Hacia una nueva transformación

El gobierno nacional reafirmó su compromiso con las energías renovables, un área en la que nuestro país ha sido pionero en América Latina y ocupa, desde hace varios años, un lugar de relevancia en el concierto mundial.
Esta decisión debe interpretarse también en el contexto de la necesidad de potenciar la infraestructura actualmente existente y avanzar hacia el objetivo de descarbonizar totalmente la matriz energética, lo cual, se entiende, nos posicionaría muy bien para captar inversiones, especialmente del sector tecnológico.

En una carta del presidente Yamandú Orsi, leída en la apertura del XI Congreso Latam Renovables —que se desarrolla en Montevideo junto con el V Congreso del Consejo Mundial de Energía, Capítulo Uruguay—, el jefe de Estado reafirmó que la política desarrollada por Uruguay en la última década es un logro colectivo, fruto de un “gran acuerdo republicano”, y que representa un camino que el país debe continuar.

Actualmente, casi la totalidad de la energía eléctrica uruguaya se genera a partir de fuentes renovables, principalmente eólica, hidráulica, solar y de biomasa. A modo de ejemplo, cabe señalar que el año pasado se estableció un hito en la generación de energías renovables, alcanzándose un récord de producción anual cercano a los 15.000 GWh, de los cuales el 99 % provino de fuentes limpias, según lo informado por UTE. La principal contribución fue de origen hidráulico, que representó la mitad del total de electricidad generada, mientras que la energía eólica —proveniente de 40 parques distribuidos en todo el país— representó un 33 %.

Por su parte, la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, recordó que hace diez años se definió una hoja de ruta en materia energética y se optó por la generación a partir de fuentes renovables, con respeto por la soberanía y los derechos, en un escenario de amplios consensos.

Como es sabido, el avance de Uruguay hacia las energías renovables permitió la reconversión de su matriz energética, disminuyendo la dependencia de los hidrocarburos y mejorando el abastecimiento nacional. Asimismo, a través de cambios legislativos e incentivos al sector privado para la instalación de parques eólicos y solares —entre otras formas de energía sustentable—, se logró una gran transformación que complementa la tradicional generación hidráulica y permite la exportación de excedentes eléctricos a países vecinos.

Al referirse a la transformación de la matriz eléctrica y de telecomunicaciones, Cardona sostuvo que somos “un país que se anima a transformarse” y que “lo ejecutó y lo hizo bien”, agregando que se continuará en ese camino con nuevos objetivos hacia una segunda gran transformación: la descarbonización de la matriz energética. Esta definición implica la continuidad de una hoja de ruta que comenzó a marcar el gobierno anterior, cuyas autoridades ya en 2022 hablaban públicamente de compromisos hacia una segunda transición energética, basada principalmente en la sustitución de combustibles fósiles en el transporte —el sector que mayores emisiones de carbono genera en varios países—, migrando hacia vehículos eléctricos.

En paralelo, el Ministerio de Industria, Energía y Minería comenzó a impulsar la posibilidad de atraer inversores para la producción de hidrógeno verde, como una forma de descarbonizar a partir del elemento químico más abundante en el universo, abriendo nuevas alternativas para generar energía.

Respecto de esta nueva producción —que genera preocupación y rechazo por parte de grupos ambientalistas y algunos sectores de la población debido al uso de agua que requiere la industria del hidrógeno verde—, la actual administración plantea un escenario de continuidad y profundización, basado en lo que la ministra Cardona considera una evolución de las propuestas, con “reglas claras y colaboración sincera”, en un contexto donde el sector privado “va a seguir aportando iniciativa, innovación y capital”.
A comienzos de este año, en un desayuno de trabajo organizado por la Asociación Uruguaya de Energías Renovables, la ministra Cardona fijó claramente la meta de que Uruguay se convierta en un punto neurálgico regional en materia de energías renovables y avance hacia una nueva etapa que permita dar “un salto disruptivo, con valor agregado”.

Consideró que posicionarse como referente en energías limpias requiere también apoyo político multipartidario —como ocurrió durante la transformación de la matriz eléctrica en 2010—, para concretar y fortalecer una nueva política energética nacional que considere los aspectos económicos, sociales y ambientales.

Sostuvo que, en el pasado, Uruguay ha demostrado ser capaz de avanzar con esa triple mirada: “Redujimos nuestra dependencia de los fósiles, mejoramos nuestra balanza comercial […], generamos empleos calificados […] y mejoramos la resiliencia del sistema”, destacó. No obstante, señaló que ese es un ciclo que ya se cerró, y que ahora el país tiene “una ventana de oportunidad real para consolidarse como un hub energético regional y una plataforma de innovación sostenible. Pero esta ventana nos exige avanzar en la dirección adecuada y direccionar las políticas”. En base a ello, dijo que el gobierno tomará la “decisión soberana” de liderar una nueva transformación energética.

La verdad es que en eso estamos, y considerarlo es un asunto central para entender la necesidad de expandir la infraestructura renovable, avanzar en el liderazgo regional —y en las oportunidades que conlleva— y consolidarlo hacia el futuro, garantizando la sostenibilidad del sector.

“Queremos que la energía sirva para impulsar la industria, bajar los costos, abrir nuevos mercados, dinamizar economías regionales, crear empleo y atraer inversiones que apuesten por la calidad, la sostenibilidad y la equidad”, añadió la ministra en la mencionada reunión con la Asociación Uruguaya de Energías Renovables.

Considerar esta postura a la luz de las inversiones en hidrógeno verde implica no solo aprovechar la incorporación de sus derivados en la industria nacional, sino, sobre todo, atraer inversiones del exterior gracias a la buena performance uruguaya en energías renovables, así como a un marco legislativo favorable. En lo que respecta a la generación de energía propiamente dicha, se prevé un aumento sostenido de la demanda interna, así como también de las posibilidades de exportación. Ni qué hablar si se piensa en asegurar el abastecimiento para la instalación de emprendimientos tecnológicos como centros de datos u otros similares, que requieren alto consumo energético.

En definitiva, somos un país rico en viento, sol y agua, y debemos aspirar a ser igualmente ricos en conocimiento, tecnología y cadenas productivas sofisticadas, como ha señalado la ministra. El gran desafío está en lograrlo desde una perspectiva de soberanía energética, sostenibilidad futura y equidad social, con el necesario cuidado de nuestros recursos naturales. Elementos centrales que no pueden faltar en ninguna hoja de ruta del desarrollo energético nacional.