A partir de los primeros contactos del gobierno electo, que asumirá el 1º de marzo del año próximo en lo que respecta al Poder Ejecutivo, con un nuevo Parlamento instalado quince días antes, ha resurgido la posibilidad, o más bien la exploración, de la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China o eventualmente con el Mercosur. Esta opción había sido planteada en 2021 por el presidente Luis Lacalle Pou, lo que dio lugar en su momento a contactos que fueron perdiendo fuerza, particularmente por la férrea oposición de los grandes socios del Mercosur. Brasil y Argentina, principalmente, se opusieron a que Uruguay avanzara en acuerdos bilaterales fuera del bloque regional.
En estos días, el presidente electo, Yamandú Orsi, y su compañera de fórmula, Carolina Cosse, mantuvieron el martes su primera reunión tras iniciarse el proceso de transición en el gobierno. En conferencia de prensa, Orsi expresó que haberse reunido ya con el embajador chino en Uruguay, Huang Yazhong, es “obviamente una señal” de la importancia de China, al tiempo que auguró que “ojalá podamos avanzar mucho más” en la relación bilateral.
“Controlen un poco la creatividad. Estamos absolutamente de acuerdo con todos los temas de fondo y los temas de forma. La política internacional la llevarán a cabo el presidente, el canciller, y desde el Parlamento les daremos todo nuestro apoyo”, dijo, por su parte, Cosse.
El mandatario electo agregó que “el TLC lleva muchos años de trabajo y China no va a hacer nada que no genere un acuerdo con el Mercosur. China comenzó sus relaciones con Uruguay hace 35 años, y lo último que recuerdo con el FA es la alianza estratégica. Este gobierno avanzó sobre ese terreno fértil, y hasta dónde llegaremos, veremos. Ojalá podamos avanzar mucho más”.
Cosse, a su vez, indicó que “en el fondo, queremos promover el mejor relacionamiento posible en todos los ámbitos dentro del Mercosur, que es nuestro ‘barrio’. Al mismo tiempo, buscamos que Uruguay encuentre otras oportunidades en otras regiones”.
También hubo espacio para que Orsi mencionara la cumbre del Mercosur de este viernes. Dijo que existe expectativa e incertidumbre “por lo que va a pasar en distintos ámbitos”, destacando el interés por saber si se avanzará en el acuerdo con la Unión Europea. En esta problemática hay, por supuesto, diversos intereses en juego, por lo que es necesario considerar antecedentes, realidades y conjugar todo ello con las expectativas y las posibilidades reales de concretar un TLC con el gigante asiático. Hay que descartar, sin embargo, que China considere a Uruguay como un punto de entrada para proyectarse sobre el Mercosur sin antes hacer un acuerdo con el bloque en su conjunto.
Pero hay que ir con cautela, y en primer lugar, tener en cuenta que en el Mercosur son Brasil y Argentina —sobre todo el primero— quienes dictan las reglas de juego, y que ambos países no han sido proclives a la firma de acuerdos con terceros países o bloques. En realidad, hacen primar sus intereses, buscando ser proveedores exclusivos de bienes terminados o semiterminados, con fuertes aranceles externos para las mercaderías provenientes de fuera de la región, entre otras medidas proteccionistas.
También se han opuesto a que Uruguay suscriba acuerdos bilaterales fuera del bloque, especialmente cuando en Argentina gobernaba el kirchnerismo. Sin embargo, con la presidencia de Javier Milei, se observa otro perfil en la política exterior, aunque con el regreso de Lula al poder en Brasil, las cosas no parecen cambiar para Uruguay en este sentido.
La relación entre China y el Mercosur ha experimentado un cambio notable desde el primer gobierno de Lula en Brasil. En los últimos años, las relaciones entre ambos actores han mostrado un dinamismo importante, abriendo nuevas oportunidades comerciales y de inversión para la región. En agosto de 2024, representantes de China y el Mercosur reanudaron las conversaciones para profundizar su relación. La reunión se realizó en Montevideo, y fue dirigida por el subsecretario de Relaciones Exteriores, Nicolás Albertoni.
Se estima que el Mercosur tiene un potencial de exportaciones a China del 67% de su oferta exportable, pero deben tenerse en cuenta ciertos factores. Una pregunta inevitable es si China es realmente un socio estratégico para el desarrollo del Mercosur en términos de expansión comercial, especialmente más allá de los productos primarios, y sin dejar de lado las tensiones internas generadas por la competitividad de las exportaciones industriales. En la última década, muchos académicos han señalado que la reprimarización de las exportaciones del Mercosur está vinculada en gran medida a la creciente demanda de productos primarios por parte de China, lo que ha impulsado las exportaciones competitivas de la región sudamericana.
Asimismo, las relaciones bilaterales de los países del Mercosur con China difieren considerablemente, tanto desde el punto de vista político como económico. Esto impide que se alcancen posiciones comunes y puede dificultar la profundización de las relaciones en clave regional. Por ejemplo, los impactos de la penetración de productos industriales originarios de China golpean de manera distinta dependiendo de las características económicas de cada uno de los socios del Mercosur (particularmente en cuanto a su producción interna). Esto ha afectado, en especial, los intercambios regionales, que tienen un componente intraindustrial diferente al de las exportaciones extrazona de los socios (basadas principalmente en productos primarios y agroindustriales), como argumenta Ignacio Bartesaghi, experto en comercio exterior y relaciones internacionales de nuestro país.
Bartesaghi sostiene que las oportunidades comerciales identificadas en el gigante asiático son estratégicas para algunos miembros del Mercosur, aunque muy diferentes entre sí. Existen mayores oportunidades de diversificación comercial para aquellos países con estructuras productivas más sofisticadas, pero cabe preguntarse si estas oportunidades lograrán cambiar el patrón comercial que actualmente define la relación entre ambos actores, un patrón que empieza a ser cuestionado.
Cuando Lacalle Pou intentó avanzar en un TLC con China, consideró el hermetismo dentro del Mercosur. La perspectiva era encontrar una salida al mundo fuera del acuerdo, o en el marco de una flexibilización que permita romper con las rígidas limitaciones impuestas por este acuerdo regional, que está marcado por intereses contrapuestos, sobre todo entre economías muy asimétricas y con filosofías comerciales en ocasiones opuestas.
Sin embargo, a decir verdad, la posibilidad de que el Mercosur concrete un TLC con China —y, más aún, de que este acuerdo se materialice en el papel— deja mucho margen para la duda.
Y sabiendo cómo operan nuestros dos grandes vecinos, es muy problemático, por decir lo menos, que en el mejor de los casos no terminen primando sus propios intereses. Esto podría llevar a que el papel de los socios menores como Uruguay se limite a refrendar con su firma lo que otros deciden, en su beneficio. No obstante, siempre hay que tener en cuenta que, en la discriminación por países y sectores, algunos pueden salir netamente favorecidos, mientras que otros se verán más vulnerables o expuestos al avance del gigante asiático.
