Laura María Díaz Guilleminot ejerció la docencia durante casi cuatro décadas y hoy, a los 75 años, transita una etapa marcada por el compromiso social, el crecimiento personal y el disfrute de los vínculos. La actual presidenta de Amajupay (Asociación de Maestros Jubilados de Paysandú), es una lectora incansable y promotora de prácticas terapéuticas, además de una entusiasta viajera, que en diálogo con Pasividades repasó con serenidad su historia, marcada por la vocación y el contacto con los otros.
En la entrevista reflejó esta etapa de plenitud, en la que conviven los recuerdos de su extensa trayectoria docente, el compromiso con la vida social y la búsqueda permanente de bienestar personal.
“Nací acá en Paysandú… y sigo viviendo en el mismo barrio de mi infancia”, contó al comenzar la charla en la que evocó los primeros años de una vida profundamente ligada a su entorno.
INFANCIA Y VOCACIÓN TEMPRANA
Su niñez transcurrió entre juegos tradicionales, experiencias escolares y el calor del hogar. Concurrió al Colegio María Auxiliadora, al que llegaba cada día en un ómnibus que pasaba por la puerta de su casa. Recordó aquellas jornadas que combinaban el estudio en la mañana con talleres de bordado en la tarde, aunque reconoció con humor que “si bien en esa época aprendí mucha cosa, pero la verdad es que la manualidad no es mi fuerte”.
Hija de José, mecánico, y Laura, ama de casa, reivindicó especialmente el papel de las mujeres de aquella época. “En esa época las mujeres eran amas de casa, no salían a trabajar fuera del hogar, pero quiero reivindicar el valor de las amas de casa”, señaló.
Evocó una infancia feliz, en la que creció junto a su hermana menor y que estuvo marcada por los juegos compartidos con amigas del barrio y de la escuela, las rondas, las muñecas y actividades recreativas que hoy ya son parte de otro tiempo. Recordó especialmente “un juego que se llamaba La Prisionera, que se jugaba con una pelota y dos bandos”, según explicó. También recordó el entusiasmo que despertaban los circos o la llegada de los parques de diversiones y que, por cierto, “no venían mucho”.
Tras culminar la escuela continuó sus estudios en el Liceo N.º 1, donde debió rendir un examen de ingreso por provenir de un colegio privado religioso. Aunque inicialmente cursó los preparatorios de Medicina por su interés en la biología, la inclinación por la enseñanza terminaría definiendo su destino profesional.
LOS PRIMEROS PASOS EN LA DOCENCIA
Egresó del Instituto de Formación Docente en 1974, en un contexto complejo para el país. Sus primeras experiencias laborales la llevaron a escuelas rurales, donde descubrió el valor del trabajo comunitario y el contacto directo con las familias.
“Mi primera experiencia laboral fue en el campo”, recordó. Ejerció la docencia en zonas como Tres Árboles, Soto y Queguayar, y para ello debió trasladarse largas distancias y permanecer allí durante la semana.
Aquellos años dejaron huellas profundas. “Fueron momentos lindos, con mucha gente muy bien”, señaló, al recordar el vínculo cercano con la comunidad y la hospitalidad de las familias que las recibían. Recordó también los viajes semanales, las caminatas por el campo para llegar a la escuela y el clima de cooperación que caracterizaba el trabajo cotidiano. “Me acuerdo que cuando viajábamos a Soto, el ómnibus paraba en un comercio de ramos generales, y después hacíamos como 3 kilómetros dentro del campo”, como manera de acortar camino. “Pasábamos por la casa de una familia, que estaba pegada a la escuela, y ahí siempre nos esperaban”, comentó entre esas tantas anécdotas que permanecen nítidas en su memoria.
UNA CARRERA DEDICADA A LA EDUCACIÓN INICIAL
Con el retorno de la democracia, decidió especializarse en educación inicial, área en la que desarrollaría el resto de su carrera. “Cuando volvió la democracia, hice la especialización de educación inicial”, explicó.
Desde entonces trabajó en el Jardín N.º 91, luego en el Jardín N.º 104 de Guichón y finalmente en el Jardín 70 de Young, desempeñandose como directora hasta su jubilación. La formación continua fue una constante en su trayectoria: “hice el curso de Dirección, así que trabajé como directora, concursé por Inspección y me jubilé en el año 2013”, detalló.
Sobre lo que la docencia dejó en su vida, no dudó en responder: “Muchas cosas lindas, el afecto de los niños”. Destacó especialmente el vínculo con los más pequeños, cuyo cariño espontáneo considera uno de los mayores regalos de su profesión.
También reconoció los desafíos del rol docente y los cuestionamientos que a menudo enfrenta la tarea educativa, pero reafirmó el valor de la vocación. “Por lo menos en mi caso es vocación, es importante el trato con el otro y lo que hacés con los niños”, expresó. Ante la pregunta de si volvería a elegir el mismo camino, responde con firmeza: “Sí”.
UN NUEVO CAPÍTULO TRAS LA JUBILACIÓN
El retiro laboral no significó el fin de su actividad, sino el comienzo de una nueva etapa. “Después que me jubilé, empecé a reorganizarme nuevamente”, señaló.
Su participación en Amajupay, asociación de la que ya era socia e integrante de la comisión, se intensificó hasta asumir la presidencia.
En ese espacio encuentra contención y oportunidades de desarrollo personal. “Mucha camaradería, es importante lo social, el intercambio de ideas, el convivir con el otro”, destacó, valorando especialmente los talleres y actividades que promueven la participación activa de las personas mayores.
Entre las propuestas mencionó clases de yoga, excursiones y viajes organizados por la institución, experiencias que fortalecen los vínculos y estimulan el disfrute compartido.
BÚSQUEDA INTERIOR Y CRECIMIENTO PERSONAL
La etapa actual de su vida también está marcada por el desarrollo espiritual y terapéutico. Desde hace más de dos décadas se dedica al reiki, práctica que integra a su vida cotidiana y utiliza para ayudar a otros.
“Me ha aportado tranquilidad, paz, una conciencia interior, espiritual. Proporciona equilibrio y armonía”, explicó. Inició este camino entre 2002 y 2003, aunque fue tras su jubilación cuando pudo dedicarle mayor tiempo.
A su formación sumó estudios en osteopatía biológica integral, disciplina que combina el abordaje corporal con la reflexología cerebral y la comunicación terapéutica. Esta experiencia incluso la llevó a viajar al exterior junto a su grupo de estudio para completar su formación.
TIEMPO PARA DISFRUTAR
Hoy Laura organiza su rutina entre actividades que le brindan bienestar y satisfacción personal. Caminar, leer y participar en clases de yoga forman parte de su vida diaria. “Me gusta caminar, me gusta leer, leo mucho”, comentó.
Aunque reconoció que no disfruta madrugar, mantiene una actitud comprometida con las actividades que elige realizar. El contacto con los afectos también ocupa un lugar central en su vida. “Comparto con los afectos”, contó, destacando el papel de “los amigos que son muy importantes”.
UNA VIDA PLENA
Al reflexionar sobre su presente, Laura se mostró agradecida y conforme con el camino recorrido. La docencia, el compromiso social, la búsqueda interior y el vínculo con los demás han construido una trayectoria coherente con sus valores.
“Soy feliz”, dijo con sencillez, resumiendo así el sentido de una vida guiada por la vocación, el aprendizaje permanente y la importancia de compartir con otros cada etapa del camino.