Esta noche, a las 20, en la sala “1º de Julio” de EL TELEGRAFO, se proyectará la tercera parte de la serie Cine en Uruguay, que incluye los capítulos cinco y seis. La entrada es gratuita, con apertura de sala a las 19.30.
Dirigida por Felipe Bellocq, la serie ofrece una mirada profunda sobre el cine uruguayo, desde sus orígenes más primitivos hasta la llegada del video en los años ‘80. En los capítulos anteriores se abordaron las primeras producciones del cine silente, los festivales de mitad de siglo, el cine científico y el experimental.
El conjunto de los ocho episodios constituye un reflejo de la evolución del cine nacional, pensado para un público general interesado en la historia, la sociología, el cine y las instituciones que gestionan la cultura. También se vincula con la divulgación de las ciencias humanas, ya que da voz a numerosos investigadores que, desde hace años, trabajan en silencio para rescatar, preservar y comprender la historia a través de las imágenes creadas por nuestra sociedad.
El capítulo cinco, “Noticieros y dictadura”, comienza con el surgimiento del formato de noticiero –registros breves de actualidad– en Uruguay durante los años ‘20, impulsado por Juan José Chabalgoity, cineasta oriundo de San José.
Durante la dictadura, muchos realizadores se exiliaron. Sin embargo, gracias a la intervención del Instituto de Cinematografía de la Universidad de la República (ICUR), se creó el Departamento de Medios Técnicos, donde se produjeron diversos noticieros para cine que formaron a nuevos técnicos y cineastas locales. Tanto iniciativas públicas como privadas impulsaron la producción de algunas obras de ficción en ese período.
El capítulo seis, “Superochistas y animación”, aborda la expansión del formato Súper 8, una alternativa accesible para los realizadores por su bajo costo y su buena calidad de imagen. Este formato promovió nuevas expresiones en las que predominaba el componente lúdico y doméstico.
Los inicios de la animación en Uruguay se remontan también a los años ‘20, de la mano de Chabalgoity, quien utilizó esta técnica en sus actualidades.
El arquitecto Julio Vilamajó, admirador de Disney, construyó su propia mesa de animación por capas y, en su estudio, creó personajes y filmó cortos animados en los años ‘30.
Durante las décadas del ‘60 y ‘70, Cineco produjo varias animaciones infantiles en formato Súper 8, logrando esquivar la censura.
Por su parte, Walter Tournier dio origen a la emblemática “En la selva hay mucho por hacer”, obra que marcó el inicio de una prolífica carrera cinematográfica.


