Hay lugares que hablan. No necesitan discursos, no requieren explicaciones sofisticadas. Hablan solos. Y lo que hoy muestran varias cuadras de nuestra ciudad es, simplemente, abandono.
La zona delimitada por Uruguay, Silván Fernández, 18 de Julio y Entre Ríos –un punto neurálgico donde funcionan los liceos 1 y 5– debería ser un ejemplo de cuidado, de presencia institucional, de respeto por el espacio público. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario.
A plena vista, edificios deteriorados, fachadas descascaradas, estructuras que evidencian años sin mantenimiento. Pero el problema no es solo estético: es mucho más profundo. Es social, es institucional y, sobre todo, es humano. En el gimnasio que depende del liceo 1, en la esquina de Florida y Carlos Albo, hay una realidad que se repite todas las noches: al menos cinco personas duermen bajo un alero. No es un caso aislado ni circunstancial. Es una situación permanente. Y con ella llegan los conflictos, las peleas, el desorden. A pocos metros de un centro educativo.
Como si fuera poco, sobre Carlos Albo –desde Florida hacia el sur– una de las puertas del mismo gimnasio se ha transformado en un baño a cielo abierto. Sí, en pleno centro urbano. Sí, frente a instituciones educativas. Sí, con total naturalidad y sin que nadie intervenga. Y hay más. Sobre Florida, antes de Entre Ríos, funcionaba una hermosa capilla dedicada a San José. Un espacio con valor simbólico, histórico y espiritual. Hoy, ese lugar fue vandalizado, destruido, arrasado. Y lo más grave no es solo el daño material, sino el silencio posterior. Nadie actuó. Nadie respondió.
En esa misma cuadra, además, funciona una pensión sobre la cual surgen dudas elementales: ¿está habilitada por la Intendencia? ¿Cumple con las condiciones mínimas? ¿Alguien controla?
La suma de todos estos hechos no es casual. Es consecuencia directa de la ausencia. Ausencia de controles, ausencia de decisión, ausencia de autoridad.
Aquí no se trata de estigmatizar a quienes hoy duermen en la calle. Se trata de entender que el abandono del espacio público perjudica a todos: a quienes viven esa situación extrema y a los vecinos que conviven diariamente con el deterioro, la inseguridad y la falta de respuestas.
La pregunta es inevitable: ¿dónde están las autoridades?
Porque esto no es invisible. No ocurre en un rincón apartado. Ocurre en una zona céntrica, transitada, educativa. Ocurre frente a todos.
Es momento de que la Intendencia, la Policía y la Fiscalía dejen de mirar hacia otro lado y actúen. Que controlen, que ordenen, que intervengan. Que recuperen lo que hoy parece perdido.
Porque cuando el abandono se naturaliza, lo que sigue no es la resignación: es el deterioro total. Y eso, todavía, estamos a tiempo de evitarlo.
Vecinos


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