Todos quieren vivir más tiempo. Pero no todos se paran a pensar cuántos de esos años adicionales se vivirán realmente con buena salud.
La esperanza de vida sigue aumentando lentamente, pero la esperanza de vida saludable –los años vividos con movilidad, claridad mental y libres de enfermedades crónicas– se queda atrás por más de una década. En términos prácticos, esa brecha puede significar entre 10 y 15 años lidiando con fatiga, dolor y enfermedades prevenibles. Ahí es donde entra el concepto de healthspan: no solo vivir más, sino vivir mejor.
“Evolucionamos para correr, movernos y recolectar”, dice Koski-Mäkikalli, especialista en sueño y recuperación. “Pero nuestro entorno ha cambiado mucho más rápido de lo que nuestra biología ha podido adaptarse”. En lugar de movimiento y luz natural, la mayoría pasamos horas sentados, bajo luz artificial, consumiendo alimentos altamente procesados.
El resultado es una erosión constante de la healthspan. “Las decisiones diarias determinan nuestra trayectoria”, explica. “No sabemos exactamente cuándo comienza el deterioro, lo que significa que pequeños cambios hoy pueden retrasarlo de forma significativa”.
El doctor Richie Barclay, experto en nutrición y ciencia del ejercicio ha observado un interés creciente en la longevidad, incluso entre adultos jóvenes. “Es alentador que personas en sus 20 ya estén pensando en esto”, dice. “El envejecimiento biológico comienza antes de lo que la mayoría cree”. La epigenética –cómo el estilo de vida influye en la expresión genética– juega un papel clave. “Cuando la gente entiende que sus hábitos determinan la velocidad a la que envejecen, la motivación para cambiar aumenta drásticamente”.
La doctora Alka Patel, médica en estilo de vida, aborda el tema desde el concepto del exposoma: todo a lo que el cuerpo está expuesto a lo largo de la vida. “Eso incluye picos de glucosa, privación de sueño, estrés crónico, alimentos ultraprocesados y estimulación 24/7”, explica. Tras haber vivido un burnout severo, Patel es directa: “La medicina moderna extiende la esperanza de vida, pero la vida moderna la reduce”.
Recuperación, resiliencia y propósito
La longevidad no significa eliminar el estrés. Significa recuperarse de él.
“Me encanta hablar del estrés”, dice Patel. “Lo vemos como el enemigo, pero necesitamos cierto nivel de activación”. El cortisol, la principal hormona del estrés, aumenta naturalmente por la mañana para ayudarnos a despertar. El problema aparece cuando permanece elevado todo el día.
“La elevación crónica es el verdadero problema”, explica Patel. “Tu cuerpo lo muestra incluso si tu mente cree que está manejando la situación”. El estrés prolongado sin recuperación impulsa inflamación, alteraciones hormonales y mayor riesgo de enfermedad. Koski-Mäkikalli lo resume de forma sencilla: el estrés no se mide por la presión, sino por la recuperación. “Si ni siquiera unas vacaciones te restauran, eso es una señal de alerta”. La longevidad depende de construir sistemas lo suficientemente resilientes para absorber el estrés y recuperarse.
El ejercicio es un ejemplo perfecto. El movimiento es esencial, pero el exceso de intensidad puede ser contraproducente. “A veces la gente se exige demasiado”, dice Barclay. “Cinco o seis clases de alta intensidad a la semana es excesivo”. El sobreentrenamiento crónico mantiene al sistema nervioso en modo de amenaza, afectando la recuperación e incrementando la inflamación. En su lugar, Barclay recomienda equilibrio: entrenamiento de fuerza para preservar músculo y control glucémico; cardio de baja intensidad para la salud cardiovascular y metabólica; y trabajo de alta intensidad limitado, enfocado en mantener la condición, no en perseguir el agotamiento. Patel añade que los hombres suelen pasar por alto habilidades clave para la longevidad. “El equilibrio, la coordinación y la agilidad son poderosos predictores de independencia en etapas posteriores de la vida”, explica. “Si no puedes pararte en un solo pie durante 10 segundos con los ojos cerrados, tu riesgo de mortalidad a 10 años se duplica”. La longevidad, señala, tiene menos que ver con intensidad y más con variedad.

