El alzheimer presenta desafíos en las formas de relacionamiento con una persona que padece demencia. Su entorno y la comunidad en general, tiende a pensar que se trata únicamente de la pérdida de memoria. “La manera en que le hablamos puede disminuir mucho su ansiedad o aumentar su confusión y, como primer punto, hay que comprender antes de actuar, porque la persona no olvida porque quiere, no actúa de esta manera por capricho, sino que su cerebro procesa la información de una manera muy diferente y con una gran dificultad”, aseguró el psicólogo Gonzalo Gamboa, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP) que lidera el Dr. Gustavo Curbelo.
Es una patología que requiere paciencia, seguridad y contención. “No debemos intentar que la persona se adapte a nosotros, sino que debemos adaptarnos a su enfermedad”, agregó.
Otro punto importante es la forma de comunicarse. “Hablar despacio y con frases cortas. Muchas veces las frases prolongadas generan confusión y no perder el hilo conductor de esa conversación o comprensión de lo que se habla. Es importante el contacto visual, amigable y llamarla por su nombre. También hay que dar una sola indicación por vez para que la persona comprenda que tratamos de ayudarla”, recomendó.
Qué evitar
En el trato con una persona que padece demencias no hay que discutir ni corregir constantemente. “Hay que evitar preguntas que exijan recordar, porque la persona va perdiendo esa capacidad, e incluso los recuerdos de la memoria a largo plazo ante las etapas más avanzadas”.
Tampoco “infantilizar” a la persona sino mantener el respeto, “no minimizar lo que expone sino tomarlo con seriedad para que se sienta contenida y hacerle saber que todavía se la tiene en cuenta. Otro punto es favorecer un buen día, mantener rutinas muy específicas, como levantarse y vestirse a cierta hora, tomar el desayuno manteniendo un horario y hacer actividades con cierta rutina antes del almuerzo”.
Durante la jornada, sugirió evitar ruidos excesivos, darle tiempo para que la persona procese lo que sucede y pueda dar una respuesta. “Además, debe valorarse cada pequeño logro que pueda generar con actividades sencillas. El alzheimer cambia la memoria, pero la persona sigue necesitando afecto, respeto y comprensión. No siempre podemos cambiar la enfermedad pero sí la manera en que nos relacionarnos con quien la padece. La persona puede perder la memoria pero siempre va a asociarnos a cómo la tratamos”.
Cambios emocionales
Durante el avance de la enfermedad, la persona registra cambios a nivel emocional y en el comportamiento. “A su vez, influye en la calidad de vida de la persona y, por supuesto, de quienes acompañan. Ya hemos hablado que se trata de una patología neurodegenerativa que, paulatinamente, provoca un deterioro progresivo del cerebro. A medida que avanza, no solo se pierden recuerdos, sino que se alteran áreas cerebrales muy específicas, encargadas de regular las emociones”, dijo a Pasividades.
El alzheimer condiciona la forma de relacionarse con los demás y “uno de los cambios más frecuentes es la apatía”. Explicó que “la persona pierde el interés por actividades que antes disfrutaba, participa menos en las conversaciones, disminuye sus iniciativas y puede pasar períodos de tiempo muy prolongados sin hacer ninguna actividad”.
Aclaró que no lo hace “por falta de voluntad, sino a consecuencia directa de la enfermedad y también es muy frecuente la ansiedad. Muchas personas con alzheimer sienten temor o preocupación por no poder comprender dónde se encuentran o dónde están, lo que ocurre o quiénes rodean a esa persona”.
Ansiedad y depresión
La ansiedad se manifiesta por “la necesidad de caminar constantemente, haciendo preguntas de forma reiterativa o con grandes dificultades para relajarse”.
Otro estado emocional es la depresión. “Puede mostrarse triste, llorar con facilidad, perder el apetito, dormir más horas o menos de lo habitual. Deja de disfrutar de las actividades que antes le resultaban placenteras y eso ocurre durante las primeras etapas, cuando aún conserva la consciencia de sus dificultades”.
De acuerdo a Gamboa, “la depresión puede ser más evidente debido a que percibe la pérdida de sus capacidades. La persona se da cuenta que algo sucede y esa depresión tiene una justificación”.
En etapas posteriores, la depresión puede ser por resultado del avance de la enfermedad. “La irritabilidad es muy común, se manifiesta en situaciones simples que pueden generar enojo o frustración porque hablamos de una enfermedad que dificulta comprender lo que sucede y poder expresarlo de una forma adecuada. En algunas personas pueden presentarse episodios de agitación o agresividad. Estos comportamientos, generalmente son formas de expresar malestar, dolor, miedo e incluso confusión”.
Con la enfermedad ya instalada, registrará cambios bruscos en el estado de ánimo y aislamiento social. “Es importante recordar que estos cambios anímicos no son iguales en todas las personas y cada uno transcurre su enfermedad de manera distinta. Frente a estos cambios, el papel de la familia y los cuidadores es vital”, indicó.
Concluyó que “las rutina estables, hablar con calma y utilizar frases sencillas, demostrar paciencia y afecto será una ayuda vital para disminuir la confusión”.