus ideas sobre temas económicos de ‘mesa de cocina’”.
Esta nueva generación de dirigentes, reclama su espacio, y se proyectan líneas de pensamiento novedosas, pero no imprudentes.
Hay una verificación bastante sencilla: con el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, los demócratas van hacia el centro del espacio político.
Y ahora necesita construir una base que se apoye desde un consenso que tiene potencial y sentido estratégico y económico. Para ello apelan a la metáfora de la prosperidad, alcanzable en una proyección a tres años. Puede convertirse en algo diferente, que no ha sido durante años: la fiesta de la prosperidad.
Desde varios sectores del partido, Trump y sus políticas de empobrecer al vecino, exacerbadas por su política de venganza, fuerzan a abandonar el terreno elevado de la prosperidad y resignar pelear por las nuevas realidades.
El riesgo que puede no afectar a las prioridades del Partido Demócrata, así como del centro y desde su izquierda, pues cuentan con una buena idea de cómo capturarlo.
Se está moviendo…
Aunque el partido aún no está donde quiere y debe estar, especialmente en temas culturales, se está moviendo y proyectando que ese movimiento algo pendular servirá para ubicarse en situación más o menos óptima.
Por ello, casi sin excepciones los demócratas entienden que éste es un momento de desafíos, que con una gama de matices amplia, puede disparar un conjunto de oportunidades.
Y es que hay una idea que gana su lugar: después de Trump habrá un ciclo de frustraciones electorales republicanas. También conquista otra idea: con los aranceles impuestos a occidente, las empresas chinas comienzan a hablar de abrirse a análisis diferentes, y estudiar alternativas, en particular, el tránsito hacia los BRIC.
Es cierto, con planes de estas características, países como Emiratos Árabes Unidos se beneficiarían, ganando la producción local y las transferencias de tecnología de Pekín que Occidente no permite.
La visión de los Brics de un crecimiento inteligente y limpio se ajusta a las brechas del orden global. Pero no está unido: el potencial verde de Rusia está enterrado bajo su política de combustibles fósiles. Arabia Saudita se protege, coquetea con los Brics mientras se aferra a los EE. UU., con acuerdos en la balanza. La mayoría de los estados miembros del grupo están nerviosos de que una China poderosa pueda sobresalir sobre el resto. Sorprendentemente, sin embargo, su líder Xi Jinping, no asistió a esta cumbre.
Conclusión
Las naciones de los Brics se están reenfocando y aún tienen tiempo cierto para cerrar filas. Hoy su movimiento es más técnico e imprescindible; también estratégico, es comenzar a construir una ingeniería financiera propia desde donde desafiar el universo dólar.
Es decir, para que estas alianzas tengan una oportunidad necesitan independizarse de los sistemas occidentales. Les es necesaria su propia ingeniera financiera.
En esto, Estados Unidos y toda su red financiera llevan la delantera. De la crisis interna de EE. UU. de su resolución dependerá como se reconfigure y se compatibilice con la crisis global. El rol al que están llamado los demócratas es crucial. Es una hora difícil para ellos y pata todos. Es mucho lo que hay en juego.

