Escribe Danilo Arbilla: ¿Y Victoria dónde está?

En estos días desde medios de varias partes del continente, con los que a veces colaboro, me han pedido les escriba sobre lo que pasará en la “agonizante” Argentina según Trump y la verdad que no lo he hecho, porque no sé qué decir, no lo veo claro.

Tampoco tengo mucho para elegir hoy aquí, en casa. Está el tema de los barcos y los contratos pero reclama esperar algunos días hasta que el humo se disipe; que se separe la paja del trigo.

Sí, son esas cosas que van generando grieta, la que en nuestro país se agranda y se ahonda y no crean lo que le dicen los argentinos. Parece que este gobierno está decidido a meter el dedo y revolverlo, a veces en clave de despistado, como sin quererlo. La brecha es parte de la dialéctica, de la toma real del poder que tanto reclamaron el Ñato y el Pepe. El presidente multiempleo de ASSE, quien hasta ayer nadie sabía quién era, con la anuencia de presidente y ministra no renuncia y se burla del parlamento y de lo que disponen la Constitución y todas las leyes y normas al respecto. Y entonces aparece el contrato. Lo descubrieron en tan solo tres días, la mitad del tiempo que a Dios le llevó construir el universo; son unos rayos. Nos salvan de perder 30 millones de dólares (por ahora por debajo de lo que nos costó María Dolores). Y la oposición cacarea, pero da prioridad a sus rencillas internas y pesa más el personalismo. No se une, y así pasan las cosas.

Pasó en Venezuela –la más rica por lejos y hoy la más pobre, por lejos también–. Creyeron que lo solucionaban con un atajo y sacaron de un calabozo a un teniente coronel golpista –el amigo de nuestros frentistas (dicen que demasiado amigo)– al que ellos manejarían. Y fijate.

Pasó acá, pese a lo que decían muchos bocabiertas y guapos, que luego cerraron la boquita: ¿guerrilla en Uruguay? , –‘tan locos–, ni el Che, un vocacional, lo imaginaba. “Nuestros militares son civilistas” se repetía: mirá vos. Hay cosas que pasan.

Los últimos párrafos, entonces, serán para la Argentina, donde pasan cosas a rolete. ¿Y qué es lo que va a pasar? Colegas que saben dicen que se van a dividir en tercios. Y es probable: hay dos tercios que ni locos quieren la vuelta del kirchnerismo –los frenteamplistas de allá–, pero la mitad de ellos a su vez ni borrachos votan a Milei; le tienen miedo y piensan que está medio loco; ¿Usted qué piensa?

Si los kirchneristas obtuvieran una votación importante (40-45 %), aquello sería un pandemónium y podría irse mucho más lejos que “al carajo” como les gusta decir. Corta vida para Milei. Ahora si ese 40 o 45 fuera para Milei, olvídense. Y con el auspicio de Trump más todavía. Qué Constitución ni que leyes, solo las Fuerzas del Cielo y su único profeta. Uno pensaría que eso son cosas del pasado y que solo sucedían en otros continentes, pero pasan; está pasando. Lo bueno de los tres tercios es que implicaría la presencia de “Las provincias unidas”, una alianza de gente sensata y moderada –no del Pro, por favor– que podría sosegar a Milei y ayudarlo a ir con moderación y respeto por un buen camino, sin griterío, rabietas, insultos y caprichos y respetando las leyes. Es cierto que Milei tiene dos perros guardianes peligrosos, pero si se resiste arriesga a que lo echen. Sería uno de los juicios políticos más fáciles. Y, casi que no se habla de ella y está muy calladita, pero como diría Bogart, siempre queda Victoria Villarruel.