
Escribe: Lic.Ps. Yasmin Buono
Desde un simple abrazo hasta un “me gusta”, las personas buscamos distintas señales que nos confirmen que existimos para los demás.
El psiquiatra canadiense Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, llamó a esas señales “caricias” y desarrolló una teoría que hoy sigue siendo muy útil para comprender nuestras relaciones.
Todos conocemos la sensación de un mensaje que llega en un momento difícil, una felicitación por un trabajo bien hecho, una mirada de desaprobación o incluso el silencio de alguien que es importante para nosotros. Aunque parezcan experiencias muy distintas, este psiquiatra las agrupó bajo un mismo concepto: las caricias.
El autor, en la década de 1950, utilizó este término para referirse a cualquier forma de reconocimiento que una persona recibe de otra; no se trata solamente de contacto físico. Puede ser una palabra, un gesto, una sonrisa, una crítica o incluso indiferencia; todo puede funcionar como caricias.
La idea se suma a la de varios autores: los seres humanos necesitamos ser reconocidos, ya que desde la infancia buscamos señales que nos indiquen que somos vistos, escuchados y tenidos en cuenta por quienes nos rodean.
¿Qué son las caricias?
Para el autor, una caricia es cualquier estímulo que transmite: “sé que estás ahí”.
Puede ser positiva: “qué bueno verte”, un abrazo, un agradecimiento, un mensaje de aliento. También puede ser negativa: un insulto, una descalificación, una mirada de desprecio, una crítica humillante.
Aunque las críticas negativas generan malestar, Berne observó que muchas personas las prefieren antes que no recibir ninguna atención.
El dolor de la indiferencia
Imaginemos un adolescente que intenta conversar con sus padres sobre su día. Cada vez que habla, ellos siguen mirando su celular sin responder. Con el tiempo, comienza a provocar discusiones y comportamientos problemáticos.
¿Por qué alguien buscaría conflictos?
Desde la perspectiva del autor, una discusión, un acto de rebeldía, puede resultar más tolerable que la sensación de no existir para el otro. La discusión, aunque resulte desagradable, sigue siendo una forma de reconocimiento.
Existen además las caricias condicionales e incondicionales: las primeras reconocen una conducta específica (“hiciste un excelente informe”); las segundas reconocen a la persona por lo que es (“me alegra que estés”, “sos importante para mí”).
Esta idea puede ayudar a comprender por qué algunas personas permanecen en relaciones conflictivas, no porque disfruten del sufrimiento, sino porque la falta total de atención puede resultar aún más difícil de soportar.
Las personas no solo necesitamos alimento sino también reconocimiento. Es muy valioso dar pequeños actos de escucha, atención y amabilidad para que la persona que los recibe sienta que su presencia tiene valor.
(097352937)



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