Uruguay registra la mortalidad por cáncer de próstata más alta de la región, pese a que su control de la enfermedad “no le va mal”, según planteó la presidenta de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer, doctora Lucía Delgado, durante su disertación en las Conferencias de Invierno en Oncología, realizadas este fin de semana en Montevideo. Delgado convocó a todo el sistema de salud a “dar un paso más” en el control de la enfermedad.
El cáncer de próstata es hoy el tumor más frecuente entre los hombres uruguayos y la tercera causa de muerte por cáncer en ese grupo. Según los datos que expuso Delgado, en el país se diagnostican unos 1.400 casos por año y se registran más de 550 muertes anuales, cifras que se mantuvieron estables en el último informe de mortalidad, correspondiente al período 2019-2023.
La comparación que preocupa
El eje de la presentación fue una pregunta: por qué la mortalidad de Uruguay es más alta que la de países de perfil socioeconómico similar. Delgado explicó que, dentro del grupo de países de muy alto Índice de Desarrollo Humano —que en América Latina integran solo Uruguay, Argentina y Chile—, la mortalidad por esta enfermedad es sensiblemente más elevada que en naciones de mayores ingresos como Estados Unidos, Canadá o Francia.
Para comparar, la especialista utilizó el cociente mortalidad-incidencia, un indicador habitual para estimar la supervivencia. Con ese indicador, dijo, Uruguay se ubica en niveles similares —incluso algo mejores— a los de Argentina y Chile, pero hasta tres veces por encima de los países de mayor ingreso, una brecha que consideró “demasiado” amplia para explicarse solo por diferencias de incidencia.
Delgado aclaró que ese índice pierde utilidad para el cáncer de próstata, a diferencia de lo que ocurre con el cáncer de mama o de cuello uterino, porque entre 30% y 50% de los casos detectados corresponde a tumores indolentes, que nunca iban a producir síntomas ni la muerte del paciente. Esto sucede, explicó, en los países donde históricamente se usó el antígeno prostático específico (PSA) como método de tamizaje extendido a toda la población masculina, lo que aumentó artificialmente la incidencia registrada.
El diagnóstico tardío, la explicación principal
Según Delgado, el dato que mejor explica la brecha de mortalidad es la proporción de diagnósticos en estadios avanzados. Mientras en Estados Unidos el 23% de los casos se detecta en estadio 4 —con compromiso ganglionar regional o metástasis a distancia— y en Francia esa cifra llega a 20%, en Uruguay asciende a 45%, el doble. Cuanto más tardío es el diagnóstico, señaló, menor es la supervivencia del paciente.
Factores de riesgo
Delgado repasó los factores de riesgo con mayor evidencia científica: la edad —la enfermedad es infrecuente antes de los 50 años y la edad mediana de diagnóstico en Uruguay es de 70—, la ascendencia africana y los antecedentes familiares, en particular cuando un padre o hermano fue diagnosticado a edad temprana. Mencionó también el riesgo genético asociado a mutaciones de alta penetrancia, como BRCA1 y BRCA2 —esta última vinculada además a cánceres de páncreas y colon—, el síndrome de Lynch y los genes ATM y CHECK2. Con menor nivel de evidencia, citó factores de estilo de vida como la obesidad, la dieta no saludable, el tabaquismo y el sedentarismo.
Cuatro líneas de trabajo
La especialista planteó cuatro líneas para reducir la mortalidad: detectar tempranamente los casos clínicamente relevantes mediante una secuencia de estudios —PSA, resonancia multiparamétrica y biopsia— ajustada al riesgo individual y no aplicada de forma indiscriminada a toda la población; reducir las inequidades de acceso a diagnóstico y tratamiento, en particular entre Montevideo y el interior del país, donde las distancias, el traslado y el alojamiento para recibir tratamientos como radioterapia siguen siendo una barrera para muchos pacientes; fortalecer los registros de cáncer, que permiten medir no solo cuántas personas acceden al tamizaje sino cuántas completan el diagnóstico y el tratamiento, y en qué plazos; y profundizar la investigación local sobre las características de la población uruguaya.
Delgado informó que el Ministerio de Salud Pública y la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer trabajan en la transformación tecnológica del Registro Nacional de Cáncer y del Registro Nacional de Tamizaje Efectivo, con el objetivo de mejorar la calidad y los tiempos de disponibilidad de los datos, incluidas las cifras de incidencia de 2024, 2025 y 2026.
Nuevas recomendaciones del MSP
Delgado destacó que, desde marzo de 2026, el Ministerio de Salud Pública incorporó en su sitio para pacientes recomendaciones alineadas con las principales guías internacionales vigentes. Según explicó, se sugiere ofrecer el test de PSA a todos los hombres a partir de los 50 años, previa información clara sobre beneficios e incertidumbres —incluido el riesgo de sobrediagnóstico y sobretratamiento— para que decidan si desean realizarlo. Si el valor de PSA se ubica entre 4 y 10, se recomienda repetir el análisis en seis a ocho semanas; si persiste elevado, el paciente debe ser derivado a un urólogo, quien completará el estudio con una resonancia multiparamétrica de próstata y otros elementos, como la relación de PSA libre, antes de definir los pasos siguientes.
Delgado cerró su presentación señalando que Uruguay cuenta con una fortaleza distintiva en la región: es el único país de América Latina con un registro nacional de cáncer de base poblacional y alta calidad, una herramienta que, dijo, es clave para identificar las inequidades y orientar las políticas públicas destinadas a reducir la mortalidad por esta enfermedad.


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