La casa de Ernesto Cora, un espacio patrimonial que desaparece

En la zona costera de Paysandú, donde se ha construido la nueva Residencia Universitaria, se encuentra aún la antigua casa del músico, luthier y docente sanducero Ernesto Cora Maccari. Ubicada en Bolívar 535, la vivienda fue durante décadas el hogar y taller del artista, recordado tanto por su labor docente en la Escuela Departamental de Música como por su maestría en la construcción de instrumentos. Con el avance de las obras, este espacio cargado de historia y memoria cultural parece condenado a desaparecer.

Nacido en Paysandú en 1912 y fallecido en 1987, Cora sigue siendo un referente para varias generaciones de músicos locales. Fue contrabajista y tubista en la Banda Municipal “José Debali”, donde también formó a numerosos músicos, y llegó a construir alrededor de 120 violines, muchos de los cuales se convirtieron en instrumentos de destacados intérpretes de orquestas sinfónicas internacionales. Su casa, una construcción amplia y de techos altos, fue también punto de encuentro para músicos, periodistas y figuras de la cultura sanducera. Allí convivieron el arte y la enseñanza, en un ambiente en el que, según recuerdan sus familiares, “siempre había alguien tocando, o reparando un instrumento”.

Un desarraigo doloroso

Con motivo de la construcción de la Residencia Universitaria, la Intendencia lleva adelante un plan de relocalización de los vecinos que aún habitan la zona. Entre ellos se encuentran Karina Cano, quien visitó la redacción de EL TELEGRAFO junto a su hermana Mara Cano. Ambas son sobrinas nietas de Cora e hijas del músico Alfredo Cano Cora, fallecido en 2024, quien fuera uno de los principales impulsores del cuidado de la casa y del legado de su tío.

“Nosotras nacimos allí”, recuerda Karina. “Desde chicas veíamos llegar a la casa músicos, gente de la prensa. Era un lugar muy vivo, siempre lleno de gente”. Recuerdan que la vivienda había sido restaurada hace algunos años, con la intención de destinarla a fines culturales. “Se le metió plata. Pero llegó la pandemia y no se pudo hacer nada”, relata. Según se les anunció por parte de la Intendencia en una reunión, cumplida en la propia casa, el traslado de las familias que serán realojadas en sus nuevas viviendas se concretará en noviembre. “Dicen que no hay que apegarse a las cosas materiales, pero me duele en el alma que la casa no vaya a estar más,”, expresa Karina, quien se mudará al departamento de Lavalleja. “Para mí, para mi hermana, para la familia toda, es un desarraigo enorme. Esa casa tiene historia. Fue la primera que se construyó en esa zona, junto con la del vecino. Me encanta tocar el saxo ahí adentro; tiene una acústica hermosa, está acostumbrada a la música”.

El lugar donde se levanta la construccion pasará a ser un espacio verde, según se informó en la reunión. Sin embargo, entre los allegados a Cora persiste el anhelo de que el sitio se preserve de alguna forma, como símbolo de la historia musical sanducera. “Sería lindo que la usaran para talleres de luthería o como un lugar de recreación para los gurises que van a vivir en la residencia”, propone Karina.

Por la memoria cultural

En la reunión también conversaron con el director de Obras sobre el proyecto iniciado hace algunos años para crear una plazoleta con el nombre de Ernesto Cora, “que se iba a hacer ahí enfrente, donde está la explanada. También eso quedó todo en la nada, siendo que hasta fue aprobado por la Junta Departamental. El proyecto está hecho, están la maqueta, los planos, el diseño del monumento, pero no hemos tenido más noticias. A nadie le interesa hacer más nada”, dice Mara. Ambas valoran lo sucedido en julio pasado, cuando se vivió un momento de reparación simbólica: una de las salas principales de Casa de Cultura fue nuevamente designada como “Ernesto Cora”, restituyendo así una denominación que había sido asignada en 1987, poco después del fallecimiento del artista, y que con el tiempo había caído en el olvido. Se restituyeron también la placa conmemorativa y la fotografía del homenajeado, que habían sido colocadas ese mismo año y luego habían desaparecido.

Desde hace un tiempo, también se viene trabajando en el documental “Cora, un sueño, un violín”, realizado por Víctor Abalo, donde se recogen diversos testimonios sobre el músico, su vocación artesanal y su amor por la enseñanza, recuerda Karina. En ese contexto, explica, “capaz que lo nuestro es como un pedido, como quien pide un milagro”, dice. “Ojalá que a esta casa la puedan usar, que al menos pueda quedar algo, que se la use para lo que fue: un lugar dedicado a la música.

Y que quede también como una parte de la historia de ese barrio, porque fue un barrio muy lindo, con familias unidas, con mucha vida. Ojalá se pudiera conservar aunque sea una parte, y hacer de allí un espacio de memoria y de patrimonio”.