Formación práctica en Termas de Guaviyú: estudiantes de UTU aprenden gastronomía y hotelería en un entorno real

“Es una experiencia muy buena, sobre todo para los pasantes. En mi época no teníamos esta posibilidad: ahora tienen un lugar con todas las herramientas, buenos referentes y la oportunidad de descubrir si esta es su vocación”, valoró la docente sanducera Martina Möller sobre la práctica formativa que estudiantes de UTU realizan en el Centro de Especialización Hotelera y Gastronómica de Termas de Guaviyú.

APRENDER HACIENDO

Desde 2024, el Centro de Especialización Hotelera y Gastronómica funciona en Termas de Guaviyú, como un anexo del Instituto de Alta Especialización de UTU Salto. Combina la gestión del alojamiento y servicio gastronómico, gestionados por referentes y estudiantes de UTU contratados en régimen de becarios, provenientes de Salto, Paysandú y Quebracho.

Durante el verano pasado, la chef y docente sanducera Martina Möller, acompañó a los grupos de pasantes que realizaron en el parador su práctica profesional, en su carácter de referente en Técnicas de Servicio. Los estudiantes de Gastronomía, de Salto, cumplieron 90 horas obligatorias de pasantía, alternando entre la sala y la cocina.

“El parador se inauguró el año pasado y comenzó a funcionar con referentes y becarios contratados”, refirió. La idea, asimismo, fue que los estudiantes de Salto que cursan la tecnicatura en Gastronomía, pudieran “hacer su pasantía en Guaviyú, sin tener que trasladarse hasta Punta del Este, donde UTU tiene otro parador”, explicó Möller.

DEL AULA AL SALÓN

En su rol de referente, Möller acompañó el trabajo de los pasantes en la atención al público. “Mi tarea era observar cómo se desenvolvían en el salón: el trato con el cliente, la toma de la comanda, la memoria, la presentación y la actitud. También cómo servían y cuán atentos estaban a las demandas del cliente”, entre otros aspectos, según contó.

El objetivo es que los estudiantes aprendan a trabajar en una cocina de verdad, con clientes que piden al mismo tiempo, y que experimenten lo que significa el trabajo en equipo y bajo presión, indicó. “Es una manera de que vean si realmente les gusta este oficio”, subrayó.

En la cocina, los pasantes eran guiados por la referente Teresa Sequeira, docente de gastronomía en Salto. Cada jornada implicaba tareas concretas: el desayuno para los huéspedes, la elaboración de escones y medialunas, el servicio de almuerzo y la atención en el parador.

En tanto, el diseño del menú corresponde al chef a cargo del parador, quien es el referente que coordina la labor de los estudiantes becarios en este espacio quienes tienen sus tareas definidas.

HABILIDADES QUE SE PONEN A PRUEBA

Las pasantías permiten a los estudiantes aplicar los conocimientos adquiridos y desarrollar habilidades prácticas. “Tienen que estar bien dispuestos, concentrados, ser prácticos en el despacho y mantener la mente abierta para recibir correcciones. En el parador cuentan con herramientas que en el aula no tenemos”, y eso les da la posibilidad de perfeccionar lo aprendido, valoró Möller.

La experiencia también implica trabajo conjunto con los becarios permanentes del centro, que permanecen durante un año y medio en distintas áreas del servicio. “Los becarios ya tienen tareas específicas, algunos en panificación, otros en salsas, en carnes o postres. Cuando llegan los pasantes, ayudan a los becarios, según la capacidad de cada uno el chef va viendo en qué lugar los pone. Y lo que está bueno también es que los van rotando”, explicó.

EL VALOR HUMANO Y LA ENSEÑANZA

Al evaluar la experiencia, Möller destacó que los estudiantes valoran especialmente el acompañamiento y la paciencia de los referentes. “En los informes que recibíamos, lo que más resaltaban era cómo los trataban, la dedicación para enseñarles y ayudarlos a mejorar. De todo lo que comentaron, lo fundamental fue el valor humano”, sostuvo.

“Ellos aprenden a vencer la timidez en la atención al cliente, a ganar confianza y seguridad”, subrayó la docente, entendiendo que es una oportunidad para conocerse en el trabajo y descubrir si realmente quieren dedicarse a esta profesión.

IMPACTO EN LA COMUNIDAD

Consultada sobre cuál ha sido el impacto de la presencia del centro en el entorno de las termas, aseguró que “fue bueno, la gente está contenta. Los visitantes saben que los estudiantes están aprendiendo” y los alientan. Además, en su visión, el parador dio un nuevo impulso al lugar: “los huéspedes tienen un espacio para desayunar o almorzar, y también eso movió un poco el mercado local”, comentó.

Para Möller, la iniciativa representa una oportunidad única de formación profesional. “Ahora los estudiantes tienen un lugar donde aprender con todas las herramientas, con buenos referentes. Es algo que les suma para darse cuenta si es su vocación, porque la vida en la cocina no es fácil, es muy sacrificada”, apuntó.