El pasado 15 de febrero, en el Círculo Napolitano, muchos descendientes de italianos tuvimos la suerte de participar en un encuentro con una delegación del Museo del Cognome.
Se trata de Michele Cartusciello, fundador y director del museo, Francesca Morano, traductora, y Nicola Pascuzzi, fotógrafo.
La reunión estaba programada para las 19, pero se demoró debido a inconvenientes con la conexión y con el audio. Durante más de media hora, los italianos y el presidente de la Asociación, trataron de solucionar el problema, pero nada. De los presentes, nadie sabía cómo hacer. Se me ocurrió pedir ayuda al profe de Informática, pero él estaba en Porvenir. Me dio una indicación, que no sé si realmente sirvió, porque es difícil asesorar desde tal distancia y sin ver lo que pasa. Cuando finalmente le conté que estaba solucionado (a medias), me respondió que se va a comprar un helicóptero. Espero lo tenga pronto para la próxima conferencia.
Cada tanto se cortaba el audio o desaparecía la imagen, y Francesca decía: “Volverá”. Ya lo veremos. Tanto Michele como Francesca se expresaban muy bien, pero hablan rápido y mi oído no puede captar todas las palabras, como me gustaría. (Pero me he comunicado con Michele por mail y aclaró mis dudas).
Después de las palabras de apertura de Sandra Suburu, a través del televisor vemos y escuchamos, con algunas interrupciones, a otro investigador del museo, hablando desde Italia. Nos dice que él estuvo en Paysandú y, hace dos años y medio, se conectó con esta asociación y participó en Florida en un encuentro de las Asociaciones Italianas. Quedó impactado por la devoción a San Cono, algo que no ha visto en la propia Italia.
Nos cuenta que el propósito de los investigadores del museo es combinar investigación académica con activismo, relacionándose y cristalizando el diálogo con las comunidades de descendientes del Río de la Plata, de Argentina, Brasil y Uruguay.
Todos ellos están asombrados por la gran cantidad de ítalodescendientes en estos países y quieren conocerlos. Por eso, Michele y sus dos compañeros armaron un recorrido desde el 5 de febrero al 4 de marzo, por estas tierras rioplatenses.
Allá en Italia están ejecutando un proyecto, el Ancestros Tour, que lleva a los turistas a visitar los pequeños pueblos donde nacieron sus antepasados, por ahora en el sur de Italia. Pero la obra del Museo se extiende por toda Italia.
Los trabajadores del museo se ocupan de ayudar en la búsqueda genealógica, en enseñar cómo y dónde se debe hacer, y las estrategias para obtener un buen resultado, las prácticas para el reconocimiento de la ciudadanía, responder pedidos y enviar certificados. Su trabajo es arduo, pero lo hacen con placer, porque saben de la importancia del museo para poder vivir y mantener el contacto con el pasado y sobre todo, profundizar en la historias familiares.
Este museo fue fundado en el 2012, por Michele, debido a su pasión por la genealogía, que se despertó después de la muerte de su padre, cuando él tenía 11 años. Además tiene otra pasión, la gastronomía, que heredó de su madre. Es un chef, y poseía un restaurante (que cerró en 2011), donde compartía la tradición culinaria, comidas tradicionales del sur de Italia. Lo demostró después de la conferencia, cuando preparó unos exquisitos lagane con salsa de pimentón y unos niños envueltos (braciole). Por supuesto, fideos al dente, como es su tradición.
Menciona, por ejemplo, la sanguinaccia, (es como la morcilla nuestra), con sangre de cerdo, naranja, chocolate, pan rallado y azúcar. Algunas personas acostumbran agregar especias, (canela, nuez moscada, clavo de olor) y también café, licor y trocitos de bizcocho, nos dice.
Nos cuenta que el museo está en lo alto de una colina, en el pueblito de Padula, provincia de Salerno, Campania. Pueblo donde él nació. Es un museo didáctico, que a través de los antiguos documentos, enseña sobre la vida y las costumbres de los antepasados. Su sueño es establecer una cadena de museos similares por toda Italia. “Sería maravilloso tener un Museo del Cognome también en estas tierras”, dice.
Nos relata cómo fue la búsqueda sobre la familia de su padre. Lo primero que hizo, a los 12 años, fue presentarse en el ayuntamiento. Nos recuerda que la mejor manera de comenzar la investigación es entrevistando alguna abuela o tía vieja, que suelen ser muy charlatanas y chismosas. Pero se aprende bastante a través de los chismes.
El Registro de Estado Civil se estableció en Italia en 1807, época de Napoleón, sobre todo en el norte: pero las fechas cambian según el lugar y la situación, no hay una fecha establecida igual para todos. La partida de nacimiento de su abuelo es de 1940.
Los primeros registros vitales, así es el nombre, fueron mantenidos por las iglesias y después de la derrota de Napoleón, en 1815, algunas áreas suspendieron el registro civil. El Registro Civil Italiano comenzó oficialmente en 1866 en la mayoría de las áreas. Aclara que en la Italia meridional no se suspendió el registro.
Nos cuenta que el Catasto Onciario (documentos catastrales) fue iniciado en 1781 por el Rey Carlos III de Borbón. Es un documento que nace cuando el rey decide cobrar impuestos a la población. Para eso era necesario el catastro, para conocer la población. Es un documento útil para buscar las familias que pertenecían al antiguo Reino de las Dos Sicilias. Gracias a esta fuente es posible conocer las propiedades de nuestros antepasados en la segunda mitad del siglo XVIII. Se puede efectuar la búsqueda en cualquier pequeña población de Italia meridional, pero no en Nápoles, porque era la capital y sus habitantes no pagaban impuestos. Los documentos, en el norte de Italia, reaparecen de nuevo a partir de 1871, cuando Italia estaba unificada. Para gestionar la partida de nacimiento del antepasado, hay que dirigirse en primer lugar, al Ayuntamiento, y después, a la Iglesia.
A veces no se conoce la fecha exacta del nacimiento. Entonces buscan el legajo matrimonial, y las partidas de defunción de padres y abuelos. Pero muchos no sabían ni leer ni escribir, y por eso hay errores, es imposible averiguar si la info es correcta. (Pienso: la ignorancia cundió siempre, una gran malhechora. En todos lugares y tiempos se cocieron y se cuecen habas).
Siempre están quienes nunca se casaron, y las madres solas. En esos casos, faltan datos en las fichas. Si un niño fue abandonado, hay espacios sin nombres. Muchos tienen 15 hermanos, ¿del mismo padre? La genealogía es matemática, nos dice. No siempre está claro el lugar de nacimiento.
Nos muestra distintos documentos. Se nota que la letra cursiva, es difícil de entender, con muchas abreviaturas. Que en algunos casos, un niño tiene tres nombres, y se lo registra con el tercero. Los curas anotaban los detalles de los católicos: bautismo, comunión, confirmación. En los 700, 800, 900, no había contratos matrimoniales. Un cura, en un documento llamado Stato delle Anime, hizo un censo de población y al fin anotó también también ¡las parejas escandalosas que convivían sin estar casadas!
Nos muestra documentos de 1565, 1638, 1749. Nos dice que a través de algunos documentos encontrados en el Ayuntamiento, escritos por un agrimensor, se puede sabe: si alquilaban, si tenían campos, vacas, cerdos, la economía, el estilo de vida, se pueden conocer.
Están registrados los pactos matrimoniales: antes del casamiento: la familia de la mujer hacía donaciones para el casamiento, y así se conoce la economía de la familia. También hacían testamentos, hasta los curas, que donaban a sus familiares. Nos muestra un cómic genealógico, que nos ilustra sobre el momento en que el notario abre el testamento. Nos muestra fotos, de antepasados, por la vestimenta se puede saber en qué parte de Italia vivían, septentrional o meridional.
Todos estos datos, algunos muy chismosos, están registrados en los documentos que nos mostró. Nos cuenta que pudo conocer a la familia de un tío, que vivía en EE.UU., a través de fotos y en persona. Su tío enviaba fármacos y ropa a la madre y la tía de Michele, pero sólo sabían su dirección en USA y nada más. Aquí nos cuenta algo muy interesante: su tía, que estuvo muy enferma cuando era niña, se salvó gracias a los medicamentos que le envió ese tío, y que no se vendían en Italia.
Encontraron, investigando, a un señor de 97 años, que les aportó muchos datos pero no pudo contarles de su propia familia. “La persona que fabrica zapatos tiene los zapatos rotos”, es un dicho suyo. Los datos más antiguos que pudo encontrar sobre su propia familia, se remontan al 1700, mientras que para otras personas ha encontrado información mucho más antigua. Como decimos nosotros: “En casa de herrero, cuchillo de palo”.
Nos lee un documento donde dice que alguien falleció por la mordedura de una víbora.
Cada sección del museo se dedica a un tema específico: documentación del estado civil, parroquial, notarial, militar y catastral: una sección para personas famosas, y la más importante, sobre la inmigración italiana.
Realmente, fue una conferencia muy, muy interesante, dan ganas de viajar a Italia, ya mismo, a buscar nuestras raíces. Tía Nilda

