Me pareció ver un lindo gatito

Que la mayoría de las personas prefiere un perro en la casa que un gato, no es una suposición, es la realidad que mostró el censo realizado en 2023 en Uruguay con cifras en el entorno de los 690.000 para los michis contra 1.448.224 de perros.

¿Los motivos? Pueden ser varios. A los gatos siempre los rodeó esa mística tan particular, esos aires de independencia, de “te hago caso si quiero”, mientras que al perro siempre se lo vio más sumiso, obediente y dependiente del humano.

Sin embargo, quien nunca tuvo gatos y una vez decide darles una oportunidad, rara vez se arrepiente. Un gato te conquista, te mira con esos enormes ojos de misterio, si le caes bien te prende un motorcito (el llamado “ronroneo”), se mulle entre almohadones y se te instala en el corazón. Verlos jugar --tanto de cachorros como de grandes-- resulta sumamente divertido y enternecedor. Para saber más sobre los felinos en El Día Internacional del Gato, EL TELEGRAFO dialogó con la especialista Alejandra López Irala de Buenos Aires y directora de IAABC (International Association of Animal Behavior Consultants, Asociación Internacional de Consultores de Conducta Animal) en Latinoamérica. “Siempre digo que no elegí a los gatos, ellos me eligieron a mí. Pero también hay algo en ellos que siempre me fascinó: ese misterio, esa elegancia y esa forma tan única de relacionarse con el mundo. Son animales que no se entregan de inmediato; hay que aprender a observarlos, respetarlos y ganarse su confianza. Creo que justamente eso es lo que los hace tan especiales. Cuanto más los conocés, más descubrís que detrás de ese aire enigmático hay una sensibilidad y una inteligencia extraordinarias. Mi trabajo hoy consiste en ayudar a que las personas puedan comprenderlos mejor y disfrutar de ese vínculo tan especial”, expresó la experta.

¿Team perro o team gato?

Así como hay gente que ama tener animales domésticos que los acompañen y comparten espacios con felinos y caninos juntos, hay gente team gato y gente team perro. Se instalan debates entre amigos y compañeros de trabajo sobre la preferencia de cada uno y arrancan las comparaciones. En ese aspecto, Irala opina que “la comparación con los perros existe porque, durante mucho tiempo, ellos ocuparon un lugar mucho más protagónico en nuestros hogares y en nuestra cultura. Los gatos recién en los últimos años empezaron a ser comprendidos y valorados por lo que realmente son.

Ambas especies pueden generar vínculos muy profundos con las personas, aprender mediante refuerzo positivo y disfrutar de la interacción, pero expresan sus emociones y se comunican de formas muy distintas. El error es esperar que un gato se comporte como un perro. Cuando dejamos de compararlos y empezamos a entenderlos como gatos, descubrimos una especie fascinante, con necesidades, formas de demostrar afecto y maneras de relacionarse completamente propias”.

Cuando le consultamos qué tipo de personas serían más afines a un gato o a un perro, afirmó que “lo importante es el estilo de vida, las expectativas y el tiempo que se puede dedicar. Un gato puede ser un compañero maravilloso para una familia con niños, para una persona mayor o para alguien que vive solo, siempre que se respeten sus necesidades. Lo mismo ocurre con los perros. La clave está en encontrar la especie y el individuo que mejor se adapten a cada hogar, y no elegir en función de mitos”.
Y ya que hablamos de mitos, a los gatos los rodea una infinidad de ellos que lamentablemente influyen negativamente ante la decisión de adoptar uno. Y es una verdadera lástima, porque con toda la información que tenemos al alcance ahora basada en investigaciones científicas, esos mitos se caen por su propio peso.
“Hay muchos mitos. Creo que el mito que más me crispa los nervios es escuchar que ‘los gatos son malos’ o ‘son traicioneros’. En realidad, lo que sucede es que durante muchos años intentamos interpretarlos con parámetros de perro. Los gatos tienen otro lenguaje, otras necesidades y otra forma de demostrar afecto. Cuando aprendemos a leerlos, nos damos cuenta de que no son animales fríos ni interesados: son honestos. Si están con vos es porque realmente quieren estar, no porque estén buscando complacerte”, expresó.
Como los perros, los mininos tienen un lenguaje corporal para comunicarse y algunos suelen interpretarse mal por nosotros.

“Uno de los más comunes es el movimiento de la cola: muchas personas creen que si un gato mueve la cola está contento, como un perro, cuando en realidad suele indicar excitación, frustración o molestia. Otra es el ronroneo, que no siempre significa felicidad; también puede aparecer cuando un gato siente dolor, miedo o busca calmarse. Además, mostrar la panza no siempre es una invitación a hacerle caricias: muchas veces simplemente significa que se siente seguro. Los gatos hablan constantemente con su cuerpo, pero hay que aprender a leer ese idioma”, concluyó la experta en comportamiento felino.

Así que, si les van a rendir homenaje a los felinos adoptando uno, recuerden siempre consultar antes con un veterinario o experto en conducta felina para que los asesore sobre las mejores condiciones para brindarles lo que necesitan. Y por supuesto, esterilizar hembras y machos para evitar la sobrepoblación de gatos, los accidentes fuera de los hogares y protegerlos de las enfermedades.

Ingresa o suscríbete para leer la noticia completa y todo el contenido del diario.

IngresarPara quienes tienen una suscripción activa o quieren renovarla.SuscribirmePara quienes se suscriben por primera vez.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*