Termómetro ambiental

La apicultura en Uruguay ha sido siempre un sector silencioso pero vital. Las abejas no solo producen miel, sino que también garantizan la polinización de cultivos que sostienen la agricultura y la fruticultura. Sin estos pequeños pero insustituibles insectos, los rendimientos caen, la diversidad se reduce y la cadena productiva se debilita.

Los apicultores uruguayos denunciaron recientemente estar pasando uno de los peores momentos de su historia y la Sociedad Apícola Uruguaya (SAU) denunció la afectación de más de diez mil colmenas con muertes de miles y miles de abejas.

En este sentido, están solicitando al gobierno la declaración de emergencia granjera para el sector apícola y aseguran que la situación se debe a la mala aplicación de agroquímicos, aunque aún deben determinarse las causas. La Secretaría de Estado tomó conocimiento de la situación cuando comenzó a circular información de mortandades a fines de noviembre y comunicó que dispuso que se forme un grupo de trabajo para abordar el tema. Mientras la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Uruguay (AIA) cuestionó las denuncias de los productores, éstos enumeran miles de colmenas afectadas con agroquímicos, con síntomas similares y muertes de abejas.

“Todos los casos están envueltos en un entorno agrícola, estamos en un momento del año donde se recambian cultivos, terminó el cultivo de invierno, que se secan, se usan productos para cerrar esos granos, y enseguida se implantan otros, entonces se curan, se protegen, y en ese intervalo uno u otro cultivo, alguno de los productos que se aplicaron terminó mostrándonos esto en las colmenas”, dijo la entomóloga y apicultora Estela Santos en declaraciones difundidas por Subrayado. Agregó que está trabajando en la recolección de muestras de abejas muertas en distintas chacras, para remitirlas al laboratorio universitario de Paysandú para investigar las moléculas químicas que puedan estar implicadas en la mortandad.

“Aproximadamente 3.000 colmenas ya desaparecieron, que implica un gasto económico para el productor, por tener que reponerlo. Perdimos la producción de miel que se espera todo el año, hasta este momento de floración de la primavera. Y nos queda apenas algunos recursos florales para adelante y muchos productores haciendo un esfuerzo enorme por buscar esa floración”, dijo la especialista.

El contexto estadístico refuerza la gravedad de la situación ya que según el Anuario Estadístico Agropecuario 2024 del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, la apicultura había mostrado signos de recuperación de la producción de miel respecto a años anteriores. La apicultura uruguaya se caracteriza por su fuerte orientación exportadora e importante peso en la economía rural, contando con más de 2.000 apicultores registrados y algo más de medio millón de colmenas, con exportaciones a Estados Unidos, España y Alemania principalmente. Pero además, su impacto se extiende a la polinización de cultivos frutículas, hortícolas y forrajeros, siendo clave para la conservación de biodiversidad y prestación de servicios ecosistémicos.

En este sentido, cabe recordar que aproximadamente el 75% de los cultivos a nivel mundial dependen de la polinización por abejas y que en Uruguay, cultivos tan variados como manzanas, zapallitos, melones, tréboles y lotus dependen en gran medida del servicio de las abejas. Es decir, la presencia de las abejas mielíferas y nativas favorece la formación de frutos, semillas, la productividad agrícola y además, mantiene la diversidad genética de las plantas.

Por otra parte, es un sector de actividad que cuenta no solo con una tradición en asociativismo y trabajo en red, sino que además promueve la inclusión, la equidad de género y la trasmisión intergeneracional de saberes. Por otra parte, la articulación entre investigación, extensión y productores es un elemento distintivo del modelo uruguayo permitiendo la adaptación de tecnologías, la respuesta a problemáticas emergentes y la implementación de un sistema nacional de trazabilidad que fortalece la confianza en los mercados internacionales y permite diferenciar la miel por origen y calidad.

Las recientes mortandades de abejas en nuestro departamento y otros puntos del país no son un hecho aislado ni un problema que puede reducirse a la esfera de los apicultores. Es un hecho que evidencia las tensiones de nuestro modelo productivo y que obliga a preguntarnos qué tipo de desarrollo estamos construyendo en el territorio.

La expansión agrícola intensiva ha traído riqueza pero también ha generado dependencia de insumos químicos que en ocasiones muestran las consecuencias más crudas. La reflexión sobre este asunto debería ser de interés tanto de las instituciones públicas como los actores privados. Preguntas sobre la responsabilidad de las empresas agrícolas en la aplicación de agroquímicos, el rol del Estado en la regulación y el control o sobre el margen de acción de las comunidades locales para defender su territorio, no solo son válidas sino necesarias.

El panorama regional muestra también que este no es un problema solo de Uruguay sino que otros países del Cono Sur donde la apicultura también ocupa un lugar estratégico, también han enfrentando en las últimas décadas desafíos crecientes derivados del modelo agroproductivo regional, la intensificación agrícola, el uso de agroquímicos o variedades genéticas, la emergencia de enfermedades, el cambio climático y la presión de los mercados internacionales.

También es necesario tener en cuenta que la economía invisible de las abejas y su trabajo silencioso sostiene la producción agrícola y, en consecuencia, su pérdida afecta a toda la cadena productiva. La situación es de interés de nuestro departamento ya que en el litoral se encuentran asentadas prácticamente la mitad de las colmenas declaradas en el país, lo que convierte a esta región en el corazón de la apicultura nacional.

Cuando miles de colmenas aparecen muertas y los productores denuncian que en cuestión de días se pierden años de trabajo o cuando los científicos afirman que la polinización se ve comprometida, lo que está en juego no es solamente la miel que exportamos o el ingreso de un sector específico, sino incluso otros aspectos de la economía local y hasta nuestra capacidad de sostener la vida en equilibrio con el ambiente. También es un indicador de la fragilidad de un sistema que ha priorizado la rentabilidad inmediata por encima de la sostenibilidad y es en ese sentido, que también puede considerarse a la apicultura y su situación actual, como un termómetro ambiental que está arrojando una señal de alarma.