Las veredas de Paysandú: un desastre evitable
Basta con alejarse tres o cuatro cuadras desde 18 de Julio –y a veces menos– para apreciar la inexistencia de veredas o su pésimo estado cuyo mantenimiento constituye una obligación de los propietarios de los inmuebles que dan al frente de dichas veredas. Ante la total pasividad de las autoridades de la Intendencia Departamental y sin importar el partido político que se encuentre en el poder, dichos propietarios gozan de una absoluta impunidad porque nadie los intima y obliga a reparar dichas veredas, más allá de algunos proyectos o alguna acción puntual “para llenar el ojo” de los posibles votantes en épocas electorales. Tampoco existe por parte de esos propietarios una verdadera conciencia de que la vereda no es parte de su inmueble, sino un bien de uso público que está destinado a la circulación de los peatones, evitando de esa forma los peligros que representa (tal como sucede en muchas calles sanduceras) tener que bajar a la calzada para caminar esquivando autos, motos o bicicletas. Las veredas se hicieron para los peatones por un tema de seguridad en la circulación y orden y por eso deben ser consideradas en buen estado. Es bueno recordar que si una persona tropieza en una vereda en mal estado y sufre lesiones el responsable por los daños y perjuicios causados por las mismas será el propietario al frente de cuyo inmueble tuvo lugar ese accidente, algo que cualquier tribunal no dudaría en condenar sin demasiados miramientos.
¿Ante esta situación, que hace la Intendencia Departamental de Paysandú? ¿Acaso intima a los propietarios para que en un plazo determinado realicen las obras de construcción, reparación o reconstrucción de las veredas, pudiendo la Intendencia, en caso de incumplimiento realizar las obras por administración y con cargo a las propiedades respectivas, sin perjuicio de aplicar a los propietarios omisos las multas establecidas? ¿Ejerce esa Intendencia esa potestad o simplemente mira para otro lado porque se trata de una medida “que no arrima votos”? Sabemos que en Montevideo muchas veces se han anunciado con bombos y platillos medidas similares pero quedan en “agua de borrajas” precisamente por mezquinos cálculos electorales que también se dan en nuestro departamento. Durante años el exdiputado y exedil nacionalista Rubens Francolino reclamó en la Junta Departamental medidas concretas en favor del buen estado de las veredas sanduceras. Lamentablemente su prédica cayó en saco roto y la situación de entonces nos ha traído al lamentable panorama que podemos apreciar tres décadas más tarde en nuestra ciudad.
Una de las razones esgrimidas por dichos propietarios para no reparar sus veredas es el supuesto alto costo de dichas tareas, pero la razón real es otra: saberse impunes y ser conscientes de que ninguna autoridad departamental los intimará (y mucho menos multará) en caso de que sus veredas se encuentren en mal estado. Aún así, existe una alternativa que los ediles departamentales y la propia Intendencia Departamental deberían estudiar: las veredas confeccionadas con hormigón, esto es sin baldosas. En la Ciudad Vieja de Montevideo se hizo un experimento en este sentido y si bien tuvo un alcance parcial, ha funcionado en aquellas calles donde se aplicó. Una vereda de hormigón no sólo es más barata y fácil de construir sino también de reparar, facilitando de esa manera que los propietarios puedan acceder a cumplir con esa obligación. Muchas ciudades del mundo, como Nueva York, Chicago, Madrid o París han optado por esta modalidad por lo que no se trata de “inventar la rueda” ni de copiar sin más lo que se hace fuera de nuestro país, sino de adaptar a nuestras necesidades lo que ha funcionado en otras tierras.
Si tenemos en cuenta que la población uruguaya es una población envejecida, la cual presenta muchas veces problemas para caminar (haciéndolo en la vía pública mediante la utilización de bastones o andadores) y lo mal iluminada que se encuentra nuestra ciudad fuera de las calles más céntricas, el tema del buen estado de las veredas adquiere una importancia mayor, ya que se trata nada más y nada menos que de la seguridad de nuestros mayores, pero también se aplica al caso de los niños que tienen que caminar por la calle con los riesgos que ello implica.
Ante toda esta evidencia, ¿qué espera la Intendencia Departamental para revisar la legislación en materia de veredas para ajustarla a los tiempos que corren? ¿Cuándo se comenzará a fiscalizar en serio el estado de las veredas sanduceras (no sólo las del centro sino todas) para que sea seguro caminar por las mismas? ¿Acaso existe la voluntad política de que la Intendencia Departamental repare con personal propio o de terceras empresas las veredas en mal estado y le cobre a los propietarios en cuotas los costos de esa reparación? ¿No sería una forma de aprovechar la mano de obra de la Intendencia o de crear puestos de trabajo de esos que tanto necesita nuestro departamento?
Los sanduceros debemos tomar cabal consciencia de la importancia que las veredas tienen para la convivencia y la seguridad de todos, sin excepciones. Se trata de un espacio de uso público que nos pertenece a todos y que debe ser cuidado entre todos, aún cuando para ello sea necesario denunciar a los propietarios que no cumplen con su obligación de mantenerlo en buen estado. A modo de ejemplo, el sitio web de la Intendencia de Montevideo permite realizar esa denuncia en forma electrónica mediante el llenado de un simple formulario expresando que, “A través de este trámite podés hacer la denuncia de una vereda que se encuentra en mal estado para que la Intendencia intime a la persona propietaria a hacer las reparaciones o que las haga la propia Intendencia en los casos que corresponda”.
El mal estado de las veredas sanduceras es un desastre evitable; lo único que falta es voluntad política, y ciudadana.
La Cirrosis Hepática CH implica una remodelación total de la arquitectura del tejido hepático del hígado normal que es sustituido de manera difusa por la formación de nódulos separados por tejido fibroso cicatrizal ocupando la mayor parte del hígado con distorsión de la circulación del hígado.








