Se fue Indio Solari, la voz que marcó una época

El jueves por la mañana, una noticia conmovió al mundo de la música y la cultura rioplatense: en su residencia de Parque Leloir, Ituzaingó, Buenos Aires, falleció a los 77 años Carlos Alberto Solari, más conocido como el Indio Solari. Quienes crecimos escuchando rock desde la segunda mitad de los años ‘80 sentimos que se va mucho más que un cantante. Se va, podríamos decir, una de las voces que ayudó a definir una época y una manera distinta de entender la música, el arte y la cultura popular.

En ciudades como Paysandú, lejos de los grandes centros culturales, las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota –la mítica banda que Solari integró durante más de dos décadas– comenzaron a llegar de forma casi misteriosa. Circulaban en casetes grabados, en discos que algún amigo traía desde Argentina o a través de programas de radio especializados. Poco a poco fuimos conociendo aquellos temas de letras extrañas, fascinantes y difíciles de descifrar, al punto de que podíamos discutir durante horas intentando descubrir qué querían decir realmente. Al mismo tiempo, eran himnos que podían bailarse o cantarse a los gritos y convocar multitudes. Hablamos de temas como Ji Ji Ji, Un poco de amor francés, La bestia pop, Todo un palo, Un ángel para tu soledad, Motorpsico, Mariposa Pontiac y muchos otros, que fueron parte de la banda sonora de varias generaciones. Detrás de esas letras estaba la pluma del Indio.

Un artista singular

Nacido en Paraná el 17 de enero de 1949 y criado en La Plata, Solari desarrolló desde joven intereses vinculados a la literatura, las artes visuales y la contracultura. Admirador de autores de la generación beat y aficionado al dibujo y las artes gráficas, estudió Bellas Artes antes de volcarse definitivamente a la actividad artística. Mucho antes de convertirse en una figura masiva, ya era conocido en los ambientes culturales platenses por su personalidad poco convencional, su mirada crítica y su inclinación a desafiar las convenciones.

Junto al guitarrista Skay Beilinson y un núcleo de artistas y colaboradores, entre los que sobresalieron la histórica representante Poli Martínez y el ilustrador Rocambole, dio forma a una banda que llegaría a convertirse en uno de los fenómenos más singulares de la historia del rock argentino. Los Redondos fueron diferentes porque eligieron construir un camino al margen de las reglas tradicionales de la industria. Durante años rechazaron la exposición mediática, las grandes campañas publicitarias y las fórmulas comerciales. Apostaron a la autogestión, al boca a boca y a una relación directa con su público. En torno a ellos se creó una mística única, alimentada por el misterio de la figura de “Patricio Rey”, las imágenes de Rocambole y las letras de Solari, cargadas de metáforas, referencias literarias, crítica social y personajes marginales.

Con el paso del tiempo, el Indio se transformó en una figura tan influyente como esquiva. Concedía pocas entrevistas, evitaba las apariciones públicas y cultivó una imagen misteriosa que contribuyó a agrandar su leyenda. Sin embargo, esa distancia nunca debilitó el vínculo con su público, que encontró en sus canciones una forma de identidad y pertenencia.

El último tramo del camino

Tras la disolución de Los Redondos en 2001, Solari comenzó una nueva etapa junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Lejos de vivir de la nostalgia, siguió construyendo una obra propia y mantuvo una convocatoria extraordinaria. En 2016 hizo público que padecía la enfermedad de Parkinson y, si bien con el avance de la enfermedad fue alejándose progresivamente de los escenarios, continuó trabajando en grabaciones, publicaciones y distintos proyectos artísticos. El pasado 15 de mayo la Universidad de Buenos Aires (UBA) le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Aunque el avanzado estado de su enfermedad le impidió asistir de forma presencial, participó mediante una conexión audiovisual y dejó el que terminaría siendo su último mensaje público. El acontecimiento adquirió una dimensión de fervor popular poco habitual para los ámbitos universitarios.

Con la muerte del Indio desaparece una figura irrepetible del rock argentino. Poeta, cronista de su tiempo, agitador cultural, creador de un universo propio, dejó una obra que trascendió ampliamente la música. Cayendo quizás en un lugar común, podemos decir que no se va del todo, que sus canciones seguirán sonando en parlantes, radios, guitarras y reuniones de amigos, acompañando a quienes encuentran en ellas una forma particular de mirar el mundo. Para muchos el Indio no fue solamente un músico, sino también una parte importante de nuestra propia historia.
Chito Lemes

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