El 21 de agosto de 1825, en el marco de la Cruzada Libertadora iniciada pocos meses antes, las tropas orientales al mando del coronel Julián Laguna protagonizaron uno de los episodios más significativos en la Banda Oriental: la toma de Paysandú. Aquel hecho no solo representó un triunfo militar sobre las fuerzas imperiales del Brasil, sino también un símbolo del fervor patriótico que acompañaba la incorporación de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Durante los meses siguientes, Paysandú se convirtió en escenario de enfrentamientos, resistencias y tensiones que reflejaron tanto la determinación oriental como las dificultades propias de un país en formación.
En las primeras horas del 21 de agosto de 1825, Julián Laguna encabezó un movimiento audaz. Con apenas trescientos hombres, logró sorprender a las tropas brasileras que pernoctaban a las afueras del pueblo. El ataque fue rápido y contundente: trece soldados enemigos resultaron muertos y diecinueve fueron tomados prisioneros, además de numerosos heridos. La guarnición, al mando de Ramón Rodríguez, no resistió. Rodríguez, advertido de la inminente ofensiva, buscó refugio en una cañonera anclada en el río Uruguay, desde donde esperaba contraatacar con el alcance de sus piezas de artillería.
La victoria oriental no se limitó a recuperar la villa. Laguna ordenó perseguir a los invasores hasta el arroyo Negro, consolidando así el control patriota sobre un punto estratégico del litoral. Paysandú no solo quedaba en manos orientales: se convertía en símbolo de la causa libertadora.
La presente publicación constituye un trabajo de recopilación histórica sobre los sucesos de 1825 en Paysandú, cedido a EL TELEGRAFO por investigadores y colaboradores vinculados al estudio de la historia local. El material se apoya en documentos y textos de la época, y ha sido preparado por este diario con el propósito de rescatar y difundir episodios que marcaron la identidad sanducera.
REPERCUSIONES INMEDIATAS
El día 22 de agosto, el propio Laguna comunicaba formalmente la toma de la localidad, mientras el brigadier Fructuoso Rivera elevaba un parte al cuartel general en Laguna de los Patos, solicitando que el triunfo se difundiera públicamente: “Los orientales por todas partes, van demostrando al tirano de cuanto son capaces los libres”.
Días después, el 26 de agosto, Juan Antonio Lavalleja se dirigía a Rivera destacando la importancia del hecho. El 1º de setiembre, los partes de Laguna y Rivera fueron enviados a Buenos Aires, donde la noticia de la toma de Paysandú reafirmó la confianza en la campaña oriental.
El respaldo no se hizo esperar. El 14 de setiembre, el cabildo de Paysandú ofrecía auxilios a las fuerzas patriotas. Para entonces, el fervor popular se había transformado en una pieza fundamental de la resistencia.
INCORPORACIÓN DE LA PROVINCIA ORIENTAL
El 25 de octubre de 1825, el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas aceptó oficialmente a la Provincia Oriental. Paysandú, escenario de triunfos recientes, recibió a Lavalleja en los últimos días de octubre. El jefe de los Treinta y Tres Orientales se alojó en casa de su cuñado Felipe Iglesias, donde conoció a su sobrino recién nacido. A la par de los combates, la vida civil seguía su curso, testimonio de una sociedad que buscaba sostener su cotidianeidad en medio de la guerra.
En ese mismo período, Martín Rodríguez felicitaba a Lavalleja por el triunfo oriental, resaltando la importancia de Paysandú como punto de encuentro y de operaciones.
AMENAZAS Y BOMBARDEOS
No obstante, la victoria inicial no aseguró la tranquilidad de la villa. El 3 de noviembre, Lavalleja consideraba que la guerra debía trasladarse al territorio brasileño. Sin embargo, ese mismo mes, la escuadra imperial en el río Uruguay comenzó a hostilizar el puerto sanducero. El 4 de noviembre, tras los primeros disparos de artillería contra lavanderas y pobladores indefensos, Lavalleja respondió con una advertencia drástica: por cada tiro de cañón contra el pueblo, serían ejecutados cincuenta de los más de mil prisioneros que se encontraban en su poder.
Esa firmeza logró, al menos momentáneamente, contener la ofensiva. Pero la tensión no cesó: los días siguientes estuvieron marcados por incursiones, robos de ganado, ataques contra civiles y desalojos de viviendas en la zona del puerto.
El propio comandante militar de Paysandú, Manuel Antonio Paz de Sotomayor, dejó constancia de la falta de armamento y de la vulnerabilidad de la población ante los cañoneos imperiales.
LAS DIFICULTADES DEL MANDO ORIENTAL
En noviembre de 1825, el coronel Laguna solicitó cañones prometidos por Lavalleja, mientras denunciaba la escasez de armas para sostener la defensa. El 16 de noviembre, desde el campo de San Francisco, Laguna reiteraba su inquietud por la morosidad de los jefes encargados de observar al enemigo. El 17 de noviembre, Lavalleja celebraba la incorporación formal de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas, pero las dificultades logísticas y las tensiones entre oficiales orientales se acentuaban. Testimonios como los del artillero Vicente Virginio revelan disputas internas, particularmente con el teniente coronel Quinteros, que complicaban la organización militar. Virginio, un italiano al servicio de la causa, llegó a declarar que de no recibir un mando claro e independiente abandonaría las banderas orientales.
EL CAÑONEO DE CASA BLANCA
El 4 de diciembre de 1825 tuvo lugar el llamado cañoneo de Casa Blanca, episodio central en la defensa de Paysandú. En Paso Vera, al sur del casco de la estancia de Almagro, Virginio instaló una batería de cañones que abrió fuego contra la escuadra enemiga. Las piezas lograron impactos directos en naves imperiales, obligándolas a retirarse aguas abajo.
Aunque no se logró cortar completamente el tránsito enemigo, sí se dificultó su avance, obligando a las goletas y cañoneras a navegar de noche y con extrema cautela. La goleta Oriental, nave capitana de la escuadra brasileña, fue seriamente averiada. En sus partes, Virginio expresaba tanto la satisfacción por el desempeño de la artillería como su descontento por los obstáculos internos que enfrentaba. Reconocía el entusiasmo de sus hombres, pero lamentaba la falta de autonomía frente a Quinteros, lo que debilitaba la eficacia de las operaciones.
PAYSANDÚ EN EL CENTRO DE LA CAMPAÑA
A lo largo de 1825, Paysandú se transformó en punto neurálgico de la guerra. Desde la toma inicial de agosto hasta los cañoneos de diciembre, la villa fue escenario de enfrentamientos armados, de tensiones diplomáticas, de sacrificios civiles y de disputas internas entre los propios patriotas.
La población local, que en setiembre había ofrecido recursos al ejército oriental, debió soportar saqueos, bombardeos y amenazas constantes. Los relatos de lavanderas atacadas y familias desplazadas recuerdan que la guerra no fue solo de ejércitos, sino también de pobladores que sufrieron en carne propia los rigores del conflicto.
El año 1825 marcó un antes y un después en la historia oriental. Paysandú, conquistado el 21 de agosto por Julián Laguna, resistió durante meses los embates de la escuadra imperial. A pesar de las dificultades de coordinación, la escasez de armas y las tensiones entre oficiales, la villa se convirtió en bastión de la resistencia oriental. Aquella campaña demostró la determinación de un pueblo que, entre victorias y padecimientos, supo sostener la causa de su independencia. Paysandú no solo fue escenario de batallas: fue también testigo del nacimiento de una nación. Comisión Departamental del Patrimonio Cultural de Paysandú.

