Hace treinta años, en 1996, un grupo de ciudadanos de Paysandú se movilizó para recuperar uno de los principales bienes de su patrimonio musical: el histórico órgano de la Basílica. Aquella iniciativa, que nació a partir de la posibilidad de acceder a una subvención internacional para financiar su restauración, terminó dando origen a una comisión que, tres décadas después, continúa trabajando de manera honoraria y desinteresada por la música, la educación y la preservación del patrimonio.
La historia es reconstruida por el organero Mario d’Amico Holzmann, integrante de la Comisión del Órgano “Gamba y Comoglio”, quien recuerda que en 1996 llegó desde Alemania la posibilidad de obtener una subvención destinada a financiar el 75% de la restauración de un órgano histórico en América Latina. Tres ciudades fueron consideradas candidatas: Santiago de Chile, una ciudad del sur de Brasil y Paysandú. Nuestra ciudad finalmente fue seleccionada gracias a la rápida gestión y al compromiso de un grupo de ciudadanos que se organizó espontáneamente para preservar el instrumento.
Quedaba, sin embargo, un desafío importante: reunir el 25% restante del costo de restauración, una suma cercana a los 50.000 dólares, considerable para la época. “En el Uruguay de 1996, movilizar recursos de esa magnitud para recuperar un bien patrimonial no era habitual”, señala d’Amico.
Pero el órgano de la Basílica tenía un valor que trascendía lo estrictamente musical: había sido adquirido mediante el esfuerzo conjunto de vecinos e instituciones y ya formaba parte de la historia y la identidad cultural sanducera.
“Más allá de credos, ideologías o pertenencias institucionales, la ciudad se unió en torno a una causa común: recuperar el mayor tesoro musical de Paysandú”, recuerda.
En aquella tarea tuvo un papel fundamental la Dirección de Cultura, representada por Agustín Lombardini. También acompañó estrechamente el proceso la Intendencia Municipal, encabezada entonces por el doctor Jorge Larrañaga. Según relata d’Amico, el intendente siguió personalmente los trabajos de restauración, visitó el proyecto en varias oportunidades y tomó decisiones que reflejaban su compromiso con el patrimonio cultural. Entre ellas estuvo la disposición de conectar el órgano al alumbrado público, convencido de que debía estar al servicio de toda la ciudadanía.
Durante aquel año, alcanzar la meta económica pareció por momentos inalcanzable. Finalmente, el esfuerzo colectivo, la generosidad y el interés de los sanduceros hicieron posible la restauración.
De la restauración al Festival Internacional de Órgano
Con el instrumento recuperado, la misión de la Comisión podría haber terminado. Sus integrantes podían entregarlo a las autoridades eclesiásticas y departamentales y dar por concluida su tarea. Pero eligieron continuar. “Durante tres décadas, la Comisión del Órgano ha trabajado de forma ininterrumpida y desinteresada al servicio de la cultura”, destaca d’Amico. Una de las consecuencias más importantes de ese trabajo fue que Paysandú se convirtió en sede del Festival Internacional de Órgano, un acontecimiento excepcional dentro del panorama cultural uruguayo, cuyas temporadas llegaron a ofrecer hasta diez conciertos anuales.
En estrecha coordinación con la maestra Cristina García Banegas, la Comisión hizo posible la llegada a Paysandú de intérpretes de primer nivel mundial. Por la Basílica pasaron profesores de los Conservatorios Superiores de París, titulares de órganos históricos como el del Palacio de Versalles –vinculado a la tradición musical de Luis XIV– y organistas de las catedrales de Brujas, Madrid y Lausana, entre muchas otras destacadas figuras internacionales.
También llegaron músicos de numerosos países, incluidos ganadores de concursos de gran prestigio como el Concurso Internacional de Órgano de Chartres, así como organistas responsables de instrumentos históricos en los que Johann Sebastian Bach interpretó su música.
Muchos de ellos no se limitaron a ofrecer conciertos. También dictaron cursos y clases magistrales, contribuyendo a la formación de nuevas generaciones de músicos. La pedagogía, precisamente, ha sido una de las principales misiones de la Comisión. Gracias a esa tarea, Paysandú se convirtió en la ciudad uruguaya con mayor cantidad de estudiantes de órgano y en un centro de referencia nacional para este instrumento.
En los últimos años, la Comisión amplió su campo de acción. A las actividades organísticas se sumaron conciertos de piano, luego de la restauración del histórico piano de cola Schiedmayer de 1904, donado por la familia Arocena a Ceupa y conservado actualmente en la Basílica. También se incorporó un clavicémbalo franco-flamenco de dos teclados y, recientemente, un nuevo órgano mecánico, destinado especialmente a la interpretación del repertorio barroco europeo y latinoamericano.
Este último instrumento llegó desde Suiza junto con otro órgano instalado en la Catedral Basílica de Salto. Ambos serán inaugurados oficialmente durante este fin de semana. La incorporación fue posible gracias al trabajo conjunto del párroco, padre Miguel, la Comisión del Órgano, la Intendencia de Salto y el Obispado de Salto. Los instrumentos están destinados a la enseñanza, la actividad cultural y el servicio litúrgico. “Gracias a esta iniciativa, Salto y Paysandú cuentan hoy con nuevos recursos al servicio de la música, la educación y la comunidad”, señala d’Amico.
Un concierto para celebrar
Como culminación de este aniversario, el domingo 13 de setiembre tendrá lugar en la Basílica un gran concierto homenaje a la Comisión del Órgano. La actividad celebrará sus treinta años de trabajo y, al mismo tiempo, inaugurará oficialmente el nuevo órgano de coro construido por la firma suiza Kuhn.
El programa estará dedicado a grandes obras de la música sacra francesa de los siglos XIX y XX y reunirá órgano, coros, metales y percusión. Se interpretará la Gran Misa para dos órganos y coro, de Louis Vierne, una obra monumental del repertorio organístico y coral francés; Litanies à la Vierge Noire de Rocamadour, de Francis Poulenc; la Marche triomphale, también de Vierne, para órgano, tres trompetas, tres trombones y tres timbales; y Tu es Petrus, de Jean Langlais, para coro, tres trompetas y órgano.
Participarán los organistas Damián Weisz, profesor de la Cátedra de Órgano de la Facultad de Artes de la Universidad de la República; Ezequiel Larré, organista titular del órgano Cavaillé-Coll de la Iglesia del Cordón de Montevideo; y Cristina García Banegas, máxima referente del órgano en Uruguay y una de las personalidades más destacadas de la música académica del país. A ellos se sumarán el Coro Departamental de Salto, el Coro Departamental de Paysandú y la Banda Municipal Francisco José Debali, que conformarán un gran conjunto musical para esta celebración.
El concierto tendrá además un significado histórico para la Basílica, ya que durante la velada quedará oficialmente inaugurado el nuevo órgano de coro Kuhn. Su incorporación al patrimonio musical del templo abrirá una nueva etapa para la enseñanza, la liturgia y la interpretación del repertorio organístico.
Muchos nombres
En su origen la Comisión del Órgano estuvo conformada por Gerardo Korn, María Luisa de Korn, Alejandro Darscht, Víctor Daniel Damico Peresutti, Héctor Beceiro Caeiro, Hilda Teixeira, José Eduardo Rivero Horta, Susana Gonçálvez, Juan José Florio, Teresa Pereira, Juan F. Palermo, el padre José Verme, Mario d’Amico Holzmann y Agustín Lombardini. Posteriormente, la han integrado Ana M. Pereira, Analía Menéndez, Ángela Sampayo, Florencia Larrauri, Gloria Vivián, Isabel Leoni, Jorge Buzzo, Laura Rodríguez, Laura Sarlo, Lilia Azzato, Liliana Acosta, Liliana De Gregorio, Liliám Silvera, Macarena Collazo, María Luisa Esau, M. Rosa Caorsi, Marta Castro, Matilde Larrauri, Olga Fulleti, el padre Antonio Massa, el padre Daniel Silva, el padre Miguel Suárez, Raúl Fraschini, Ricardo Buzzo, Sara Álvarez y Olga Fuletti.
La nómina permite dimensionar una característica central de esta historia: la continuidad de un trabajo que atravesó tres décadas y distintas generaciones de sanduceros. “La Basílica de Paysandú no es solamente testigo de nuestra historia y de nuestra heroica defensa, ni únicamente el principal templo religioso de los católicos sanduceros. Es también, desde hace décadas, el gran templo de la música clásica de nuestra ciudad”, afirma d’Amico. Por eso entiende que el homenaje del 13 de setiembre constituye un reconocimiento justo a “este grupo de hombres y mujeres que durante treinta años ha trabajado de manera silenciosa, generosa y desinteresada por la cultura, la educación musical y la preservación del patrimonio sanducero”.
Su conclusión resume el sentido de estas tres décadas: “Su obra trasciende generaciones y constituye un ejemplo de compromiso ciudadano”. Y agrega que, gracias a ella, Paysandú es hoy “una ciudad culturalmente más rica, más consciente de su patrimonio y más orgullosa de su historia”.
Treinta años después de aquella aventura iniciada en 1996, “el órgano vuelve a reunir a la ciudad”. Para d’Amico, ese puede ser el legado más valioso de la Comisión: “haber demostrado que un instrumento puede ser mucho más que música; puede convertirse en memoria, educación, encuentro y patrimonio compartido”.


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