Educar la mente: el desafío psicológico que influye en la calidad de vida

Escribe: Lic. Ps. Yasmin Buono

Todos a cada momento del día poseemos una mente que piensa, toma decisiones; por lo tanto sentimos emociones y actuamos. Ese hecho cotidiano puede convertirse en una fuente de sufrimiento y malestar o un camino hacia una vida más plena y consciente.

En el transcurso de la vida, muchas personas descubren que aquello que creían seguro cambia con el tiempo. Pensaban estar enamorados y luego van descubriendo que no era amor, creían tener razón y más tarde reconocen que estaban equivocados. Tomaron decisiones convencidos que eran correctas y después actuaron de manera torpe e impulsiva.

Esta experiencia, profundamente humana, muestra una característica central de la mente: su capacidad para interpretar, asociar, etiquetar y construir interpretaciones y significados de todo lo que vivimos, donde en la mayoría de las veces no son precisos ni objetivos.
Por lo tanto, desde varias corrientes psicológicas humanistas, se sostiene que gran parte del sufrimiento psicológico surge cuando la mente funciona de manera automática, sin consciencia ni entrenamiento.

Una herramienta poderosa y también engañosa

Muy pocas personas conocen realmente la capacidad que posee la mente humana. Se nos enseñan muchos conocimientos en la escuela, el liceo o la universidad pero ninguno está enfocado a conocer nuestra mente desde niños. Tenemos una extraordinaria capacidad para imaginar, anticipar y reflexionar.
Sin embargo, también puede crear interpretaciones erróneas, juicios que son prematuros y precipitados y narrativas internas que terminan influyendo en nuestras decisiones.

Muchas dificultades emocionales, expresa el psicólogo Carl Rogers, aparecen cuando existe una distancia entre lo que realmente somos y la imagen que creemos que deberíamos ser. Esa tensión interna de autoexigencia o comparación puede generar confusión, culpa o sensación de fracaso.

En una línea similar el psicólogo Abraham Maslow, uno de los principales referentes de la psicología humanista, planteó que los seres humanos poseen un potencial natural para el crecimiento y la autorrealización. Pero ese desarrollo requiere conciencia, reflexión y un continuo aprendizaje interior.
Cuando la mente funciona sin tener esa conciencia puede volverse rígida, repetitiva o incluso engañosa. Pensamientos automáticos alimentados por interpretaciones exageradas o creencias limitantes pueden terminar guiando nuestras acciones sin que lo tengamos tan presente. Pensamos, pero sin tener real conciencia de lo que pensamos, sin cuestionarlo.

La educación interior

Cuando la mente es educada se aprende a observar, comprender los pensamientos y tener mayor conciencia emocional y conductual.

Viktor Frankl, autor que cito bastante en este espacio, fundador de la logoterapia, afirmaba que incluso en las circunstancias más difíciles el ser humano conserva una capacidad fundamental: elegir la actitud con la que enfrenta su realidad. Esa libertad interior es uno de los pilares del crecimiento y bienestar psicológico.
La mente se puede volver una cárcel: sensaciones difíciles, incontrolables, recuerdos dolorosos, ideas repetitivas donde se vuelve un lugar difícil de escapar.

La buena noticia es que se puede aprender, desarrollando habilidades psicológicas que favorezcan mayor claridad, compasión y equilibrio emocional para una mayor calidad de vida. (097352937)

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