Bajo el lema “Uruguay en el mapa global”, la semana pasada se celebró el Día de la Exportación y, como es habitual, se llevó a cabo una celebración organizada por la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), con el Banco de la República (BROU). En ese ámbito, la presidenta de la UEU, economista Carmen Porteiro, hizo una presentación enfocada en la necesidad de que Uruguay avance en su inserción internacional, a pesar de lo complejo del contexto actual.
“Está de más decirles que estamos atravesando un momento de tensiones geopolíticas inéditas; podemos quedarnos en pensar en que es un mar de incertidumbre, o un mar de problemas, o también de posibilidades”, refirió.
Porteiro planteó que las tensiones geopolíticas están ocasionando fluctuaciones “en los precios de los commodities, en el tipo de cambio, en las cadenas de abastecimiento, en los costos y en la disponibilidad logística”, pero agregó que, a la vez, hay una “reconfiguración de cadenas de abastecimiento”. En ese marco, debido a diferentes incentivos, “tanto las empresas como los países están buscando nuevos aliados estratégicos y el mapa se está rediseñando”. Y sumado a ello, dijo, también aparecen temas sobre la mesa que hasta hace muy poco no lo estaban, como la seguridad alimentaria y la seguridad energética. También podemos agregar a la lista el aspecto ambiental, que para nuestro país es un activo y que involucra a los otros dos.
Para Porteiro, Uruguay está “más que nunca frente a una posibilidad enorme para abastecer al mundo con nuestros productos de agro de primera calidad”. Claro, no puede dejarse de mencionar que, a la misma vez, el mundo levanta cada vez más barreras arancelarias y no arancelarias que dificultan los flujos de comercio.
No viene al caso repasar los números concretos, pero planteó una serie de datos que marcan dificultades, como el incremento en los precios del petróleo, que tiene repercusiones inmediatas en los precios locales, y no solamente de los combustibles, porque como es sabido eso se traslada inmediatamente al flete y luego a los valores de los productos al público. Pero advirtió además sobre “niveles de PBI que se están corrigiendo a la baja para Uruguay, pero para el mundo también”, que ocasionan contracciones de la demanda, lo que terminará repercutiendo en las exportaciones. “Más allá de los stocks que haya hoy a nivel mundial, una contracción de la demanda claramente nos impactaría”. A ello se suma una posible corrección al alza de la inflación, aunque “por suerte, obviamente al ser un factor que se gestiona muchísimo, no una corrección tan elevada en Uruguay como en el resto del mundo”.
Luego Porteiro presentó algunos gráficos en los que mostraba el PBI per cápita, en paridad de poder de compra, medido en dólares. El primero mostraba a Uruguay despegándose del resto de América Latina desde una situación de relativa cercanía al inicio de los años ‘80. En otro cuadro posterior, la comparación fue de Uruguay contra economías hoy más avanzadas, pero que en esa misma época de partida se encontraban en un estadio semejante. “¿Y qué tenemos? Un Singapur que se despega, Irlanda que se despega, Australia que se despega, Nueva Zelanda que se despega. Ahí Uruguay está bastante abajo, junto con Costa Rica”. A qué viene esto: a que nuestro país ha venido creciendo en forma relativamente sostenida —si obviamos las crisis— pero a tasas muy bajas. “Y que tenemos que poner una mirada un poco más larga y compararnos con aquellos países que han hecho un destaque y que han logrado unas tasas de crecimiento a las que nosotros quisiéramos aspirar. ¿Por qué queremos aspirar a esto? Porque todos buscamos lo mismo. Todos los que estamos acá estamos buscando generar crecimiento para nuestras compañías, pero también el derrame de todo eso en la economía y el crecimiento del Uruguay en su conjunto para poder sostener y mejorar nuestros niveles de vida”, resumió.
Para los exportadores, el acceso a mercados, la inteligencia comercial y la agenda de inversiones son imprescindibles para dar el salto. Y a modo de ejemplo, Porteiro mencionó lo acontecido en los últimos meses en torno a la activación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que repercutió con gran entusiasmo en las cámaras empresariales. “Imaginemos lo que podríamos generar, más allá de los números, hasta en el clima general de contagio y de entusiasmo de poder abrir puertas al mundo”, dijo. Y no se trata solamente de una reducción arancelaria sino de estar en la cancha y poder concretar negocios, aprender a identificar las oportunidades.
Porque exportadores los hay de todos los tamaños y oportunidades debería haber para todos ellos; solo que en algunos se requerirá de apoyos para mostrarse en ferias y llegar a nuevos clientes, por ejemplo, o de acompañamiento para dar los pasos que se necesiten. Instrumentos ya hay; quizás se necesite afinar un poco el lápiz. “El acceso al mercado tiene que ir de la mano de la inteligencia comercial y también de una agenda de inversiones”, dijo. Y no podía faltar la alusión a un gran debe que tiene Uruguay: el costo país, “un tema que puede favorecer o limitar la competitividad” y que es, a decir de Porteiro, multifactorial. El costo del financiamiento, el tipo de cambio, el peso fiscal, los problemas logísticos —”un día menos de demora genera 1% más de comercio, estimó”— que afectan la conectividad. Y a ello hay que sumarle el nuevo desafío de subirse a la ola de la inteligencia artificial, que está llamada a marcar un diferencial en la productividad y la eficiencia y que es, de nuevo, una amenaza o una oportunidad, según con qué pie elijamos entrar a la cancha.
Porteiro agregó un último factor: el de la conflictividad. Hoy mismo, sin ir más lejos, hay un paro del Pit Cnt; el lunes tuvimos enlentecimientos generales por el paro del transporte; operar en el puerto de Montevideo el año pasado fue un calvario, fruto de los constantes paros y cortes. Está bien que nos jactemos de la estabilidad jurídica y de la solidez de la democracia uruguaya, pero si a ello no le sumamos una cuota de responsabilidad —que no quiere decir que no se proteste o se reclame por los derechos conquistados—, siempre va a seguir siendo difícil atraer inversores y hacer que las cosas se muevan.
Habría que analizar qué transformaciones y qué virtudes tuvieron las políticas en Irlanda, Singapur, Australia o, especialmente, Nueva Zelanda, que tiene varias similitudes con Uruguay. Pero, de cualquier manera, lo que no se hizo ya no se hizo, y el terreno que se perdió con respecto a ellos difícilmente se recupere sino en varias generaciones, y solo si se avanza en la dirección correcta.
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