En reunión pública en Casa Blanca convocada ayer por la mañana por la Intendencia volvió a quedar en claro el desencuentro entre la planificación del nuevo sistema de disposición de residuos y la preocupación de los vecinos por su impacto ambiental y territorial. Estuvieron presentes residentes de la zona y técnicos de la comuna que explicaron el proyecto de un nuevo relleno sanitario previsto para el área del actual vertedero.
El director de la Unidad de Gestión Ambiental de la Intendencia, Matías Casco, aseguró que la instancia buscó anticipar información antes de los estudios formales exigidos por los organismos nacionales. “Es necesaria una reunión de acercamiento para informarles lo que va a pasar en la zona en cuanto al relleno sanitario”, señaló durante su exposición –realizada en el quincho del poblado, al lado de la cancha de fútbol, y marcada por la niebla exterior y el frío–, en la que enmarcó el proceso dentro de una etapa previa a los estudios de impacto social que serán realizados por técnicos externos.
Casco explicó que el proyecto forma parte de una licitación en curso y que responde a una exigencia de la política nacional de gestión de residuos. Agregó que el nuevo sistema se instalaría en el mismo predio donde hoy funciona el sitio de disposición final, en una zona ya intervenida por el sistema de encapsulado de residuos. Además, se agregará un nuevo relleno sanitario, en predio lindero al actual vertedero hacia el oeste.
“El nuevo relleno sanitario es una obra muy importante para la gestión de residuos. Es una solicitud de una política nacional, nosotros tenemos que cumplir con eso”, afirmó. Añadió que el diseño contempla celdas de disposición, tratamiento de lixiviados, y control de biogás y aguas pluviales. El jerarca detalló además que el proyecto se encuentra en proceso de adaptación a nuevas exigencias ambientales. Mencionó que cambios normativos recientes obligaron a ajustar el diseño original. “El proyecto está evolucionando para aggiornarse a las demandas de las leyes nacionales”, indicó.
El plan prevé la construcción de cuatro celdas con una vida útil estimada de unos once años, destinadas a residuos urbanos, de construcción y materiales especiales, bajo normativa nacional. Casco remarcó que el proceso incluye una etapa de consulta social que será realizada por un equipo técnico independiente.
La ubicación y el agua
Sin embargo, entre los vecinos la preocupación se centró en la ubicación del nuevo relleno y su cercanía con cursos de agua y zonas habitadas. Una vecina pidió precisiones sobre el emplazamiento exacto y expresó su preocupación por el entorno. “¿Para qué lado va a quedar ubicado?”, preguntó, aludiendo a la cercanía con la Colonia Paysandú y áreas vinculadas al río Uruguay.
La respuesta de los técnicos ubicó el proyecto hacia el oeste del actual predio. La aclaración no disipó las inquietudes, sino que abrió una serie de planteos vinculados a la historia ambiental del lugar, la saturación del vertedero actual y la calidad del agua y el aire en la zona.
La misma vecina cuestionó la decisión de avanzar con un nuevo relleno en un área ya afectada por décadas de disposición de residuos. “Acá no le entra más basura al basurero, está totalmente contaminado”, afirmó. También advirtió sobre posibles impactos en napas de agua y en la calidad de vida de la comunidad, además de señalar antecedentes de conflictos ambientales en el territorio.
Al mismo tiempo, insistió en que la comunidad no se siente parte de las decisiones. “No tenemos ni voz ni voto, esto ya está decidido”, aseveró, planteando además la posibilidad de nuevas medidas de protesta si no se atienden los reclamos vecinales.
Casco respondió que el proceso aún se encuentra en etapas iniciales y que la participación ciudadana forma parte del diseño institucional del proyecto. “Ustedes van a tener la libertad de expresar dudas y cuestionamientos, y eso va a ser insumo del estudio”, dijo.
El modelo
El intercambio derivó en un cruce más amplio sobre la confianza en las instituciones y la historia del lugar de disposición final. Los vecinos mencionaron episodios de contaminación, problemas de gestión del vertedero y la proximidad de asentamientos y zonas rurales. Del lado técnico, se insistió en que el nuevo modelo busca diferenciarse del sistema anterior mediante controles ambientales más estrictos y tecnología de encapsulado.
Casco planteó que el objetivo apunta a avanzar hacia un sistema controlado y regulado. “Un relleno sanitario con condiciones y con controles se puede gestionar de forma que no genere el impacto visual ni ambiental que hoy preocupa”, afirmó.
La discusión se extendió también a la percepción de que las decisiones ya están tomadas. La vecina sintetizó ese sentimiento al señalar que el proceso no le resulta nuevo. “Nosotros venimos sufriendo esto hace años, y sentimos que siempre se repite lo mismo”, dijo, aludiendo a experiencias previas con el vertedero y a promesas de mejora que, según afirmó, no se concretaron plenamente. Casco subrayó, en tanto, que la licitación incluye etapas abiertas de evaluación social y ambiental, y que la definición final dependerá de informes técnicos y organismos de control. Los vecinos, en tanto, reclamaron mayor participación real en la definición del emplazamiento y garantías sobre el impacto ambiental en una zona que consideran ya saturada.


Sé el primero en comentar