Francisco Gentile hoy: “Yo me siento activo, no soy pasivo”

A los 74 años, Francisco Gentile Flores abrió las puertas de su casa para conversar con Pasividades. En el living, rodeado por las artesanías de cuero que realiza en sus ratos libres, repasó una vida marcada por el trabajo, la familia, la política y el compromiso social. Una historia marcada por una convicción que mantiene intacta: hacer algo por los demás.
Nació el 27 de octubre de 1951, en el viejo Sanatorio Pasteur. Recordó con cariño una infancia transcurrida “en el barrio de la Plaza de Deportes”. Concurrió a la escuela Nº 6, jugó al fútbol “como todo gurí”, hizo el liceo y cursó el bachillerato de Ciencias Económicas.
Entre los recuerdos de la adolescencia hay uno que conserva con especial afecto. En cuarto año de liceo, junto a un grupo de compañeros, organizó un viaje por el norte argentino. “Se nos antojó hacer un viaje. Hablamos con los profesores, hicimos beneficios y terminamos recorriendo todo el norte argentino invitados por el gobierno argentino, en un avión de la Fuerza Aérea. Éramos 20 y pico de gurises. Mi padre era empleado municipal y justo estaban de paro. Yo tenía 15 años y, para poder llevar plata, hice camioncitos de madera y los vendía. Así junté unos pesos para llevar al viaje. Pasamos unos días preciosos y cada tanto nos vemos con algunos de aquellos compañeros”.
Tras cursar “el preparatorio” y al cumplir 18 años, comenzó a trabajar en Barraca Americana. En aquellos años jugaba al fútbol en el Club Centenario. Luego de tres años, ingresó a Paylana, en la administración y llegó a desempeñarse como encargado de sección. “Después me despidieron. Yo ya era casado y tenía tres hijos. Ahí salí a trabajar en changas, porque teníamos que vivir”, señaló. Más adelante ganó un concurso en la Intendencia y, poco después, otro en Azucitrus. “Era por seis meses y estuve 32 años”, comentó.

SU VIDA EN EL INTERIOR Y SUS PRIMEROS PASOS EN LA POLÍTICA

“Nos dieron casa en Azucitrus y nos fuimos con toda la familia a Cerro Chato. Mi señora también empezó a trabajar allí. Criamos a nuestros hijos en esa zona; los cuatro fueron a la escuela 80 de Tres Bocas y después siguieron estudiando. Hoy están todos recibidos y ese es el orgullo que tengo”, relató.
Fue precisamente en Cerro Chato donde comenzó su actividad política. “A mí siempre me gustó integrar comisiones. Andaba en esas comisiones de la escuela y cuando al Frente Amplio le dieron un lugar en la Junta Local terminé siendo edil entre 1990 y 1995. Así empezó mi trayectoria política”.
Desde ese lugar impulsó distintas iniciativas para la zona. Entre ellas mencionó que se movilizaron por “el liceo, la policlínica y un montón de cosas que logramos para Gallinal. Hasta el cementerio. Mi señora me acompañaba, empezó con el Caif y fundamos el CAIF Naranjitas Verdes. Hicimos toda la trayectoria hasta conseguir la personería jurídica. Iba a Montevideo a cada rato hasta que lo consiguió. Que después te reconozcan o no, a mí me da lo mismo. Yo, conscientemente, estoy feliz porque hicimos algo por la zona”.

SU VÍNCULO CON EL DIARIO

También recordó cuando fue corresponsal de EL TELEGRAFO mientras vivía en el interior. “Mandaba notas deportivas y de algún hecho que ocurría en aquella zona, como un corresponsal”, contó.
Además, “como mi hijo iba al liceo y yo quería que estuviera ocupado, repartía EL TELEGRAFO en Cerro Chato y Gallinal”, agregó.

“LA POLÍTICA ES AYUDAR AL RESTO”

Tras jubilarse a los 60 años, se radicó nuevamente en nuestra ciudad y continuó vinculado a la política. Fue edil durante 25 años consecutivos, entre 1995 y 2020, período en el que también llegó a presidir la Junta Departamental, y volvió a asumir en el actual período.
Al ser consultado sobre lo que significa para él la política, respondió: “Para mí la política, será por mi ideología socialista, es ayudar al resto. Estoy de acuerdo con la igualdad de clases. No puedo ver gurises abandonados cuando otros tienen mucho. Me parece que debería ser una sociedad más equitativa. Es mi sueño por lo menos”.

LA FAMILIA, EL MAYOR ORGULLO

Casado con Mirta Benítez, aseguró sentirse plenamente conforme con el camino recorrido. Consultado al respecto, aseguró: “sí, estoy muy conforme. Tengo cuatro hijos: Ana Carolina, Perla, Melisa y Renzo; siete nietos y un bisnieto. Los gurises estudiaron, por suerte”. Hoy ya recibidos, dos viven en Montevideo y dos hijas están en Paysandú.
Cuando se le pregunta si se considera una persona feliz, la respuesta llega sin dudar: “Yo sí. Mañana viene mi nieto de Montevideo, viene mi hijo con los gurises… ¿qué más quiero?”.

SIEMPRE ACTIVO

Aunque está jubilado desde hace varios años, aseguró que “no soy de quedarme quieto”.
“Soy de cuidarme. Me gusta el deporte y ahora, por mi edad, hay cosas que ya no puedo hacer”, reconoció, a la vez que agregó que camina, anduvo en bicicleta y siempre busca mantenerse activo.
Ese tiempo también lo aprovechó para aprender nuevos oficios. “En ese período que no estuve de edil, hice el curso en la Escuela de Artesanías y aprendí a trabajar el cuero. Me entretengo haciendo materas, morrales y distintas cosas para mis hijos. Después que me jubilé también hice un curso de carpintería en UTU, hacía cosas acá en casa, pero todo como hobby”, expresó.

“MOJUPEP TE ABRE LA MENTE”

Otra parte importante de su presente es el Movimiento de Jubilados y Pensionistas de Paysandú (Mojupep), donde participa desde sus comienzos. “Me invitaron cuando recién arrancó Mojupep, que éramos siete u ocho”, refirió, comentando que muchos de sus integrantes se conocían por el fútbol, los sindicatos o el barrio. “Empezamos a trabajar gremialmente porque compartíamos la idea de una sociedad diferente para los jubilados”, destacó.
Pero más allá de las reivindicaciones, destacó el valor humano del grupo. “Mojupep es un entretenimiento, sí, es una actividad que te abre la mente. Podés explayarte con gente de tu edad para lograr cosas que están haciendo falta”, afirmó. Hay muchas situaciones que corregir “y en eso estamos”, agregó.
Definió su presente con una frase que, en definitiva refleja la forma en que ha vivido toda su vida: “Yo me siento activo, no soy pasivo”.

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