Mi preocupación es que llevamos más de 150 días de gobierno y no hemos tenido ninguna medida seria para la población. Yo diría que unos 120 días efectivos, porque me parece que cuando un presidente es elegido debe empezar a gobernar de inmediato, ya que conoce los problemas del país. Por eso lo votaron. Tenemos promesas, que siempre se presentan como beneficios para el pueblo, pero lamentablemente hasta ahora son solo palabras. Entre ministros que tuvieron que renunciar por distintos motivos, otros que fueron designados sin capacidad, y un presidente que parece más preocupado en “tirar la pelota para adelante”, todo indica que recién el año que viene se van a tomar medidas que hoy son urgentes.
También ha realizado distintos viajes a varios países y hasta se dio el lujo de reunirse con colegas de la misma posición política de izquierda. ¿Para qué? No se entiende, porque si miramos cómo están países como Cuba o Venezuela, no son precisamente un buen ejemplo. La reunión, lejos de ser en beneficio de la gente, da la impresión de ser para acordar cómo mantenerse más tiempo en el poder. Y, como muestra, basta un botón: el presidente de España, Sánchez, visitó a Lucía Topolansky. ¿De qué hablaron? No se sabe. Uno, acusado de corrupción en su país; la otra, señalada por su pasado. Lamentable.
Lo más trascendente, sin dudas, fue el anuncio en el velorio de Mujica de la compra de un campo. Insólito lo que hizo el “Pacha” Sánchez: gastar millones para beneficiar a 16 colonos, pagando un precio altísimo por tierras que incluyen 1.500 hectáreas inundables. Cualquier inversor hubiera analizado mejor las condiciones.
La preocupación también pasa por la economía. Seguimos con los mismos problemas: la canasta familiar carísima, los entes estatales de los más caros del mundo, y el combustible igual. Cuando baja el barril de petróleo, aquí nadie se entera; pero cuando sube, inmediatamente lo usan como excusa para aumentar los precios. Una actitud de caraduras. Mientras la gente espera respuestas, siguen gastando dinero y “tirando manteca al techo”. Un ejemplo fue la reunión por el llamado “diálogo social”: duró apenas unas horas, costó cerca de un millón de pesos y no resolvió nada. Como si fuera poco, la vicepresidenta quiso organizar una fiesta por los 200 años del Palacio Legislativo, con un gasto de 200.000 dólares. Por suerte la oposición lo frenó. Esa misma persona ya había demostrado su falta de control con el Antel Arena y la Intendencia de Montevideo, dejando un déficit de más de 90 millones de dólares. Y como premio, hoy está sentada al lado del presidente. Así funciona la política en este país: cuantos más errores cometen, más privilegios reciben.
Lo peor es que están cinco años en el poder, se van y nadie les exige rendir cuentas de lo que hicieron o dejaron de positivo para la gente, en especial para quienes los votaron.
Ojalá el señor Orsi se ponga a gobernar ya. No puede pasar un día más. La seguridad, la economía, la educación y la salud no pueden esperar. Y, como prioridad, el tema jubilaciones: primero cumplir la promesa de aumentar los ingresos de los jubilados. Que quienes cobran el mínimo pasen a ganar, al menos, dos salarios mínimos. Y, de ser necesario, eliminar ciertas jubilaciones privilegiadas de políticos y tupamaros, que cobran sin haber aportado nunca al BPS. Es injusto que haya gente que trabajó toda su vida y hoy pase hambre, mientras otros disfrutan cómodamente.
Algo está mal, pienso yo, porque ningún legislador se anima a proponer cambios reales. Total, si algunos viejos se mueren de hambre, parece que no importa. La vida de ellos no vale nada; en cambio, la de asesinos y ladrones sí. Qué injusticia.
Angel Daniel Acosta

