El Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) puso en marcha en Paysandú y Salto un programa destinado a fortalecer las capacidades locales para desarrollar proyectos de innovación y facilitar el acceso a instrumentos de financiamiento. La iniciativa, impulsada por la Unidad de Políticas de Innovación del MIEM junto con el Laboratorio Tecnológico del Uruguay, comenzó este martes con un encuentro realizado en el Espacio Gobbi.
El programa parte de un diagnóstico sobre la concentración de las actividades vinculadas a la ciencia, la tecnología y la innovación en Montevideo y el área metropolitana. Gabriela Schroeder, jefa de Política e Innovación del MIEM y responsable de la recientemente creada Unidad de Políticas de Innovación, señaló a EL TELEGRAFO que los departamentos del Interior tienen una participación reducida en la obtención de proyectos a través de organismos como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y la Agencia Nacional de Desarrollo (AND).
“Uruguay es un país ultracentralizado. No solo Montevideo, sino la región metropolitana. En muchos sentidos, la ciencia, tecnología e innovación no escapan de esto”, subrayó.
La unidad definió tres ejes estratégicos, uno de ellos orientado específicamente a la descentralización de la innovación. El objetivo es desarrollar capacidades fuera del área metropolitana y aprovechar los recursos, actividades productivas y conocimientos existentes en los distintos departamentos.
“Las riquezas y las materias primas, además con las cuales trabajar, están en todo el territorio”, afirmó Schroeder. A su entender, el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación constituye además un motor relevante para el crecimiento económico y productivo del país.
El programa ha sido diseñado en conjunto por el MIEM y el LATU a partir de un convenio de trabajo entre ambas instituciones. La propuesta busca acompañar a los participantes durante las distintas etapas necesarias para transformar una necesidad concreta en un proyecto con posibilidades de acceder posteriormente a financiamiento.
El proceso comienza con la identificación de un desafío o una oportunidad. A partir de allí se trabaja sobre una idea para abordarlo y, finalmente, se procura convertirla en un proyecto susceptible de ser presentado ante alguno de los organismos que cuentan con instrumentos de apoyo.
Schroeder remarcó que la metodología pretende diferenciarse de una instancia de capacitación convencional. “No queríamos que fuera uno más, sino que tuviera algunas cosas innovadoras para ser coherente con las que estamos planteando”, indicó.
Trabajo colectivo
La propuesta contempla un trabajo colectivo en el que participen representantes del sector público, el sector productivo y la academia. Esa integración, definida como una lógica de triple hélice, apunta a reunir conocimientos y capacidades diferentes para construir los proyectos en forma conjunta. “No va a ser una persona que va y te dice esto es así. Lo vamos a construir juntos”, aseveró Schroeder.
El encuentro realizado en el Espacio Gobbi tuvo precisamente ese carácter introductorio. Fueron convocadas instituciones de los tres sectores con el objetivo de presentar el programa y abrir el proceso para la selección de quienes participarán de los módulos posteriores.
La propuesta tendrá un máximo de 30 participantes y se buscará que la integración sea equilibrada entre el ámbito público, el privado y el académico. Luego del encuentro, las instituciones participantes deberán postular a sus representantes, con la expectativa de definir la integración de los grupos durante la próxima semana. El primer módulo se desarrollará entre Paysandú y Salto el 15 y 16 de setiembre. El programa continuará hasta diciembre y contará con metas e indicadores destinados a evaluar sus resultados. La elección de estas dos ciudades responde, según Schroeder, a que ambos departamentos ya cuentan con actividad y capacidades sobre las cuales trabajar. “Son territorios que, si bien puede faltarles un poco en estas capacidades, sí están pasando cosas”, señaló.
La intención apunta a que el piloto permita generar experiencias concretas que puedan ser utilizadas posteriormente en otros departamentos. “Es un primer piloto que va a tener seguramente muchas cosas para ajustar, muchas oportunidades de mejora, pero también entendemos que, si no empezamos a hacer, no empezamos a aprender”, afirmó. A partir de los resultados que se obtengan hasta diciembre, el MIEM evaluará cómo dar continuidad al trabajo en Paysandú y Salto y de qué manera trasladar la experiencia a otros departamentos del país.

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