El déficit de atención en el mundo de las pantallas

Ante una nota a un grupo de pediatras españoles publicada en periódico digital Las Provincias, en la que afirman el abuso de tecnologías a edades muy tempranas está provocando problemas de autismo y TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), hablamos con el psicólogo sanducero Herman Schreck, quien en primer lugar dejó en claro que “en realidad no hay evidencia científica que el uso excesivo de pantallas provoque autismo, lo que pasa es que el uso de la palabra autista pasó a ser de uso coloquial en el lenguaje”.
“Si pensamos un poco hace algunas décadas directamente no se hablaba de autismo y hoy se habla del trastorno del espectro autista, lo que demuestra que la psiquiatría y la psicopatología es un ser vivo en permanente evolución respondiendo a veces a grupos de poder y relaciones culturales”, agrega.
Para aclarar el punto Schreck dice directamente que “hace unos años se empezó a usar el término autista para describir situaciones cotidianas. Si un día alguien ve que un amigo está un rato triste y otro alegre enseguida dice que está bipolar o si un día uno está metido para adentro e introspectivo, nos pueden llegar a decir que estamos autistas, entonces hay que tener cuidado y en ese sentido no hay una evidencia científica que compruebe que el uso sostenido de pantallas cause autismo”.
“Lo que sí aparece mucho es el déficit atencional, que presentan no solo los jóvenes sino también los adultos; esto quiere decir la dificultad de concentrarse por un tiempo determinado en una actividad concreta”, puntualiza.
Esto que ahora es un problema aclara el especialista que “durante un tiempo al multitasking, que es poder hacer varias tareas al mismo tiempo, se lo vio como algo positivo, ya que en muchos ambientes laborales es muy apreciado ya que favorece la explotación, pero lo que se está viendo es que de esa manera se pierde la efectividad y el poder sostener algo durante un tiempo determinado”.

Cada vez menos atención

Hablando de su experiencia personal en el tema Schreck dice que “cuando hace algunos años empecé a dar charlas sobre el problema de la droga, se empezaba a ver cómo el poder de atención de la gente era limitado, en aquél momento se decía que no podías tener una charla de más de dos horas porque la gente se desconcentraba; más acá en el tiempo se decía que era solo una hora y media y ahora es mucho menos. Esto se ve muy claramente en un espectáculo cuando hay gente que no puede dejar de mirar su celular en vez de atender a lo que está pasando en el escenario o en una película. Porque para concentrarse en algo uno tiene que suspender la actividad”.
Entrando en un terreno más filosófico el psicólogo remite directamente al budismo cuando trae a colación que “hay un aspecto zen de esto que es lo que los budistas llaman el wu wei, que sería el ‘no hacer’, que parece mentira pero es de lo más difícil: si le propongo a cualquiera que durante una hora no haga nada ya veremos las respuestas que tenemos”.
“Esto está muy bien explicado en el libro Generación dopamina, en el que el autor dice que nuestras prácticas y elecciones cotidianas tienen un impacto en la segregación de dopamina y eso lleva a que hoy las personas vivan con un nivel de dopamina mucho más alto que sesenta años atrás”, agrega.

Una vuelta más

Para dar una vuelta más al problema Schreck aclara que “hoy en día al autismo se lo está relacionando con el intestino; conozco madres que han tratado el espectro autista de sus hijos con dieta, algo que puede parecer muy novedoso pero los mismos chinos decían hace siglos que ‘somos lo que comemos’, y si nos fijamos en la cantidad de celíacos que hay hoy, es bastante sencillo razonar que el trigo que estamos consumiendo es muy diferente al que se consumía hace un tiempo, con los transgénicos que estamos poniendo en nuestro cuerpo es inevitable que también haya un efecto en la psiquis”.
Volviendo al tema de las pantallas vuelve a aclarar que “si bien no está comprobado que provoquen autismo, su uso intensivo es un problema y viene relacionado en los niños con el uso que, a su vez, los adultos hacen también de las pantallas, lo que sería el tema más importante”.
“Si bien mi generación no nació con la profusión de tecnología que tenemos hoy, rápidamente accedimos a ella y ahora prácticamente todos los niños nacen con una computadora en la casa; y además mi generación es la de MTV, la productora de videos que se basa en una explosión y saturación a nivel visual, que es lo que hoy se ve en las redes sociales donde te proponen muchas cosas para generar una sobreexitación a nivel cerebral y eso los niños ahora lo viven de muy chicos”, explica.

Al momento de hablar de soluciones especifica que “es difícil porque si, por ejemplo, se prohíben los celulares en las escuelas, cuando el niño sale y está en su casa puede pasar todo el rato con una pantalla. Habría que apostar a la consciencia de los padres, pero ellos también, a veces por motivos laborales, también están prendidos al celular o la tablet y eso lleva a que no lo vean como un problema”.
“El tema de la falta de atención es que sencillamente no estamos en el presente, que es donde está la vida. El déficit atencional hace que uno no esté en contacto con el presente; ya lo decía John Lennon ‘la vida es eso que pasa mientras uno hace planes’, pero el déficit atencional nos hace estar siempre pensando en lo que pueda venir en el futuro”, concluye.