Con apenas 22 años, Santiago Meloni no es, precisamente, lo que el lugar común indica que sea un escritor. Por su edad y también por sus pensamientos. No trata de “caer bien”, ni se las da de erudito. Su primer libro Averno represión es una novela que recuerda a la Divina Comedia aunque sin cielo e infierno, pero la peripecia del personaje principal y su pasaje que lo lleva a conocer diversas entidades tiene que ver con el periplo dantesco y también con Albert Camus, uno de los autores preferidos de Meloni, junto con Kafka, Mary Shelley o hasta el inductivismo de Chalmers.
“Contra lo que muchos dicen creo que la juventud tiene mucho que decir, es cierto que gran parte de ella está captada por las nuevas formas de expresión donde la tecnología tiene mucho que ver, pero hay excepciones”, puntualiza el autor charlando con EL TELEGRAFO.
Pero veamos, si Averno represión cuenta la historia de un personaje que debe lidiar con entidades esotéricas con mucho de oscuridad y bastante amenazantes ¿se trata de un libro de terror?
“No del todo”, dice Meloni “hay momentos en que parece más un ensayo filosófico. No quería hacer algo convencional, es el problema con el ‘terror existencial’, que al tocar temas profundos uno tenga que, valga la redundancia, profundizar. Es un terror atípico en el que necesito sumergir al lector en mis ideas, en mi filosofía y si bien no es totalmente terror, la idea es generar más o menos las mimas sensaciones que cuando uno va al cine a ver una película de terror; es para atemorizarse, pero también para pensar”.
Al preguntarle sobre las influencias y el parecido de la construcción de su libro con la Divina Comedia, Meloni acepta que “es un viaje dantesco sin dudas, el tema del héroe roto en busca de redención es una idea que ya tiene siglos y que llegó hasta nuestros días incluso en videojuegos como Silent Hill, de ahí que Averno represión no es original en eso, pero sí en la forma en cómo lo trata”.
Y en esa forma no solo tiene que ver lo escrito por el autor, sino también los dibujos que ilustran el libro, sobre lo que Meloni aclara que “vi el potencial que tenía mi hermana Catherine como diseñadora y dibujante, cuando ya tenía parte del libro escrito le propuse que lo ilustrara y creo que así quedó un producto que puede llegar a tener mucha llegada con la gente joven, aunque por supuesto, también esa presentación es una excusa para atrapar a cierto público para que lea un poco de filosofía”.
Los comienzos y el presente
¿Pero cómo comenzó la vocación por la escritura de un autor tan joven? Porque si bien Averno represión es su primer libro “había escrito muchos relatos y poemas anteriormente, empezando en la escuela, donde escribía y les mostraba a mis compañeros a ver qué les parecía, eso continuó en el liceo hasta trasnsformarse en una especie de obsesión. A veces lo hacía no por disfrute, sino que era una necesidad, es que para un artista el crear es una necesidad igual que comer o respirar”.
Volviendo al libro y su relación con el lector, Meloni es algo esquivo al responder sobre si el protagonista es él mismo, “evidentemente hay mucho de autobiográfico, hay una inserción, pero el personaje no tiene nombre así que se puede decir que soy yo, pero no”.
Y en ese cruce entre literatura, dibujo y “terror existencial” no se puede dejar de imaginar al autor inspirándose también en el mundo musical. ¿Rock? ¿Heavy metal? ¿Punk? Podrían ser las respuestas obvias, pero Meloni vuelve a desconcertar: “no, lo que más me inspiró son las bandas de sonido de los videojuegos que más me llegaron, como la de Silent Hill, o la de películas como Halloween o El títere”.
Algo que decir
Como le ha pasado a muchos escritores, también la experiencia de este autor al iniciar su novela no tenía todavía la forma de ese género, “en realidad comenzó como un poema, pero después se convirtió en una bola de nieve que no podía detener. Tiré un montón de sentimientos y sensaciones sobre la hoja y después los conecté, entonces, cuando vi que tenía forma, bueno, terminó siendo una novela”, explica.
Una novela compleja y difícil que el autor tuvo la valentía de publicar, a pesar de las advertencias de gente amiga que leyó el borrador. “Alguien me dijo que, encima que el mundo de los libros está para el olvido, yo me ponía a escribir algo complejo que no es para todos los gustos, lo que me hizo pensar en las ilustraciones, para hacerlo más atractivo”, cuenta.
“Si mi libro es complejo y la mayoría de la gente busca lo simple, bueno, hay que hacer que les atraiga lo complejo. Me aterra mucho más que no tener un público el no tener un mensaje, porque si se escribe más para la gente que para uno, si la búsqueda de público es la razón para escribir, uno se termina perdiendo”, concluye.

