“Uruguay sigue siendo un país caro para invertir y para vivir”, expresa entre otros conceptos la proclama dada a conocer recientemente por el Movimiento Un Solo Uruguay, en el que la organización nacida del Interior advierte sobre la pérdida sostenida de competitividad, el aumento del costo país y la urgencia de pasar del diagnóstico a las soluciones. El documento reclama eficiencia del Estado, reglas claras y un compromiso nacional que ponga en el centro al trabajo, la educación y el futuro del país.
Por supuesto, al escenario que plantea el movimiento es resultado de un proceso que se viene dando sin solución de continuidad desde hace mucho tiempo, con gobiernos de todos los partidos, los que a su vez han ido heredando y dejando situaciones y ninguno se ha atrevido, para no pagar costos políticos, a adoptar las medidas antipáticas que se necesitan, de corte estructural, para cambiar este estado de cosas, que sigue agravando el panorama y las consecuentes respuestas a medida que pasa el tiempo.
En este sentido expresa asimismo el documento que “hace ocho años nos unió la realidad. Hoy, esa realidad nos exige dejar de diagnosticar y empezar a resolver”. El documento del USU insiste en que el problema estructural no pasa por la falta de voluntad política o social, sino por una tendencia sostenida que erosiona la capacidad productiva. “El problema central no es la falta de voluntad, sino la pérdida sistemática de competitividad”, afirma la proclama, al tiempo que subraya que “Uruguay sigue siendo un país caro para invertir y para vivir”.
Señala en este contexto el impacto de los costos internos sobre la producción y la vida cotidiana, habida cuenta de que “seguimos pagando tarifas que no reflejan eficiencia, sino necesidades de caja del Estado”, una situación que termina trasladándose a toda la economía. Producir en Uruguay, advierte el movimiento, “cuesta más que en cualquier país vecino, y eso nos saca de los mercados”.
La proclama además describe una economía donde los costos crecen de forma constante mientras los ingresos dependen de variables externas. “Vivimos en una economía indexada, donde casi todo sube al ritmo del Estado, mientras el productor, el comerciante y el exportador quedan atrapados entre precios internacionales que no controlan y costos internos que no paran de crecer”.
Esa brecha entre costos internos y valor de la producción, agrega, “está asfixiando la rentabilidad de la exportación y del comercio local”, con consecuencias que se repiten: empresas que cierran, empleos que se pierden y un país que queda rehén de enfrentamientos que “no conducen a soluciones”.
El documento también refiere a los efectos de conflictos mal gestionados y posturas inflexibles que han generado impactos visibles. “Se ha tirado leche, se ha dejado de faenar, se han paralizado puertos y se ha desconectado al país del mundo”, siempre con el resultado de pérdida de trabajo y deterioro productivo. En la misma línea, en un reciente artículo de Rurales de EL TELEGRAFO, la Asociación Rural del Uruguay alerta por el atraso cambiario tras la caída del dólar a 36,10 pesos –interbancario– y espera que el Ministerio de Economía y Finanzas anuncie medidas en estos días para recuperar competitividad en el agro.
Así, el presidente de la gremial, Rafael Ferber, expresó su preocupación por el debilitamiento del dólar frente al peso y también advirtió que el atraso cambiario compromete la competitividad del agro y pone en riesgo la rentabilidad de varios rubros exportadores. Consideró en este sentido que “la verdad es que es un desastre que no podamos capitalizar los buenos momentos que podamos tener en distintos rubros y se nos vaya todo por el tipo de cambio”, a la vez que trajo a colación que “pasan los gobiernos, cuando la oposición marca el problema y el oficialismo no lo puede resolver”.
Dijo sin embargo que esta vez puede ser diferente porque el tema está en la agenda del equipo económico de gobierno, de lo que se informó a través de un contacto telefónico con el propio ministro de Economía, Gabriel Oddone, quien le pidió plazo para evaluar alternativas.
“Me dijo que se está estudiando la situación a ver qué medidas se pueden tomar, obviamente dentro de las lógicas. No esperemos nada del otro mundo, pero sí a corto plazo. Me pidió plazo para que haya algún anuncio al respecto”.
Es decir, nada que no haya evaluado y prometido el ministro de Economía de cada gobierno de turno, pero una cosa es la buena soluntad y la disposición y otra realmente encaminar las cosas para que se mueva la aguja, y este es el punto: la distorsión ha llegado a un punto tal en el tipo de cambio que cualquier medida que tenga impacto y que no sea por lo menos gradual traería a la vez consecuencias muy negativas, con ganadores y perdedores desde un primer momento, pero con un país convulsionado por tiempo indefinido, desde que todos los valores están situados con el dólar como referencia directa e indirecta, incluyendo parámetros clave como la inflación, ajustes salariales, valores de servicios y energía, dentro de un largo etcétera que ha ido evolucionando de acuerdo a las circunstancias con el paso de los años y los parches que se han ensayado sin consecuencia significativa de tipo estructural, que es el gran problema a resolver.
Es que pese a lo que ha señalado en más de una oportunidad el presidente del Banco Central del Uruguay, Guillermo Tolosa, en el sentido de que los uruguayos deberíamos dejar de tener el dólar como referencia y por ejemplo, reducir sustancialmente el ahorro en dólares y las operaciones en esta moneda, es muy difícil, por no decir imposible, cambiar este factor cultural en el país, porque además no es antojadizo, sino que responde a una realidad prácticamente de siempre. Por ahora, el dólar planchado favorece las importaciones y complica a los exportadores, mantiene la inflación acotada, pero al mismo tiempo tenemos los combustibles y la electricidad más cara de la región, de las de nuestros directos competidores, como así también salarios altos en dólares y costos internos en dólares, que en la comparativa internacional hacen que seamos muy caros, aunque esto favorezca por ejemplo salir de turismo o comprar bienes y servicios en el exterior.
Todo ello en desmedro del trabajo nacional y la sustentabilidad de los emprendimientos y las fuentes de trabajo, incluso de las que dependen de aquellos rubros donde comparativamente tenemos ventajas para producir, porque los costos internos corroen gran parte de estas ventajas. Descontamos que tanto el actual ministro, como los de los gobiernos anteriores, han estado preocupados y ocupados en cambiar este estado de cosas. Pero una cosa es querer y otra es poder hacerlo sin consecuencias desde el punto de vista del costo político y del precario “equilibrio” en nuestra economía. Es algo así como estar jugando al jenga y sacar una de las piezas de abajo en la urgencia, sin querer afectar a la torre trabajosamente mantenida erguida. Con suerte, y de tener éxito, solo lograríamos hacerla temblar, pero siempre expuestos al derrumbe. Por algo por ahora toda medida ha sido cosmética, y nadie ha intentado –por suerte– alguna “genialidad” en este tembladeral en el que nos hemos metido solos con el paso de los años, y del que será harto difícil salir, como ha quedado demostrado. Lo único seguro es que la salida no podrá lograrse –tal vez sí iniciarse– en un solo período de gobierno, ante la magnitud del desafío.

