¡Vamos todos a Colón!

Hay un viejo refrán según el cual “todo puede empeorar”. El incremento de las filas de automóviles sanduceros esperando para cruzar a Colón en las últimas semanas —e incluso meses— demuestra claramente la veracidad de esa frase y evidencia que se avecina una nueva etapa de crisis para el comercio de nuestra ciudad.

Todos los días se puede observar a un importante número de sanduceros que cruzan a realizar compras, cargar nafta o simplemente comer del otro lado del puente porque, según muchos de ellos, “en Colón te atienden mejor” y “la comida es más variada”. Mientras tanto, de este lado del río, la actividad económica sigue estancada, con emprendimientos que luchan día tras día contra un Estado voraz e insaciable, que no deja de recaudar y asfixia a quienes intentan desarrollar cualquier tipo de actividad comercial o industrial.

El Estado uruguayo, esa “máquina de impedir” —como ha sido calificado con frecuencia— parece tener un problema para cada solución, enredado en un entramado interminable de certificados notariales, copias de documentos, timbres, tasas, sellados, partidas de nacimiento, certificados de todo tipo y otros trámites que solo suman costos y demoras inaceptables.

Ante esta situación, tanto el gobierno nacional presidido por Yamandú Orsi como el de Luis Lacalle Pou han hecho poco, nada, tarde o mal. A modo de ejemplo, la CARU no solo mantiene la exoneración del peaje durante los domingos —probablemente el día de mayor afluencia hacia Colón—, sino que además lo redujo de 200 a 150 pesos uruguayos. Es cierto que 50 pesos no hacen la diferencia, pero la señal política ha sido muy negativa.
En la misma línea, el gobierno nacional redujo el descuento a la nafta pagada con tarjeta de crédito, incluso mediante un cambio inconsulto y arbitrario de último momento. Ni el actual gobierno ni el anterior han tenido una política clara en materia de fronteras, y han terminado fomentando los viajes a Colón, como sucedió con la tarjeta “BROU Recompensa”. En este contexto, queda claro que el gobierno nacional no está promoviendo el turismo, sino el bagayo puro y duro: compras de cercanía con un alto impacto negativo para los comercios locales.

En su momento, ediles sanduceros, junto al diputado Fermín Farinha, se reunieron con comerciantes de Paysandú y Salto, nucleados en sus respectivos centros comerciales, para apoyar el reclamo —aprobado oportunamente por unanimidad en la Junta Departamental de Paysandú— de reinstalar los beneficios de la tarjeta Recompensa en el litoral del país. Estos beneficios impulsaron las ventas, el empleo y el consumo local. El edil Alejandro Colacce recordó que, durante 2024, este programa significó para el Banco República una erogación de 7 millones de dólares, mientras que el retorno al comercio local fue de 700 millones. “Es una medida justa y que debería aplicarse nuevamente”, expresó.

Todo esto ocurre en un momento en el que el desempleo en Paysandú vuelve a aumentar. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los departamentos con tasas más altas de desempleo entre junio y agosto de 2025 fueron Treinta y Tres (14,1 %), Paysandú (9,7 %) y Artigas (8,3 %). Se trata de cifras alarmantes para un departamento con un desempleo históricamente elevado, que adquiere características estructurales. Es curioso observar cómo dirigentes locales del Partido Nacional y del Frente Amplio —quienes años atrás reclamaban al partido de gobierno declarar una “emergencia laboral”— hoy guardan silencio, simplemente porque su partido estuvo o está en el poder.

En nuestro editorial del 31 de junio de 2022 expresábamos conceptos que, lamentablemente, siguen teniendo plena vigencia: “Paysandú está siendo atacado por un nuevo virus que promete causar más daños económicos y sociales: la compra de bienes y la contratación de servicios por parte de sanduceros en la ciudad de Colón. Como ya lo hemos señalado en innumerables ocasiones, los efectos de esta angustiante situación comenzaron a sentirse desde que se restableció el libre tránsito por el puente internacional. La sangría es abundante e imparable, al igual que sus consecuencias: envíos al seguro de paro, despidos y aumento de la informalidad empresarial. A contramano de toda lógica, el gobierno nacional fomenta el bagayo y la destrucción del empleo sanducero otorgando la tarjeta vecinal, que permite un descuento en peajes e incluso la exoneración del mismo los domingos. Eso no es fomentar la integración de Paysandú, sino su desintegración”.

Y en el editorial del 12 de julio de 2022 afirmábamos: “Cada peso que cruza el puente es un peso que abandona el circuito económico local, privando a comerciantes sanduceros de toda escala (grandes, medianos o pequeños) de la posibilidad de recuperar su inversión y expandirse, generando empleo y mejores condiciones de vida para nuestra comunidad. La actitud de los sanduceros que cruzan en masa a Colón se asemeja a la de un animal que se muerde la cola, perjudicando su propia salud sin comprender las consecuencias hasta que ya es demasiado tarde. Más temprano que tarde, las consecuencias de esta fuga de dinero afectarán directamente a los hogares sanduceros. Quien hoy cruza alegremente a cargar nafta y cenar, mañana podría ver afectado su propio negocio, tener que despedir empleados o reducir su estructura para sobrevivir. Esa política de ‘achique’ se traducirá en menor consumo, impactando negativamente en otras partes del engranaje económico, quizás en un vecino, amigo o familiar. Una vez que el boomerang de los viajes a Colón está en el aire, no se sabe a quién golpeará. Pero alguien, sin dudas, será golpeado. Las risas de hoy por el ahorro se convertirán en llanto por la pérdida de empleo y oportunidades en la propia tierra. ¿Dramático? Tal vez. ¿Inevitable? Sin lugar a dudas”.

“No se puede estar en la misa y en la procesión” es una frase que recuerda que no siempre se puede hacer todo al mismo tiempo, y que es necesario elegir. Ante la situación que atraviesa Paysandú, el gobierno nacional debe comprender que urge adoptar medidas contundentes y firmes en defensa del comercio local.