El turismo cinegético, una industria que mueve millones en Uruguay

El turismo cinegético o de caza es el que consiste en la visita de turistas –especialmente extranjeros– para practicar la caza deportiva mediante permisos emitidos por el Ministerio de Ambiente. En los últimos años, la actividad de los establecimientos que reciben cotos de caza extranjeros –muchos de ellos al nivel de hoteles cinco estrellas– ha crecido significativamente. El artículo 2° del decreto 164/1996 define los tipos de caza como deportiva, científica, de control, comercial y libre caza. La caza deportiva se supone como una forma de autorregulación para “controlar y gestionar las poblaciones de especies y proteger la biodiversidad”. Sin embargo, para determinar qué especies no presentan peligro en su situación poblacional y pueden ser pasibles de caza, se requieren estudios científicos cada determinado tiempo. Este tipo de estudio es el que reclaman las organizaciones de conservación de fauna de nuestra región, en particular de la situación poblacional de los patos, que, junto a las palomas, son los más elegidos por los cazadores extranjeros. “Estos cotos de caza son los responsables –por supuesto que con la aprobación del Estado– tanto en Entre Ríos como en Uruguay, de la gran pérdida de biodiversidad de especies autóctonas, fundamentalmente de aves en la región, además de la contaminación por plomo”, expresaba Gabriel Bonomi, socio fundador y coordinador del equipo de conservación del Centro para el Estudio y Defensa de las Aves Silvestres (Ceydas) de Entre Ríos, en diálogo con EL TELEGRAFO, aclarando además que las problemáticas que se dan en Uruguay con respecto a la caza son muy similares a las que se dan en Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.

LA CONSERVACIÓN COMO UN NEGOCIO

Adrián Stagi fue hasta julio de 2025 director general de Ambiente, Higiene y Bromatología de la Intendencia de Río Negro. En estos momentos se encuentra realizando la tarea de relevamiento poblacional de patos, contratado por empresas de turismo cinegético instaladas en Uruguay. Entrevistado por EL TELEGRAFO, Stagi explicó que este es el segundo año que se realiza este relevamiento y que se necesitan cuatro años para “poder extrapolar y establecer poblaciones. En Argentina ya van por el quinto o sexto año porque cuando salen los equipos a relevar, salen de Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos” mientras que, en Uruguay, se realiza en Flores, Río Negro, Colonia, Florida, Durazno, Rocha y Treinta y Tres. “Son un grupo de empresas de caza que se reúnen para financiar los relevamientos de patos para ver la situación poblacional. El ministerio tuvo sus recaudos al principio, pero ahora incluso ya quieren que se incluyan otras especies de caza –como la perdiz– en los estudios, pero es una metodología totalmente diferente”.

Stagi ponía como ejemplo a la empresa Ducks Unlimited de Estados Unidos que lo hace desde 1937. Fundada por cazadores, “veían que los patos estaban disminuyendo y querían saber qué estaba pasando porque ellos querían seguir cazando. Hoy en día, saben cuánta población reprodujo de cada especie y los resultados ahí fueron muy interesantes. No era la caza que estaba afectando a los patos sino la pérdida de ambiente. Los patos que nidifican alrededor de los lagos y la tendencia en Estados Unidos a comprar propiedades en los lagos habían reducido el ambiente para la reproducción de los patos, además del cambio de uso del suelo con los cultivos que afectaba a los productores. Ducks Unlimited financia para que los gansos –especie migratoria que tienen allá– lleguen y coman parte de la cosecha; luego se indemniza a los productores por lo que perdieron. O les pagan para ponerle alimento en las rutas migratorias para que puedan migrar y no les falte alimento. A su vez, empezaron a comprar tierras para asegurarle los sitios de reproducción a los patos. De acuerdo con esos datos, las empresas de turismo de caza pueden saber de tal especie cuánto se puede cazar sin afectar la población”.

“EL MINISTERIO DE AMBIENTE NO LO PUEDE HACER”

Desde su creación, el Ministerio de Ambiente ha argumentado su falta de presupuesto para la fiscalización de los delitos ambientales; su falta de recursos humanos y materiales. A todo esto, el negocio del turismo de caza que cada vez está más fuerte ofrece hacerse cargo de esa investigación para establecer si de verdad hay especies con poblaciones diezmadas que no se pueden cazar, o, por el contrario, si se pueden liberar cantidades permitidas.

ESPECIES DE PATOS CON CAZA PERMITIDA

En nuestro país, el pato cara blanca (Dendrocygnaviduata), el pato picazo (Nettapeposaca) y el pato maicero (Anas geórgica) son especies de caza deportiva permitida desde el 1º de mayo al 15 de setiembre con un máximo de 15 ejemplares en total, siendo el pato picazo el ave cuya caza no puede superar los dos ejemplares por día.
Recordemos que en 2018 el Mvotma resolvió suspender durante dos años las autorizaciones de caza de estas especies, luego de que se duplicaran los permisos y un relevamiento en 2017 y 2018 arrojó como resultado la disminución de las poblaciones de estos patos.
En 2022, un informe técnico contratado por el Ministerio de Ambiente recomendaba frenar la actividad por al menos cinco años debido a las tendencias poblacionales negativas. “Se hizo un informe, pero no es suficiente. Los estudios poblacionales llevan tiempo”, aseguró Stagi. “Esto que estén trabajando las empresas de caza con el MA, es fantástico, porque nos va a dar datos de la biología, de las poblaciones y también para ver el tema de la ley de caza”.

“LA CAZA INGRESA MUCHO DINERO AL PAíS”

“Acá también hay que ver que la caza ingresa mucho dinero al país en permisos de armas, todo lo que es armas está muy controlado por el Registro Nacional de Armas, Servicio de Material y del Ejército por seguridad nacional y debido al TCA (Tratado sobre el Comercio de Armas) del que participa Uruguay para la prevención del tráfico de armas”. Por un lado, el MA no tiene presupuesto para realizar estos estudios poblacionales, pero por el otro, estas empresas de turismo cinegético cobran miles de dólares por persona en sus alojamientos y “hacen que, entre mucha plata por los permisos de caza al Estado, pero va a Rentas Generales. Considero que los fondos que ingresan por este tipo de actividad tendrían que ir a un fideicomiso que quede en el MA y que se genere un fondo de conservación”. Stagi detalló además que la caza deportiva en estos establecimientos, son una fuente de ingresos por el transporte que manejan, lo que pagan por control de armas, compras en las cuidades de los alrededores de estos lodges, trabajo de mucamas y personal de cocina y que acompaña a los cazadores en todo momento. “A la gente que está con el tema de la caza, les pido que valoren y coticen ese componente”, enfatizó. “Hay un tema de sentimentalismo o de animalismo que se contrapone, pero acá, si se logran establecer cuotas en las cuales se cace –lamentablemente, pero bueno– se mantendría el turismo cinegético en nuestro país. Las poblaciones saludables de patos, toda esa gente que labura de esto y se pueden seguir conservando las especies”, opinó.

1500 TIROS POR DÍA

Por otra parte, otro de los componentes negativos en la caza de patos que mencionan las organizaciones ambientalistas, es la contaminación por plomo que producen estas empresas. Alrededor de 1.500 tiros por día es la estimación que hacen algunos guardaparques sobre los cotos de caza, que en el caso de los patos se producen muy cerca de los cursos de agua. “Los lodges van con los ‘birdboys’ que son los que controlan los disparos que se hacen, cuántos llevan cazados. El pato se caza una hora más o menos”. Además, dijo que son cazadores tradicionalistas que no matan patos que están en el agua. A la pregunta sobre las fotos que se ven en las redes con enormidad de patos apilados que quedan tirados y que no los consumen después, Stagi negó que fuera así. “Ellos saben las reglas y las cumplen a rajatablas. Ellos se los comen. En los lodges se los cocina el personal. Los patos apilados se veían cuando las arroceras, aludiendo al daño causado por el aplastado de las bandas al aterrizar o el consumo de plantines de arroz, se los envenenaba masivamente hace años”, refutó.

LODGES DE LUJO EN VARIOS PUNTOS DEL PAíS

Al cuestionamiento de que el propio negocio de la caza sea el que financie los estudios poblacionales, Stagi reconoció que en general los pueden acusar de “falsear” los resultados, pero “no tiene nada que ver quién paga; no pasa por ahí. Si vamos al caso, todos los relevamientos que hacen sobre la mortalidad de animales en aerogeneradores de este país lo pagan privados. Hay ética profesional en los monitoreos y una metodología con diseños de muestreos muy fuertes y probados a lo que se suma un equipo técnico detrás de instituciones como la Universidad de la Pampa, Emafa, INTA, Catctc y Conicet para el tratamiento de los datos que se colectan en el campo con aplicaciones específicas. Sumado al hecho de que los propios técnicos del MA reciben los informes y están presentes en la planificación”.