Escribe Lic. Ps. Yasmin Buono: El sufrimiento detrás de las conductas compulsivas

Vivimos en una época en la que cada vez aparecen más formas de nombrar conductas problemáticas. Se habla de adicción al alcohol, las pantallas, la marihuana, cocaína, la comida, apuestas, pornografía, compras, videojuegos, redes sociales o trabajo.

La tendencia parece bastante clara, cada conducta problemática va adquiriendo una etiqueta propia y en algunas ocasiones una identidad diagnóstica.

Sin embargo, me parece que es importante una pregunta: ¿aparecen trastornos diferentes o distintas expresiones de un mismo proceso psicológico?

La respuesta a esta pregunta es compleja, cada vez más autores sugieren que el foco no debería estar puesto principalmente en la conducta visible, sino en la función que esa conducta cumple para la persona.

La conducta cambia, la función permanece

A primera vista, una persona que consume cocaína compulsivamente parece muy diferente de otra que revisa su teléfono cada dos minutos. Pero cuando exploramos o indagamos qué obtiene cada una de esas conductas, comienzan a aparecer similitudes que son bastante llamativas.

En muchos casos, la conducta sirve para disminuir la ansiedad, evitar emociones dolorosas, aliviar sentimientos de vacío, soledad, reducir la culpa, escapar de recuerdos traumáticos o generar una sensación momentánea y a corto plazo de control.

Desde esta perspectiva, lo importante no es tanto el objeto de la adicción sino el malestar que intenta regular.

El psiquiatra y experto en trauma y adicciones Mabor Maté sostiene que la pregunta más importante no es ¿por qué la adicción?, sino, ¿cuál es el dolor?

Según su enfoque, las conductas adictivas suelen representar intentos de adaptación frente al sufrimiento mental y emocional, especialmente cuando existen experiencias de traumas no elaborados, negligencia o desconexión afectiva.

La visión funcional

El psicólogo Steven Hayes, creador de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) describe muchos comportamientos adictivos como formas de “evitación experiencial”: intentos persistentes de escapar de pensamientos, emociones, sensaciones internas consideradas intolerables o altamente incómodas.

Desde la teoría del aprendizaje, autores como Skinner ya habían señalado que una conducta tiene tendencia a repetirse cuando logra eliminar o reducir una experiencia incómoda o aversiva.

En mi opinión, centrarnos solo en la forma de la adicción puede llevarnos a perder de vista lo que está detrás. Decir que alguien tiene adicción a las pantallas describe qué hace, no necesariamente explica por qué lo hace. Y ahí suele ser importante el proceso terapéutico.

La pregunta relevante no es solamente qué consume una persona, a qué o cuánto apuesta, cuánto alcohol toma o cuántas horas pasa conectada.

Además, la pregunta es: ¿qué ocurre cuando intenta dejar de hacerlo? ¿Qué emoción aparece? ¿Qué recuerdos? ¿Qué vacío queda expuesto?

El trabajo terapéutico muchas veces consiste en desarrollar estrategias eficaces para gestionar lo que la persona sola, no puede. (097352937)

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