Hay preguntas que pueden ser extrañas porque pocas veces se formulan. La mayor parte del tiempo podemos estar viviendo en piloto automático sin darnos cuenta que transcurrió el día. Hay personas que se levantan en la mañana cansadas antes de que el día haya comenzado.
Son las que trabajan, cumplen, responden mensajes, llevan sus hijos a estudiar, tienen vínculos, pagan sus cuentas, intentan llegar y cumplir con todo. Desde afuera viven, se los ve viviendo.
Aunque podría aparecer en ellos una pregunta movilizadora: ¿esto que estoy haciendo realmente es la vida que quiero?
No siempre sabemos responder, a veces porque se puede estar demasiado ocupado en sobrevivir o porque llevamos tantos años haciendo lo que se esperaba de nosotros que dejamos de preguntarnos qué es lo que realmente deseamos.
Vivir intentando que nada duela
Existen personas que evitan determinadas conversaciones, temas, relaciones, lugares, decisiones. Se preocupan por exceso, controlan, se exigen, se aíslan o buscan desesperadamente sentirse bien. Y cuando más intentan eliminar todo lo que les genera malestar, más espacio ocupa.
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) se explica que muchas veces el problema no está en sentir dolor, sino en quedar atrapados en una especie de lucha permanente con lo que está sucediendo en la experiencia.
El “ Hay que” como forma de vivir
Existe esta forma de vivir donde muchas veces se hace lo que corresponde. Hay que trabajar, hay que progresar, hay que casarse y tener hijos, hay que tener éxito, hay que ser fuerte. Hay que agradar, hay que demostrar que podemos, y si es con todo mejor.
El problema no es ninguna de esas cosas en sí mismas, lo que sería un problema es cuando es impuesto y dejamos de elegirlo. Encontrar el para qué, el sentido que se vuelve la oportunidad de elección.
Te invito estimado lector a que te formules esta pregunta: ¿cuántas decisiones de tu vida nacieron o nacen de un deseo y cuántas nacieron o nacen del miedo a decepcionar?
Es una pregunta que si se realiza de manera sincera se siente por dentro.
Vivir en automático cansa
Podemos acostumbrarnos tanto a funcionar de esta manera que se deja de experimentar: comemos sin saborear, escuchamos pensando en otra cosa, estamos con alguien mirando el celular sin sentir o ver realmente la presencia del otro. Estar vivo y sentirse vivo no siempre son la misma cosa.
Vivir la vida de manera más consciente no es hacer que el dolor o el miedo desaparezca, a veces es preguntarnos hacia dónde va mi vida aún sintiéndome sin tanta preparación para comenzar un proyecto, aún resolviendo los problemas, porque siempre está el poder de elegir cuando no nos gobiernan los automatismos de las reacciones emocionales o los pensamientos repetitivos que se toman como “verdad”.
La buena noticia es que la conciencia se entrena para que los automatismos no gobiernen nuestra vida. Tu vida.
(097352937)



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