Silvana Maidana (48), es oriunda de Cerro Colorado, departamento de Florida, y desde hace unos diez años integra el equipo de cosecha como forwardista en una empresa contratista con base en Durazno. Ciertamente, es un testimonio inspirador para que otras mujeres se atrevan a desempeñar roles que tradicionalmente han sido ocupados por hombres, como lo es estar en el frente de cosecha manejando una máquina de gran tamaño.
Hoy, son cada vez más las mujeres que responden a este tipo de convocatorias laborales, animándose a iniciar este camino que abrieron pioneras como Silvana.
Según nos confió, le apasiona su trabajo que realiza en Villa del Carmen (Durazno), y no se imagina realizando otra tarea. Su rutina laboral es de 12 horas y nos explica que “los forwardistas sacamos la madera que cortan las máquinas para la orilla del camino. Hacemos las pilas grandes que luego se cargan y transportan en los camiones”.
Su vinculación con el sector forestal se inició hace unos 20 años, donde comenzó trabajando en un vivero. “Cuando trajeron máquinas, llamaron a concurso y nos anotamos un montón de mujeres. Trabajé en las máquinas un tiempo. Cuando eso se terminó, volví al pueblo a trabajar en el almacén, y siempre anhelando las máquinas. Hasta que un día se dio, en el 2014; fuimos a Young a hacer el curso de capacitación, quedé a prueba y hace 10 años que estoy”, relató.
Para Silvana subir todos los días al forwarder, “es mucho, es trabajar en lo que te gusta, es precioso. Yo llego, prendo la máquina, pongo la música, y ahí adentro de ese cabina pienso mil cosas, porque soy mamá también, planifico. Es mi mundo ahí adentro”, confió. “A veces mirás la máquina y pensás ‘esto tan grande y lo manejo yo’, y es como que me resulta increíble, logré hacer lo que a mí en verdad me gustaba”, contó.
Admitió que “cuando empezamos en el vivero y llegaron esas máquinas no sabíamos nada, ni siquiera lo que era un forwarder, y fuimos aprendiendo a base de errores”. En cambio, en 2014, cuando empezó a trabajar en esta empresa “asistimos a un curso”, para aprender todo lo que tiene que ver con el funcionamiento y aspectos relacionados con la seguridad en el trabajo. Valoró este tipo de instancias, porque concientizan también sobre como prevenir los riesgos que implican este tipo de tareas. Es todo un desafío porque “son máquinas muy grandes y tenés mucha responsabilidad también”, indicó.
En la empresa que trabaja “somos 6 forwardistas, trabajamos 10 días y descansamos 4; a veces varía por la lluvia. Nosotros hacemos 12 horas; llegamos, prendemos la máquina, revisamos, chequeamos y arrancamos a trabajar.
Al terminar el turno, limpiás la cabina y se la dejas al compañero, si hay algo roto avisás”, explicó. Respecto al ambiente laboral, aseguró que “somos una más entre todos, no hay diferencia” por su condición de mujer y sus compañeros “siempre aportan y ayudan”.
“HAGO LO QUE ME GUSTA”
“Hace tiempo que estoy y no me veo trabajando en otro lado, con esta libertad y tranquilidad”, aseguró. “En realidad hago lo que me gusta”, agregó, comentando que “a mí la ciudad no me gusta, me gusta el campo, veo los mejores amaneceres y atardeceres, los disfruto todos”.
