Mal negocio la guerra

La Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, publicó esta semana un informe en el que alerta sobre el impacto que el conflicto en el estrecho de Ormuz podría ocasionar en el precio mundial de los alimentos, con severas consecuencias para la seguridad alimentaria para millones de personas alrededor del mundo, pero además con importantes desafíos para las economías alrededor del planeta.
Más que una interrupción temporal del transporte marítimo, la FAO califica el conflicto como “el inicio de un choque agroalimentario sistémico que podría desencadenar una grave crisis mundial de precios de alimentos en los próximos seis a doce meses”, por lo que sostiene que es necesario adoptar medidas de emergencia, entre las que menciona “establecer rutas comerciales alternativas, limitar las restricciones a las exportaciones, proteger los flujos humanitarios y crear reservas para absorber el aumento de los costos de transporte”.
Máximo Torero, economista jefe de la FAO, dijo en el mensaje que acompaña el informe publicado el pasado miércoles, que es momento de empezar a pensar en cómo minimizar los impactos potenciales. Ello implica “estudiar las intervenciones de los gobiernos, las organizaciones financieras internacionales, el sector privado, así como las agencias de la ONU y otros centros de investigación, para ayudar a los países a enfrentar mejor la situación actual”.

Para evitar esta crisis la agencia considera que es necesario tomar decisiones, tanto agricultores como gobiernos, acerca del uso de fertilizantes, las importaciones, la financiación y la elección de cultivos.
El índice de precios de los alimentos de la FAO, que mide la evolución mensual de los precios internacionales de una canasta de productos alimenticios comercializados a nivel mundial, aumentó por tercer mes consecutivo en abril. Los precios son impulsados por los altos costos de la energía y las perturbaciones del comercio relacionadas con el conflicto en Oriente Medio. “El impacto se propaga en etapas sucesivas: primero la energía, luego los fertilizantes y las semillas, después los rendimientos agrícolas, seguido de un aumento en los precios de las materias primas y, finalmente, una aceleración de la inflación alimentaria”, sintetiza el informe. Pero a esta situación ya hacer un mes que el Banco Mundial le había puesto números. En un artículo titulado “La guerra en Oriente Medio provocará el mayor aumento de los precios de la energía en cuatro años”, el organismo crediticio multilateral anticipó que este año los precios de los productos básicos aumentarán un 16%, lo que impulsará la inflación y desacelerará el crecimiento global.

Los datos forman parte de la última edición del informe Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos) del Grupo Banco Mundial. Allí se anticipa que este año los precios de la energía aumentarán un 24%, con lo que alcanzarán su nivel más alto desde la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. La guerra en Oriente Medio está provocando una grave conmoción en los mercados mundiales de productos básicos, impulsados por “el vertiginoso incremento de los precios de la energía y los fertilizantes, y por los máximos históricos que han alcanzado los precios de varios metales clave”.
Pero el análisis va más allá, e indica que la crisis tendrá “graves consecuencias para la creación de empleo y el desarrollo”.

Por el estrecho de Ormuz transita cerca del 35% del comercio mundial de petróleo crudo transportado por mar, con lo que el conflicto ha desencadenado “la mayor crisis de suministro de petróleo registrada hasta la fecha, con una reducción inicial en el suministro mundial de alrededor de 10 millones de barriles por día”. Los precios del petróleo Brent se han sostenido en más de un 50% por encima de los niveles registrados a principios de año, dice el informe que se publicó en abril.
Los pronósticos de los expertos hablan de que en 2026 el petróleo Brent alcanzará un promedio de U$S 86 el barril, lo que supondría aumento significativo respecto a los 69 dólares por barril promediados en 2025. Pero claro, estos pronósticos suponían que “las perturbaciones más agudas terminarán en mayo y que a fines de 2026 el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz volverá gradualmente a los niveles anteriores a la guerra”. A menos de diez días para terminar mayo, no parece cercano el cierre del conflicto, y los valores permanecen por encima de los 100 dólares por barril. Así las cosas, estas estimaciones promediales podrían quedarse cortas. Lo veremos, en último caso.

De lo que no hay dudas es que la guerra ya ha ocasionado una distorsión en la economía mundial. El Banco Mundial lo explica en una serie de “oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego con el aumento de los precios de los alimentos y, por último, con el aumento de la inflación, que elevará las tasas de interés y encarecerá aún más la deuda”, indicó Indermit Gill, economista jefe y vicepresidente senior de Economía del Desarrollo del Grupo Banco Mundial.
Se prevé que en 2026 los precios de los fertilizantes aumentarán un 31%, impulsados por un alza del 60% en los precios de la urea. Esto podría empujar a hasta 45 millones de personas más a una situación de inseguridad alimentaria aguda este año.

El economista jefe planteó que las mayores dificultades las afrontarán las personas más pobres “que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos y combustibles”, y que lo mismo va a ocurrir con las economías en desarrollo “que ya se ven agobiadas por una pesada carga de deuda”. En síntesis, Gill puso el mejor cierre que podría tener esta página: “la guerra es el desarrollo a la inversa”.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*