Miradas a través del tiempo

En el mes de las personas mayores se llevó a cabo la tercera edición del Festival Internacional de Cine sobre Envejecimiento.

Las buenas ideas (las malas también, pero no es este el caso en cuestión) pueden surgir en cualquier momento. En muchas ocasiones ni siquiera hace falta perseguirlas, son ellas las que irrumpen sin aviso en nuestras mentes, tal vez impulsadas por un contexto cómplice.

Así fue como una noche –que incluyó ir a ver una obra clásica del cine italiano de los años sesenta en el Cine Universitario y la búsqueda de los dueños de un gato que pareció haber caído del techo de la sala– funcionó como disparador para que Carolina Guidotti y Mónica Lladó, dos amigas y colegas del Centro Interdisciplinario del Envejecimiento de la Universidad de la República y docentes de la Facultad de Psicología, vieran brotar en ellas el germen de lo que hoy es un festival que, ya en su tercera edición, se ha transformado en un referente internacional en torno a la temática del envejecimiento.

La experiencia de aquella noche derivó en el deseo de realizar alguna actividad que ayudara a promover al Cine Universitario del Uruguay, un lugar por el que Carolina y Mónica sienten, sin dudas, un especial cariño. Tras una reunión con las autoridades de la institución, empezaron a unirse los eslabones de una cadena que, entre la experiencia profesional, las ganas de hacer y –por qué no– cierto grado de inocencia propio de toda primera vez, dio forma a la idea resumida en una frase: “Hagamos un festival de cine”.

A partir del visionado de producciones audiovisuales consideradas dentro de la categoría de cortometraje (menos de media hora) y en coherencia con el pensamiento y el enfoque profesional de la institución, la meta sería promover en el público una mirada que valorara la pluralidad y la heterogeneidad. Como con toda expresión artística, se buscaba también provocar en el espectador algo que lo invitara a pensar, sentir y reflexionar, en este caso, sobre las múltiples formas de envejecer.

Con esta premisa se llevó adelante el llamado a realizadores audiovisuales a través de diferentes plataformas y se presentaron cientos de cortometrajes de las más diversas partes del mundo. Cabe aclarar que el principal filtro para la elección de los cortos ha sido siempre la pertinencia temática al festival, que en primera instancia es argumentada por los propios realizadores y en una segunda etapa evaluada por un comité evaluador.

Al momento de pensar en la instancia de premiación, se convocó a los hermanos Galeano, del Taller Buricayupí, para dar forma a las estatuillas que fueron bautizadas como Premios Ida, a modo de homenaje a la poeta uruguaya Ida Vitale, artista cuyo arte invita a transitar y habitar el tiempo.

Aquella primera edición que estaba pensada para el 2020 tuvo que, como tantas otras actividades, verse postergada debido a la pandemia hasta el 2021, cuando cerca de setenta cortos fueron presentados al público en las dos salas del Cine Universitario, el Centro Cultural España y también en el Centro Universitario Regional Litoral Norte con sede en la ciudad de Salto.

La buena repercusión de esa primera edición llevó a redoblar la apuesta para la siguiente, la cual se llevó adelante en el 2023, esta vez realizándose en forma simultánea en Uruguay, México y Alemania.

Para esta segunda edición se postularon setecientos cincuenta cortos, de los cuales cuarenta y cuatro fueron seleccionados para su participación en el festival.

La experiencia ganada con el trabajo realizado dos años antes llevó no solo a la posibilidad de extender el festival a más países, sino a una mejora en la dinámica misma del evento, su organización, planificación y programación. En este 2025 el Festival Internacional de Cine sobre Envejecimiento llegó a su tercera edición, con más de mil doscientos cortometrajes que se presentaron para competir en las categorías de ficción, documental y animación. Setenta y cinco académicos especializados en estudios sobre envejecimiento y en los aspectos teórico-prácticos del cine y el audiovisual conformaron el Comité de Evaluación Internacional que evaluó tanto los aspectos técnicos como la pertinencia a la propuesta del festival. Tras esto un comité curador analizó las obras, eligiendo de este modo los treinta y cinco cortometrajes provenientes de diecisiete países de cuatro continentes que conformaron la Selección Oficial del festival.

Este año el festival se llevó a cabo entre el 30 de setiembre y el 2 de octubre en distintas salas y espacios culturales –treinta y cuatro para ser exactos– de diversas ciudades de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, España, México y Uruguay.

Los ganadores de este año fueron Yuliana Brutti, en la categoría animación por el cortometraje “La bolsita de agua caliente”, Yesenia Novoa Rodríguez, en la categoría documental por “La sombra de las Palmeras” y Ainhoa Aldanondo en la categoría ficción por “Las Cucarachas”. A estos premios se sumaron varias menciones especiales y el Premio de Público al cortometraje “El Elefante Mordore”, del colombiano Alberto Moncayo. Invitando al encuentro y promoviendo el diálogo con la comunidad, el acceso a los eventos fue, como lo es siempre, abierto y gratuito, y cabe destacar que el festival busca ser un espacio de intercambio académico y cultural, contando con instancias de reflexión y diálogo que incluyeron las intervenciones del público presente, además de la participación de representantes del ámbito universitario, organismos públicos y actores sociales vinculados al área del envejecimiento.

Para todos aquellos que quieran tener la posibilidad de acercarse a las obras exhibidas, gran parte de los cortometrajes están disponibles en el canal oficial del festival (https://www.youtube.com/@envejecimientofestival) en YouTube, el cuál además de permitir el visionado para el público en general, sirve como repositorio para instituciones educativas, organizaciones de la sociedad civil y otras organizaciones que quieran trabajar la temática del envejecimiento utilizando este material. La vejez es una etapa que todos atravesaremos inexorablemente, y este festival de cine resulta ser, a través de las diversas miradas de decenas de realizadores audiovisuales, una invitación a poder pensarnos a nosotros mismos, ya no solo desde esa opinión sobre el tema que hemos ido construyendo a lo largo de nuestras vidas, sino en diálogo con muchas otras. Si estamos dispuestos, esto nos permite abrirnos a nuevas expectativas, a tomar distancia de los estereotipos que nos habitan y plantearnos la posibilidad de múltiples formas de transitar nuestra propia vejez.