Escribe Ernesto Kreimerman: Abdul El-Sayed, otra apuesta al cambio

Hace algunos años, un basquetbolista apodado “Air Pap”, jugador profesional de baloncesto griego y capitán del equipo Olympiacos de la Liga Griega de Baloncesto (GBL) y la Euroliga, se lamentaba con una cuota de humor bien llevado de que su nombre no lo había ayudado a traducir el reconocimiento que el periodismo deportivo le otorgaba en popularidad entre los fanáticos, porque su apellido era algo difícil de pronunciar y recordar. En los hechos, muchos fanáticos apelaban a creatividad propia para referirse a él, siempre respetuosamente.

Con una altura de 2,04 metros era considerado uno de los mejores jugadores defensivos del baloncesto europeo y estadounidense; jugó en Olympiacos, FC Barcelona, Houston Rockets, Denver Nuggets y regresó a Olympiacos en 2016. Renovó contrato para la temporada 2027-2028.
Konstantinos “Kostas” Papanikolaou, su nombre de nacimiento, cuya reflexión acerca de su popularidad podría ser acertada, pero ello no afectó el reconocimiento profesional.

No es el primero ni el último

Esta circunstancia en la vida de Papanikolaou, que como todo recuerdo guardado solo en mi memoria seguramente tiene imprecisiones, la rescaté estudiando la biografía de Abdulrahman Mohamed El-Sayed… ¿quién es? Un médico de 41 años convencido de que “pronunciar mi nombre produce sonidos que salen de partes de la garganta que las personas no saben que tienen”… también es un nombre con más caracteres de los que caben en una cartelería de publicidad política, por lo que lo redujo a apenas 12 letras de las 25 originales.
Y a partir de esa decisión, que tiene su riesgo y que ha cuidado de no opacar sus orígenes, se reconoce como Abdul El-Sayed, a quien los demócratas de Michigan convirtieron en ganador de la interna partidaria y, por tanto, candidato al Senado.

Con su victoria en la interna demócrata estadual, este médico norteamericano de 41 años tiene seria posibilidad de alzarse con una victoria y dejar su nombre en la historia de la democracia estadounidense como el primer senador musulmán. Ya empezó a dejar su impronta al ganar la interna del Partido Demócrata en Michigan. Eso ha sido suficiente para ganarse todo tipo de “ofensas” de parte del trumpismo, para quienes él se ha transformado en “comunista, islamista, yihadista, infiltrado y el hombre del odio”.

La lucha electoral fue intensa y obtuvo una ajustada victoria: 48,5% contra 47,5%. Victoria por un punto porcentual, pero victoria al fin. Por ello, cuando se oficializó que Abdul El-Sayed era el ganador, lo primero que expresó fue un llamado a la unidad del partido, a “recomponer” el campo demócrata, “sea cual sea la magnitud de nuestras discrepancias”.

En una entrevista, al contar su historia más personal, también plantó sus ideas acerca de su mirada sobre la educación: “tuve la oportunidad de asistir a excelentes escuelas públicas y a una universidad pública increíble. Me pagaron la carrera de medicina. Eso es lo que me dio Estados Unidos”.

Médico con un posgrado en cirugía, ha forjado su formación académica en base a becas. Primero en la Universidad de Michigan, donde conoció a quien tiempo después sería su esposa Sarah Jukaku y madre de sus dos hijas.
Con otras instancias en el Oriel College de la Universidad de Oxford, posteriormente se graduó en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Columbia. Concomitantemente, su esposa se graduó de fisiatra.

Parte de la renovación

A esta interna partidaria, el candidato llegó con las mejores credenciales, con el respaldo de líderes locales de fuerte arraigo y proyección, así como también de una centroizquierda identificada con Barack Obama. El dos veces presidente no puede, por restricción constitucional establecida en la 22.ª enmienda, postular a un tercer mandato, pero está jugando un papel clave en el apoyo partidista, reforzando una línea renovadora y de marcada veta social.

Líderes nacionales como la exsenadora y vicepresidenta Kamala Harris, los senadores Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Chris Van Hollen, Tina Smith, Ed Markey, Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar y Delia Ramírez, entre otros. La lista de referentes locales, políticos y sociales es diversa y extensa, tanto como las organizaciones.

En la mira de los ataques

La prensa estadounidense, especialmente la de Washington, que suele, por definición, seguir de cerca las cuestiones políticas pero que también muchas veces genera bulos y estrategias de información falsa, ya hizo sentir su presión.

Los primeros comentarios han tenido que ver con el perfil religioso del ganador, donde se mezcla todo. Luego, cuando se confirmó el triunfo de Abdul El-Sayed, fue el propio Trump quien le dedicó otros mensajes.
“El condado de Wayne (Detroit), en Michigan, es una de las zonas electorales más corruptas de Estados Unidos, si no del mundo”, dijo Trump en su acostumbrado estilo de descalificar hasta una escala del absurdo, burda, que ya no goza de credibilidad.

Luego apeló a las redes sociales: “comunista perdedor que odia a los judíos y a Israel”, y sumó otra: “es el hombre de odio”. J. D. Vance hizo su aporte: “Dios no lo quiera, van a tener al presidente El-Sayed en tres años”. Y en un estilo que recuerda a cierto programa, la senadora trumpista Katie Britt se sumó: “Una alianza de comunistas e islamistas está tomando el control del Partido Demócrata. En realidad, es un simpatizante yihadista. Nos están infiltrando desde dentro”.

El-Sayed ha rechazado estas acusaciones. En una entrevista reciente publicada por la revista Time, el candidato expresó que prefería el “capitalismo a nivel comunitario” para que la gente acceda de modo igualitario a los recursos.
Volvió Trump a arremeter en su tono habitual, a lo que El-Sayed respondió en una entrevista con CNN que se oponía a gastar miles de millones de dólares en equipamiento militar para terceros, cuando es necesario desarrollar proyectos nacionales en infraestructura, sanidad y educación.

Varios analistas políticos admiten que el presidente apela una vez más al insulto, instalando un clima tenso. Pero cada vez con menos resultados. Por ejemplo, según Forbes, la aprobación de su gestión de la guerra con Irán ha disminuido seis puntos desde junio, incluyendo del 71% al 61% entre los republicanos.
La aprobación de Trump está ocho puntos por debajo de la que tenía en julio de su primer mandato y tres puntos por debajo del 36% de aprobación de Biden en julio de 2022 (encuesta AP-NORC, 23 al 27 de julio).
La encuesta desnudó descontento con los beneficios financieros de Trump, que según declaraciones superaron los 2.000 millones de dólares en 2025. El 85% de los demócratas y el 62% de los independientes desaprobaban. Los republicanos están divididos: el 20% desaprobaba, el 15% aprobaba y el 65% decía que no importaba. Una fotografía que ha dejado preocupados a los suyos.

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