En una sesión especial celebrada por el 163º aniversario de la declaratoria de Paysandú como ciudad, la Junta Departamental rindió un sentido homenaje póstumo al ingeniero agrimensor, docente y exedil Ramón Appratto Lorenzo. Representantes de los tres partidos, el expresidente Luis Alberto Lacalle y su hijo Manuel evocaron su inteligencia, su austeridad, su compromiso con la comunidad y una manera de hacer política basada en el respeto y la preparación. La sesión especial reunió a autoridades departamentales, entre ellas el intendente Nicolás Olivera, ediles y familiares del homenajeado. La fecha permitió celebrar a la ciudad, pero también detenerse en la ausencia de un hombre profundamente vinculado con Paysandú y con una forma de entender el servicio público que dejó una huella más allá de las diferencias partidarias.
“CON APPRATTO HABÍA QUE ESTUDIAR”
El edil colorado David Helguera compartió la sala con Appratto desde 2005. Habló del respeto que inspiraba y del aprendizaje que significaba debatir con él. “Con el ingeniero Ramón Appratto había que estudiar”, resumió.
Lo definió como un hombre serio, austero, frontal y honesto, capaz de sostener sus convicciones con firmeza sin perder la delicadeza. Recordó una frase que Appratto pronunció luego de una noche de discusiones encendidas, cuando comparó a algunos ediles con “una manada de elefantes sobre un cristalero”.
También destacó que, desde una identidad partidaria diferente, aprendió de Appratto conceptos que trascendían cualquier frontera política. “Aprendí de patria, de orientalidad, de nacionalidad, del sentir patriótico a la hora de hacer estas cosas tan nobles, que es ser parte de la legislación del departamento”, afirmó.
UN LEGADO QUE TRASCENDIÓ LOS PARTIDOS
En representación de la bancada del Frente Amplio, Rosana Pereira destacó que el exedil defendió sus ideas políticas “con respeto y altura” y dejó un legado valioso para la comunidad sanducera. El edil nacionalista Javier Pizzorno lo definió como una persona “ilustrada y estudiosa”, pero también como un compañero dispuesto a compartir sus conocimientos. “Detrás de su cara seria y adusta había un compañero que siempre estaba presente, que siempre dejaba enseñanza”, señaló.
Pizzorno recordó la amplitud de sus preocupaciones. Appratto trabajó sobre urbanismo, vivienda, caminería rural, saneamiento, agua potable, tránsito, accesibilidad, cultura y desarrollo del interior departamental. Impulsó planteos vinculados con Quebracho, Morató, El Eucalipto y zonas rurales. También promovió la recuperación del Teatro Florencio Sánchez, propuso la instalación de un ascensor en el edificio de la Junta y defendió la elaboración de un Digesto Departamental.
También escribió en EL TELEGRAFO, brindó charlas de historia y dedicó parte de su tiempo a la radio. Sus intereses abarcaron desde la figura de José Artigas y el legado de Aparicio Saravia hasta la demografía, el envejecimiento de la población y la crisis de la Caja de Profesionales, tema al que dedicó un libro.
“Fue una persona de una sola palabra, un gran compañero y un maestro”, expresó Pizzorno.
EL RECUERDO DE UN COMPAÑERO DE JUVENTUD
El expresidente Luis Alberto Lacalle envió un mensaje videograbado en el que recordó una amistad nacida muchos años atrás, cuando ambos eran estudiantes del Colegio Seminario de los Jesuitas, en Montevideo.
Lacalle describió a Appratto como “un hombre de una inteligencia superior a la normal” y destacó especialmente su capacidad para las matemáticas y las ciencias, rasgos que luego marcarían su formación profesional.
“Apratto para mí siempre fue un recuerdo muy lindo de la escuela, del liceo y después de la actividad partidaria”, afirmó.
“ESE TIEMPO HA VALIDO LA PENA”
El momento más íntimo de la noche llegó con las palabras de Manuel Appratto, hijo del homenajeado.
“El tiempo que le dedicó a su comunidad fue a conciencia, con voluntad, con compromiso, con responsabilidad y con mucho estudio”, expresó. Manuel señaló que su padre pasaba largas horas en su escritorio analizando los temas que llegaban a sus manos o aquellos que él mismo detectaba en la realidad cotidiana. “Ese tiempo que no vuelve ni va a volver, entiendo que ha valido la pena”, afirmó. La frase quedó resonando en la sala como una síntesis del homenaje.
Al finalizar, la Junta Departamental entregó un reconocimiento a la familia.
En la noche en que Paysandú celebró sus 163 años como ciudad, la Junta recordó a uno de sus hombres públicos. No solamente por la cantidad de iniciativas que presentó ni por los cargos que desempeñó. Lo recordó por una forma de estar en la vida pública. Con estudio. Con seriedad. Con convicciones. Con respeto. Y con la certeza de que el tiempo dedicado a los demás puede dejar una huella que permanece.

