Tomárselo a la ligera

La Junta Nacional de Drogas anunció para antes de fin de año una campaña de prevención enfocada en el consumo problemático de alcohol. El doctor Gabriel Rossi, secretario de la Junta, afirmó que “tenemos en el Uruguay 330.000 personas que consumen alcohol en forma problemática. Esto es un 10% de la población, o sea, estamos hablando de mucha, mucha gente”. Aclaró, no obstante, que no corresponde a esta cifra la cantidad de personas alcohólicas, es decir, que han desarrollado una dependencia a esa sustancia. “En esos 330.000 hay un porcentaje que son alcohólicos, pero el mayor porcentaje son personas que tienen problemas con el alcohol, quiere decir que en el que pueden tener problemas, pero que si siguen tomando esta cantidad, que es mucha, en el futuro van a tener problemas seguro”. Y agregó que el alcohol “le genera muchísimos gastos al estado. El último estudio de costos del alcohol, que se hizo en el 2017, decía que estábamos gastando 330 millones de dólares por año en el tema alcohol, en costos directos indirectos”.

Pero además de este problema de la cantidad de personas que se expone al consumo problemático de alcohol, el país tiene otro problema no del todo asumido, que es la temprana iniciación en el consumo de bebidas alcohólicas, así como de otras sustancias.

La última Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media, correspondiente al período 2024-2025 mostró un estancamiento. Según el informe, la edad promedio de inicio es de 13 años y el 72% de los jóvenes de entre 13 y 17 años consumió alcohol en el año previo a la encuesta. Esta cifra se ha mantenido prácticamente incambiada en las últimas dos décadas. De hecho, Uruguay cuenta con una serie temporal de diez mediciones desde 2003 y el consumo de alcohol en adolescentes se ha mantenido estable, es decir, que no han incidido los cambios de gobierno o de las políticas.

Rossi, que además del cargo que ejerce en la Junta, es especialista en psiquiatría infantil y adolescente, comentando acerca de este estudio en una entrevista en Radio Carve, planteaba que el alcohol “representa la primera sustancia adictiva de comercialización libre y, en términos de mortalidad directa e indirecta, supera ampliamente a cualquier droga ilegal”. También señaló que muchas veces el vínculo con este consumo no aparece explícito en los certificados de defunción, lo que invisibiliza esta relación causa-efecto. Los sucesivos estudios constatan un “consumo episódico excesivo” durante los fines de semana, una práctica habitual en los liceales uruguayos que interfiere directamente en el desarrollo del córtex prefrontal. Esta zona del cerebro, ubicada tras la frente, y última en madurar, es crucial para el control de impulsos y la planificación cognitiva. “Ese cerebro que está en desarrollo tiene que hacer un esfuerzo enorme si está bajo efecto del alcohol”, explicaba Rossi. El costo, decía, no siempre es inmediato o visible, “pero implica un potencial desarrollo cognitivo inferior al que esos mismos jóvenes habrían alcanzado sin la presencia del tóxico”. Al igual que existe con el tabaco, hay en nuestro país una ley reguladora de algunos elementos del mercado del alcohol, por ejemplo la publicidad. Se trata de la Ley N° 19.855 de “Creación de marco regulatorio para el consumo problemático de bebidas alcohólicas”, de diciembre de 2019. El secretario indicó que no se está aplicando, y que aunque está vigente el decreto que prohíbe la venta entre la medianoche y las seis de la mañana, es una mínima parte del paquete de medidas que podrían desplegarse para tratar de hacer frente a este problema. “La raíz del problema es antropológica, y es que el alcohol está incrustado en la identidad festiva y deportiva uruguaya, casi al nivel del mate”, planteó.

Hay otros problemas asociados, no solamente a este consumo, pero también, y es un factor que está incidiendo en la dificultad para hacerle frente; hablamos en concreto de la alarmante situación de calle que se vive no solamente en Montevideo, sino que ya en varias ciudades del país, incluso en algunas que no son en población tan relevantes y en las que se podría asumir como un problema no digamos que de sencillo control, pero por lo menos asumible por lo acotado de la distribución geográfica. Pero estos mismos problemas de consumos son los que muchas veces terminan minando la capacidad de relacionarse con otras personas y originando una situación de exclusión y, en último término, de abandono y de calle.

De hecho en diferentes zonas del Área Metropolitana personal de la Junta Nacional trabaja junto a funcionarios del Ministerio de Desarrollo Social en un abordaje en conjunto para buscar atender tanto la situación de calle como lo consumos problemáticos.

“Hay personas que necesitan una internación psiquiátrica, hay personas que necesitan internarse para hacer una desintoxicación, hay personas que pueden llegar a ir a estos dispositivos que tenemos ambulatorios en donde pueden ir y estar 4 o 5 horas todos los días y hay personas que no quieren ir, directamente”. Porque no todo consumidor quiere ser ayudado, así como no toda persona que está en calle quiere ir un refugio, decía Rossi. Como estándar internacional, está planteado que de la gente que consume y tiene problemas, en general consulta el 20% aproximadamente, “lo cual es muy poco”.

El escenario es preocupante, aunque de alguna manera, al ser una sustancia legal, y, como dice Rossi, tan internalizada en la cultura uruguaya, todo este aspecto negativo que le rodea suele dejarse de lado. Sin embargo es, a todas luces, un problema serio de salud pública, eso sin entrar a hablar de otros daños colaterales, como la incidencia que en los siniestros de tránsito tiene el conducir con los sentidos alterados. Eso sí, después tendríamos que hablar con la misma franqueza con que abordamos este, de otro problema serio como el abuso de psicofármacos, del que tampoco estamos libres y que no aparece evidenciado en los partes policiales de las colisiones o despistes.

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