Como cada año recordamos, que en plena revolución, el general Artigas, se preocupa por la educación del pueblo, y el 10 de setiembre de 1815 en nota al cabildo de Montevideo pide fundar en Purificación la “escuela de la patria”, tarea que será confiada al sacerdote José Benito Lamas, primero de los maestros patriotas.
En memoria de este acontecimiento celebramos el Dia de la Educación Católica, una oportunidad para recordar la presencia de tantos cristianos que desde el origen de la patria trabajan en la educación de gestión pública y privada.
Me preguntaba desde nuestra identidad cuál es el aporte de la educación católica en la sociedad de hoy, con sus complejidades, la fragmentación social, la pérdida del sentido de la vida, el individualismo, las crisis familiares.
¿Cómo ayudar hoy a vivir una vida con sentido? El sentido se recibe como un don, se busca entre los claroscuros de la existencia humana, se encuentra o nos encuentra cuando nos abrimos a su luz. La verdad y el sentido no se fabrican, no se inventan; se reciben, se descubren.
Lo que da sentido a la vida es un propósito, una vocación de entrega fuera de uno mismo. Lo que da sentido es una vida que se sabe amada incondicionalmente, intrínsecamente. Es una vida que no se reduce a la mera satisfacción individual, sino que se sabe parte de una historia que la trasciende y cuando la persona mira su propio recorrido y descubre la huella que ha dejado, encuentra el hilo que le da significado. Reconocer que la vida no es absurda, que no somos un accidente, sino que hemos sido pensados y creados por amor es un acto de fe, pero al mismo tiempo de una profunda razonabilidad. ¿Por qué buscar sentido si no lo hay? La vida misma se nos impone como una búsqueda de sentido. Los cristianos la encontramos en Jesucristo, luz de nuestras vidas.
