Carlos Albisu contó lo vivido en Israel: “fue todo un periplo, siempre había algo que sorprendía”

“Nadie está acostumbrado a este tipo de cosas”, dijo el intendente electo de Salto Carlos Albisu tras el accidentado retorno desde Israel, donde entre otros estaba también el intendente reelecto de Paysandú, Nicolás Olivera. En un encuentro con periodistas de Salto, en la tarde de ayer, aseguró que “parecieron semanas y en realidad fueron 8 días que estuvimos allá. Nadie está preparado, son cosas que uno tiene que apreciar como país, como región. Ya estamos acá, la familias más tranquilas, porque realmente estábamos bien pero preocupados, por supuesto”.
Tras 54 horas de vuelo desde Jordania, estaba previsto que llegaran desde San Pablo al aeropuerto internacional de Carrasco a las 0.45 de ayer, pero la intensa niebla no permitió el aterrizaje y el avión fue desviado a Ezeiza.

Apurados por volver a tocar tierra uruguaya, contrataron un taxi para realizar el viaje de 280 kilómetros hasta el puente internacional general San Martín. Por razones normativas, el coche de alquiler argentino no podía ingresar a Uruguay. Ante eso, y aun cuando el Reglamento de Tránsito por los Puentes Internacionales de CARU prohíbe “el tránsito de peatones, bicicletas y triciclos a pedal en el Puente Libertador General San Martín”, cruzaron caminando el puente, arribando sin inconvenientes a la cabecera uruguaya. Olivera era esperado por su familia en Carrasco. Su esposa Sabrina Buono comentó a EL TELEGRAFO: “Tuvimos un tema con el vuelo. Se derivó a Ezeiza y no nos pudimos encontrar. Nosotros estábamos en Carrasco para darle una sorpresa y recibimos la noticia de que el vuelo se derivó. Nos fue imposible armar viaje para Buenos Aires en tan poco tiempo, así que desde Fray Bentos a Paysandú viajó con Albisu. Ahora ya estamos todos juntos en casa”.

“UNA ALARMA QUE REALMENTE SE METE EN LA PIEL”

Carlos Albisu recordó “el momento de la primer alarma. Nunca había escuchado algo así, no es la alarma del reloj o del celular que escuchamos de mañana para levantarnos. Es una alarma que realmente se mete en la piel, impacta y pegas un salto. No hay quien se duerma ahí. Fue el primer impacto, era lo nuevo. Si bien cuando llegábamos al campus o a cualquier lugar nos brindaban instrucción, por si llegaba a haber algún problema, otra cosa fue realmente vivirlo. Después fue escalando, en los días, la intensidad, el tiempo que había que quedarse en un refugio o las veces que había que ir”.

“Cada alarma tuvo sus particularidades. Incluso este martes pasado que salimos para Uruguay, a las 9 de la mañana de allá, fue uno de los ataques más grandes, por el tiempo y el impacto. A 10 kilómetros de donde estábamos un misil derribó un edificio. No perdimos la calma, porque estábamos a 15 minutos de donde era el foco del ataque, en Tel Aviv”, destacó. “En el refugio –-amplio– en el que nosotros nos refugiábamos, había jóvenes estudiantes, algunos con hijos, había este israelíes, había musulmanes que también compartían el refugio, junto a nosotros, los Intendentes. Siempre había algo que sorprendía”.
Abandonar Israel, contó Albisu, “fue todo un periplo. Hubo toda una estrategia de salida por parte de las embajadas de Israel en Latinoamérica que se juntaron para hacer esa operación. Salió primero un contingente de intendentes brasileros el lunes a media mañana, hacia Jordania y Arabia Saudita”.
Narró el intendente electo de Salto que “en nuestro caso se cayó tres veces la salida, porque se cerraba un paso ante amenazas de bomba. Íbamos a salir por Egipto pero terminamos en una furgoneta argentinos, uruguayos, guatemaltecos y paraguayos, hacia Jordania. A una distancia de 300 kilómetros. Acá en Uruguay 4 horas. Nosotros demoramos 9 horas porque hay dos aduanas, no como la integrada que conocemos acá, que en un lugar se hacen todos los trámites. Ahí hicimos primero Israel, bastante dinámico, una hora aproximadamente. Después fue la de Jordania, donde demoramos más. En el aeropuerto tuvimos una espera de unas 8 horas aproximadamente y salimos de su capital Amán hacia Turquía, adonde llegamos tras un vuelo corto de 2,15 horas”.

“Ahí nos esperaba el cónsul uruguayo, quien estuvo siempre con nosotros. Las delegaciones nos separamos pues teníamos diferentes vuelos. Tomamos un vuelo a San Pablo, de 13 horas. Ahí también nos esperaba el cónsul uruguayo. Tuvimos cuatro horas y media de espera. De ahí a Montevideo. Queríamos llegar, estar con la familia que sabíamos nos estaba esperando. Pero avisaron que no podíamos bajar por la niebla y nos derivaron a Buenos Aires. De ahí teníamos que esperar hasta las 15 para un vuelo a Montevideo”.
Tras 54 horas de viaje “estábamos agotados, también desde el punto de vista emocional. Queríamos estar con los nuestros. Nos tomamos un taxi en Ezeiza y viajamos hasta el puente de Fray Bentos. Ahí estaba mi señora, que había ido con mi hija, a Carrasco y pudo volver a tiempo. Nos dejaron del otro lado, cruzamos caminando. Hicimos frontera, lo dejamos a Nicolás en Paysandú y llegamos a Salto”.