Protección desde el embarazo, para evitar males mayores

En las últimas horas, a través de una comunicación oficial, el Ministerio de Salud Pública (MSP) instó a las embarazadas a vacunarse contra el Virus Respiratorio Sincicial (VRS) durante la campaña 2026, que comenzó este miércoles y se extenderá hasta el 30 de setiembre. Las autoridades explicaron que es necesario proteger a los lactantes menores de seis meses, que enfrentarán su primera temporada de alta circulación del VRS durante el otoño y el invierno, e indicaron que la vacunación está recomendada “para la prevención de la enfermedad por VRS en lactantes, a través de la inmunización de embarazadas entre las 32 semanas y las 36 semanas y 6 días de gestación, y en cada embarazo”.

La vacuna es gratuita y está disponible en todos los vacunatorios públicos y privados del país, pudiendo acceder a ella independientemente del prestador de salud. El objetivo para 2026 es avanzar hacia una cobertura igual o superior al 90 %, según informaron las autoridades ministeriales.

Hasta aquí, la referencia a una convocatoria que podría parecer de rutina, como tantas otras que se difunden varias veces al año cuando se acerca el invierno y resulta imprescindible contar con una cobertura adecuada contra la gripe y otras enfermedades que suelen afectar el aparato respiratorio. Patologías que, además, pueden extenderse a otras partes del organismo, especialmente en personas con comorbilidades y pertenecientes a grupos de riesgo. Es, por lo tanto, una oportunidad para cerrar la puerta de entrada a enfermedades que suelen manifestarse con particular virulencia en esta época del año.

Pero en este caso estamos refiriéndonos a un grupo etario particularmente vulnerable: los recién nacidos. Nada menos que en un país que presenta una alta tasa de envejecimiento poblacional, con baja natalidad y que, en el mejor de los casos, mantiene su población estancada.

Precisamente, según el MSP, las vacunas recomendadas de forma rutinaria durante el embarazo son las siguientes: la vacuna contra la gripe (influenza), que se administra durante la temporada gripal —de marzo a agosto— en cualquier momento del embarazo, con una sola dosis; la triple bacteriana acelular (dpaT – tos convulsa), que se administra preferentemente entre las semanas 27 y 36, aunque puede aplicarse a partir de la semana 20 si existe riesgo de parto prematuro; la vacuna contra el Virus Respiratorio Sincicial (RSVpreF), indicada entre las semanas 32 y 36, en todos los embarazos y con una dosis única; y la vacuna contra el SARS-CoV-2 (Covid-19), que puede administrarse en cualquier momento del embarazo y en cada nuevo embarazo, independientemente de dosis previas. En cuanto a difteria y tétanos, el MSP indica que, si no se cuenta con esquema primario o este está incompleto, se debe recibir la vacuna, “sustituyendo una dosis de dT por dpaT, preferentemente entre las semanas 26 y 36”.

Con carácter general, puede señalarse que las vacunas se utilizan con el objetivo de conferir inmunidad contra determinados microorganismos, estimulando los mecanismos de defensa del organismo y promoviendo la producción de anticuerpos frente a enfermedades específicas.

De esta manera, si en algún momento la persona entra en contacto con ese microorganismo, el cuerpo ya se encuentra preparado para combatirlo. Resulta realmente impactante el cambio que ha experimentado la humanidad en su capacidad de hacer frente a antiguos flagelos, tanto a nivel individual como colectivo, gracias a la administración de vacunas. Estas han sido el resultado de décadas e incluso siglos de trabajo científico, llevado adelante por hombres y mujeres que, muchas veces a riesgo de sus propias vidas, lograron desarrollar protecciones contra enfermedades que en otras épocas diezmaron poblaciones enteras y provocaron verdaderas plagas a escala global.

Desde aquellas primeras observaciones vinculadas al manejo del ganado lechero y las posteriores investigaciones que permitieron comprender la transmisión de la viruela y su inmunización, se sucedieron múltiples avances destinados a contener diversas enfermedades. En tiempos más recientes han surgido variantes como las vacunas biosintéticas, que contienen sustancias artificiales similares a fragmentos del virus o la bacteria; la vacuna contra la hepatitis B es un ejemplo de este tipo.

Existen también vacunas de virus vivos atenuados, empleadas para combatir enfermedades como el sarampión, las paperas, la rubéola o la varicela; vacunas inactivadas, en las que se utilizan proteínas o fragmentos del virus o la bacteria, como en el caso de la tosferina; y vacunas toxoides, elaboradas a partir de toxinas producidas por bacterias o virus, que permiten al organismo volverse inmune a los efectos dañinos de la infección, aunque no a la infección en sí. Las vacunas antidiftérica y antitetánica son ejemplos claros de este último grupo.

¿Significa esto que quien se vacuna no se va a enfermar nunca? No. Este razonamiento extremo es el que suelen esgrimir los movimientos antivacunas, citando casos aislados de personas que se enfermaron o presentaron complicaciones luego de vacunarse. Se trata de un argumento falaz y atrapaincautos, ya que incluso si esos casos fueran ciertos, pueden representar uno entre cien mil, mientras que se omite deliberadamente que son millones las personas que no se enferman gracias a la vacunación individual y al efecto rebaño, que reduce la circulación de los virus.

Gracias al uso sostenido de las vacunas, muchas enfermedades que antes se consideraban comunes y potencialmente mortales se han transformado hoy en enfermedades raras o poco frecuentes.

Se estima que cada año entre dos y tres millones de personas se salvan gracias a la vacunación. Durante la infancia, además, las vacunas ayudan a proteger contra enfermedades que podrían causar daños graves o incluso la muerte, especialmente en quienes tienen un sistema inmunológico débil o en desarrollo.
Las enfermedades no han desaparecido. Aunque sean raras en algunos lugares, muchas patologías prevenibles siguen existiendo en el mundo, por lo que la vacunación continúa siendo necesaria hasta lograr su erradicación global.

Por todo ello, resulta oportuno traer a colación la campaña del MSP recientemente iniciada para embarazadas, como un paso más en la buena dirección. En realidad, la única capaz de protegernos colectivamente y de evitar lamentos posteriores, cuando ya hay poco o nada que hacer frente a lo irremediable, pero que pudo haberse evitado adoptando, a tiempo, la decisión correcta.