Por razones de organización de las redacciones, cuando este artículo llegue a sus manos —a sus ojos— ya tendremos claro qué suerte corrió la celeste, pero en momentos en que se está escribiendo no está disponible esa información: todavía faltan unas 24 horas para el comienzo del partido. Así que puede que esté sumido en un enorme entusiasmo, si es que hemos obtenido la clasificación a la segunda fase del Mundial, o que por el contrario esté inmerso en una marejada de reacciones como consecuencia de la prematura eliminación.
Pero el tema en el que deseamos poner foco hoy es muy otro que el fútbol: es un muy interesante artículo firmado por Indermit Gill, el economista jefe del Banco Mundial, quien por un lado plantea un escenario muy sombrío para la economía mundial —no debería sorprender a nadie este análisis a estas alturas— y una serie de tendencias que podrían habilitar un futuro alentador para las economías en desarrollo, a partir del informe Perspectivas Económicas Mundiales del Grupo Banco Mundial.
El título del artículo es “Tres tendencias que podrían abrir paso a una década dorada para las economías en desarrollo” y la frase inicial es de esas que merecen ganarse un lugar en la memoria. “Salvo que ocurra un milagro, la década de 2020 será exactamente lo que presagiaba su ominoso comienzo: una década perdida, no solo para un par de casos atípicos, sino para decenas de economías en desarrollo”. Y es que sí, desde ese año el mundo no ha parado de ir de mala noticia en mala noticia, entre enfermedades y guerras. Gill señala que es “uno de los períodos más intensos de crisis mundiales desde los años setenta”, en el que casi la mitad de las economías en desarrollo no ha logrado avanzar desde 2019 “en el cumplimiento de la promesa más básica del desarrollo: reducir la brecha de ingresos con las economías más prósperas del mundo”, y pronostica que “para ver la luz al final del túnel, habría que esperar a la década de 2030”.
Claro, para ello faltan todavía cuatro años, y de lo que ocurra en este lapso dependerá en buena medida la suerte de la economía mundial en la década que viene. Pero adentrémonos en el análisis de Gill, para quien ese nuevo decenio, que está a un paso, “ofrece una oportunidad histórica que el mundo no puede permitirse desperdiciar”.
Las pérdidas de la década de 2020 han sido devastadoras —y todavía quedan cuatro años—. Para este año la previsión es que el crecimiento mundial caiga a su ritmo más bajo en casi 20 años: un exiguo 2,5%. “Para fines de 2026, una cuarta parte de las economías en desarrollo, un tercio de las economías de ingreso bajo y la mitad de las economías frágiles y afectadas por conflictos serán más pobres de lo que eran en 2019 en vísperas de la pandemia de COVID-19. Entre las 24 economías más pobres, 19 aún dependen de la asistencia extranjera para abastecerse de alimentos”. Para colmo de males, “el mundo rara vez ha estado tan poco dispuesto a mostrar un espíritu altruista como hoy en día”. Agrega Gill que la deuda pública de las economías en desarrollo subió a máximos históricos, y en contrapartida el crecimiento de la inversión privada en la década se desplomó a menos de la mitad en comparación con la de 2010.
Pero en su análisis el experto refiere a tres faros de esperanza que, de aquí a 2030, podrían sentar las bases para empezar a revertir la situación y convertir a la década por venir en “una era dorada para la creación de empleo y el crecimiento”.
Abre esta lista “la rápida adopción de la inteligencia artificial (IA) que, incluso si no llega a estar a la altura de las expectativas, impulsaría las tasas de productividad mundial por encima del promedio muy bajo de la década de 2020, según la mayoría de los análisis”. Agrega que las previsiones de los expertos del grupo son que si esas herramientas “se gestionan con acierto y se maximiza su potencial transformador”, el crecimiento mundial podría superar el registrado en la década de 2000. “En pocas palabras, la IA abriría paso a la década más próspera del mundo desde los años setenta”.
El segundo de estos faros que identificó el informe de tendencias es la seguridad energética, un aspecto que ha tenido grandes avances en nuestro país y que es realmente una oportunidad para la economía uruguaya, pero que en el mundo ha sido la causa de los dos grandes conflictos bélicos del decenio: las guerras en Ucrania e Irán.
“En la actualidad, la energía limpia representa dos tercios de todas las inversiones mundiales en energía. En 2025, la inversión global en energía limpia alcanzó un récord histórico de U$S 2,2 billones, superando con creces a los combustibles fósiles. En los últimos cinco años, la mayor parte del aumento del gasto en energía limpia —hasta el 70%— puede atribuirse a los importadores netos de combustibles fósiles que buscan reforzar su seguridad energética”. De esta forma, la energía limpia es una prioridad para el desarrollo mundial y podría impulsar el crecimiento económico en las economías en desarrollo “mediante la creación de empleos, la ampliación del acceso a energía asequible y el aumento de la resiliencia ante futuras conmociones”.
El tercero de los faros es el comercio regional, en un escenario en el que la globalización ha “perdido su lustre en algunas partes del mundo”, y el comercio regional está en alza, con un número de acuerdos en aumento que pasó de poco más de 300 en 2020 a casi 400 en la actualidad, representando el 60% del comercio mundial frente al 40% que era en 1990. Aunque parezca sencillo de sintetizar, el analista del Banco Mundial advierte que “materializar estos focos de oportunidades no será tarea fácil”. Cada uno de ellos enfrenta una serie de desafíos que dependerán de que las economías en desarrollo dispongan de las herramientas y del conocimiento necesarios, justamente este último un bien escaso y con poca predisposición a ser compartido por quienes lo poseen.


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