Con la llegada de las bajas temperaturas, un grupo de vecinos volvió a poner en marcha una iniciativa solidaria que busca aliviar, aunque sea en algo, la difícil realidad que atraviesan decenas de personas en Paysandú. Todos los miércoles, entre las 18.30 y las 20.30, en la placita ubicada en Vizconde de Mauá y avenida Salto, reparten unas 300 porciones de comida caliente destinadas a personas en situación de calle, madres con niños y adultos mayores que atraviesan dificultades económicas.
La propuesta es impulsada por voluntarios que trabajan únicamente con donaciones y el esfuerzo de quienes destinan parte de su tiempo libre a cocinar y repartir alimentos. Quienes concurren solo deben llevar un recipiente para retirar la comida.
Antonella García, una de las referentes de la movida, recordó que el proyecto comenzó el 3 de julio del año pasado y que este invierno retomaron el pasado 15 de julio. “Al igual que el año pasado contamos con 300 porciones para distribuir. La idea es estar durante el invierno repartiendo comida a la población que vive en la calle, madres con niños y adultos mayores”, explicó.
La organización se sostiene gracias a las redes sociales, donde solicitan donaciones de alimentos, ropa y otros insumos. Luego de la entrega en la plaza, los voluntarios recorren distintos puntos de la ciudad para acercar comida a personas que no pueden trasladarse o que permanecen en lugares donde pasan la noche.
Para García, uno de los aspectos más preocupantes es que la situación social no ha mostrado mejoras respecto al invierno anterior. “Desde el año pasado a este no hay mucha diferencia. Hay muchas personas en una situación vulnerable y complicada con el tema de la comida. Uruguay está muy caro para vivir con un sueldo mínimo, y hay gente que tiene incluso menos que eso. Nosotros intentamos que, al menos por un día, puedan pasar un poco mejor”.
La voluntaria reconoció que les gustaría poder cocinar todos los días, pero las obligaciones laborales de quienes integran el grupo y el costo de los insumos hacen imposible sostener una frecuencia mayor.
LA SOLIDARIDAD TAMBIÉN ALIMENTA
A pesar de las dificultades, destacó la enorme respuesta que han encontrado entre vecinos, comerciantes y personas que colaboran de forma desinteresada. “La gente se pone la camiseta y nos ayuda. Hay quienes prestan las ollas, otros colaboran cocinando, hacen el reparto o acercan donaciones. Incluso hoy recibimos la noticia de que nos regalaron una olla grande, que era algo que nos hacía mucha falta”, dijo.
Además de la comida, el grupo recibe y distribuye ropa para quienes la necesitan: “Tratamos de cubrir todas las áreas posibles. No es solo la comida; también hay personas que necesitan abrigo y ropa. Intentamos hacerles un poco más liviana la situación”.
Entre las principales dificultades mencionó la escasez de algunos productos esenciales, especialmente carne y pan, además de frutas para complementar las viandas. “Conseguimos verduras, fideos y otros insumos, pero siempre cuesta más la carne. Tampoco queremos pedirle siempre a las mismas personas, porque sabemos que la situación económica está complicada para todos”, señaló la joven.
También lamentó que muchas personas ni siquiera cuenten con un recipiente para retirar la comida. “Hay gente que no tiene un táper para llevar la comida. Son situaciones que realmente conmueven”.
ENTRE LA EMOCIÓN Y LA TRISTEZA
Cada miércoles las dos grandes ollas regresan vacías, pero para los voluntarios eso representa sentimientos encontrados. “Nos emociona porque no queda comida para tirar, pero también nos invade la melancolía porque sabemos que esas 300 porciones fueron para personas que realmente la están pasando mal, que muchas veces no tienen cómo cocinar o directamente no tienen qué comer”.
La mayoría de quienes concurren son adultos mayores, familias con niños y personas en situación de calle, muchas de ellas instaladas en espacios ocultos de la ciudad. “Tratamos de avisarles cuando está pronta la olla para que se acerquen. También, si conseguimos pan o fruta, buscamos que la comida sea un poco más completa”, agregó.
García agradeció especialmente a quienes colaboran de manera constante y sostuvo que esa red de apoyo permite mantener viva la iniciativa. “Estoy muy agradecida con todas las personas que nos apoyan. Hay mucha gente que aparece solamente para dar una mano, de corazón. Eso vale muchísimo. Es muy fácil mirar para otro lado e ignorar la realidad, pero por suerte también hay muchas personas que eligen involucrarse”, manifestó.
Actualmente, el grupo necesita especialmente pan, frutas, carne, alguna olla de gran capacidad y ropa, además de donaciones de alimentos no perecederos para continuar con las jornadas solidarias durante todo el invierno.
Cada miércoles, entre las 18.30 y las 20.30, la plazoleta de Vizconde de Mauá y avenida Salto se convierte en un punto de encuentro donde la solidaridad intenta tender un puente frente a una realidad que golpea cada vez a más sanduceros.


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