El Mecenas: agroecología, educación y respeto por la tierra

En la chacra agroecológica El Mecenas, el trabajo con la tierra se transforma en una experiencia educativa y humana. Un equipo impulsa desde allí una forma de producir y enseñar que conecta alimentación, respeto y futuro.

APRENDER DESDE LAS RAÍCES

Desde sus inicios, el proyecto El Mecenas nació con un fuerte sentido educativo. Su impulsor, Alfredo Dolce, entiende que el vínculo entre la tierra y los niños es el punto de partida para construir una sociedad más consciente. “Desde el inicio el proyecto El Mecenas está directamente relacionado con la educación, sobre todo enfocado a los niños, que son quienes aprenden más rápido, de manera más permanente y sin una visión sesgada por ideologías o posiciones previas”, explicó.

En ese camino, Dolce consideró que enseñar con el ejemplo, en contacto directo con la naturaleza, es una forma efectiva de sembrar consciencia. “Es más fácil demostrar cosas reales a los niños y que las incorporen en su vida que a los mayores que ya tenemos opiniones formadas”, reflexionó.

ALIMENTAR LA CONSCIENCIA

En El Mecenas, la producción agroecológica no se entiende solo como una técnica, sino como una filosofía de vida que entrelaza educación, respeto y alimentación saludable.

“Entendemos que entre otras cosas que han dejado de enseñarse o quizás no se les pone tanto énfasis, está la educación ambiental, que viene de la mano con una correcta alimentación y muchos otros valores que son difíciles de encontrar en el momento”, señaló.

Para Dolce, educar no debería limitarse a preparar para el trabajo, sino enseñar a mejorar el entorno en que vivimos. “Quizás llegue el momento en el que al elegir un alimento los argumentos que pesen sean otros, más basados en los procesos de producción y no tanto en lo económico”, afirmó, convencido de que el cambio debe comenzar desde las nuevas generaciones.

UN LUGAR DONDE LAS COSAS SE EXPLICAN SOLAS

Las visitas a la chacra son una experiencia en sí mismas. Niños, jóvenes y vecinos se acercan al predio y descubren otra manera de entender la producción. “Las personas que visitan la chacra entran de una manera y salen de otra. Hay cosas que se transmiten solas. El aire que se respira, la sensación de tranquilidad que hay en el lugar colaboran haciendo que muchas veces no hagan falta mayores explicaciones”, contó.

La intención, dice, no es solo mostrar un modo de cultivo sin químicos, sino transmitir una forma de relacionarse con la vida. “Producir de manera agroecológica no es sólo cultivar sin aplicar químicos, sino todo un concepto que incluye justamente respetar a los demás, empezando por quienes trabajan en el lugar”, resumió.

SEMBRAR VALORES EN TIERRA FÉRTIL

Dolce insistió en que los niños son el terreno más fértil para sembrar una nueva cultura alimentaria. “Son esponjitas que absorben todo”, dijo con convicción. Y agregó: “En una analogía que quizás viene al caso, son tierra fértil en la que si plantamos las semillas correctas, los frutos les van a dar una vida mejor”.
A su entender, crear consciencia en las nuevas generaciones es clave para enfrentar los desafíos actuales. “Es fundamental cultivar sin envenenar porque después ese mismo veneno que se aplica va a ir a parar directo a los frutos”, advirtió. Así, cada enseñanza se convierte en una herramienta para elegir con conocimiento y responsabilidad.

EL TIEMPO DE LA NATURALEZA

El trabajo diario en El Mecenas también deja aprendizajes personales. Dolce confiesa que la tierra lo ha ayudado a comprender los ritmos naturales y la importancia de la prevención. “Aprendí a tener paciencia, que las cosas tienen sus propios tiempos, que no se pueden manejar todas las variables a gusto propio”, dijo. “La agroecología se basa en la prevención y en las relaciones con los demás para compartir conocimientos y experiencias”.

ALIMENTAR EL FUTURO

En el cierre, y con motivo de una fecha que invita a reflexionar sobre la alimentación y el futuro, Dolce propuso una pausa y una mirada al pasado reciente. “Que se tomen 30 segundos para repasar y recordar cómo era el mundo hace unos años atrás en relación a lo que comíamos, las enfermedades que había y sobre todo las que no había tanto como ahora”, invitó.

Y dejó un mensaje que resume el espíritu de su trabajo: “Todo arranca en la alimentación. Si no cambiamos nosotros, al menos aportemos para que los que vienen detrás lo hagan. A final de cuentas, son nuestros hijos y nietos y queremos lo mejor para ellos”.