El cometa 3I/Atlas, uno de los pocos objetos provenientes de fuera del Sistema Solar identificados hasta ahora, captó la atención de astrónomos y medios de comunicación desde su descubrimiento hace pocos meses. Ante las consultas y ciertas versiones alarmistas aparecidas en redes sociales, el astrónomo uruguayo Gonzalo Tancredi divulgó un video explicativo donde detalla su procedencia, su comportamiento y descarta categóricamente cualquier peligro asociado a su paso.
Descubierto el 1° de julio de 2025 por el sistema de monitoreo Atlas –sigla en inglés de Asteroid Terrestrial Impact Last Alert System– desde un observatorio ubicado en Río Hurtado, Chile, el cometa se convirtió rápidamente en noticia al confirmarse que no pertenece al Sistema Solar, sino que proviene de un sistema planetario mucho más antiguo. Esto lo convierte en apenas el tercer objeto interestelar jamás detectado, tras el asteroide 1I/‘Oumuamua en 2017 y el cometa 2I/Borisov en 2019.
De otro sistema planetario
“Este es el tercer objeto interestelar que hemos descubierto”, afirmó Tancredi. “La comunidad astronómica ha descubierto más de un millón de asteroides y varios miles de cometas, pero todos ellos pertenecientes al Sistema Solar. Recién en 2017 se detectó el primer objeto proveniente claramente de otro sistema planetario”.
El cometa 3I/Atlas fue detectado cuando ya había cruzado la órbita de Júpiter, a 4,5 unidades astronómicas del Sol. Su trayectoria es hiperbólica, lo que implica que se acerca al Sol una sola vez antes de alejarse para siempre de nuestro vecindario cósmico. Su punto de mayor proximidad solar ocurrió el 29 de octubre, cuando alcanzó una distancia equivalente a la que separa a Marte de la Tierra. Su máxima velocidad estimada fue de 68 kilómetros por segundo. Los datos disponibles sugieren no sólo que proviene de fuera del Sistema Solar, sino que podría formar parte de un sistema mucho más antiguo.
“Nuestro sistema solar tiene una edad de 4.500 millones de años, y parecería que el sistema planetario del que proviene 3I/Atlas es varios miles de millones de años más viejo”, explicó el astrónomo.
Composición y estudio
A diferencia de los asteroides, que son en su mayoría objetos rocosos e inertes, los cometas están compuestos por mezclas de hielo y polvo que, al acercarse al Sol, subliman y forman una cabellera visible. En el caso de 3I/Atlas, ya se detectaron dióxido de carbono, silicatos y metales como el níquel, así como proporciones significativas de hielo de agua. Su composición química, similar pero no idéntica a la de otros cometas del Sistema Solar, podría ofrecer pistas sobre la formación de sistemas planetarios.
Gracias a su paso cercano a Marte, sondas espaciales lograron obtener imágenes del cometa en los primeros días de octubre. En la Tierra, su aproximación máxima sucederá el 19 de diciembre, pero a una distancia demasiado grande como para ser observable a simple vista o con telescopios pequeños.
Un caso de estudio
Más allá del interés científico, el cometa será el protagonista de una campaña de observación coordinada por la International Asteroid Warning Network (IWAN), una red global creada bajo el paraguas de la ONU para monitorear objetos cercanos a la Tierra. Tancredi, integrante del comité directivo de la red, destacó que la campaña –que se extenderá del 27 de noviembre al 27 de enero– tiene un carácter puramente técnico: servirá para entrenar a observatorios profesionales y aficionados avanzados en el seguimiento de cuerpos con características difusas como los cometas.
“No representa ninguna amenaza para la Tierra”, aclaró. “Esta campaña es un ejercicio de observación debido a su prolongada visibilidad y al interés que genera entre los científicos”.
La participación uruguaya será a través del Observatorio Astronómico Los Molinos, aunque la detección requerirá telescopios de más de 30 centímetros de diámetro y cámaras digitales de larga exposición.
Más allá de Atlas
El pasaje de 3I/Atlas refuerza una tendencia en la astronomía contemporánea, esto es, la detección de objetos originados fuera del Sistema Solar, lo que abre interrogantes y oportunidades inéditas. Tras ‘Oumuamua y Borisov, este tercer visitante confirma que el espacio interestelar no es un vacío absoluto, sino un territorio en el que viajan cuerpos de diversos tamaños y naturalezas, capaces de llegar a otros sistemas planetarios.
Como concluyó Tancredi: “Es de esperar que, con el desarrollo de nuevos sistemas de búsqueda y monitoreo, sigamos descubriendo varios objetos interestelares que nos depararán preguntas fascinantes. La ciencia sigue activa, viva, tratando de responderlas”.

